Las Provincias

Ébano y marfil

Una ciudad es un piano interminable, un infinito teclado de blancas y negras con el que hay que hacer cada mañana el milagro de la armonía. Cuando los alcaldes quieren tocar todas las teclas, cuando se empeñan en recordarlo todo y que todo suene en un discurso global, corren el peligro de no profundizar en nada, de no hacerse escuchar bien.

Hace ya un montón de años, Paul McCartney -doctor honoris causa por la Politécnica-, dedicó una canción al ébano y al marfil de unas teclas obligadas a sonar y vivir juntas. Joan Ribó trabaja, sobre todo, para hacer entender que el teclado municipal valenciano está afinado sobre una nueva estructura moral: el Gobierno de la Nau. Hablan y presiden en trío, se asisten y complementan como un coro gregoriano. Asistenciales y democráticos, sostenibles y equitativos, se presentan casi apolíticos, como una oenegé ubicada temporalmente en una estructura ciudadana lastimada por un terremoto.

En apariencia no hay partidos. No se habla de socialismo o nacionalismo. La suma de tres parlamentos es un discurso ético, de una nueva ejemplaridad, que castiga al Partido Popular con una condena ciudadana de la que ellos son portadores ungidos: los limpios, los impecables, estamos gestionando una ciudad antigua que había caído en manos de la corrupción. Libertadores, hemos llegado como un equipo de reanimación, como una ambulancia con UVI. Y lo curioso -dicen incluso sorprendidos-, es que lo estamos haciendo razonablemente bien.

Ébano y marfil. Todas las teclas no siempre suenan bien. Los vecinos, las entidades, la calle desnuda, ve acercarse el ecuador de la legislatura y echa en falta, también, ser bautizados con cemento. Obras son amores. El alcalde, más allá del Museo del Mar, no presentó más seducciones que la de la Capital de la Alimentación. Abrir las puertas a la participación deja entrar la exigencia de quienes ya han entendido el cambio moral y buscan que el dinero empiece a fluir para evidenciar que es el que de verdad transforma las ciudades. Sobre las proposiciones salvadoras, la gente sencilla empieza a reclamar que las piedras se conviertan en pan.

En la segunda mitad de la legislatura no va a ser fácil protegerse tras el uniforme de reanimador de la UVI. Haga lo que haga el PP, en la calle va a calar, antes o después, la idea de que Rita Barberá, entre 1995 y 2007 transformó su Valencia, como el marqués de Sotelo y Rincón de Arellano transformaron las suyas. Historia y memoria. La ciudad de las teclas inacabables es otra desde 2015: con otras exigencias, necesita muchos más proyectos y seducciones. Necesita, sobre todo, más allá del discurso moral, por encima de la ejemplaridad de los intocables y el halo de los trasparentes, que haya más dinero. Que se siga haciendo verdad el diario milagro-mentira de las teclas blancas: impuestos que no suben e inversiones que crecen.