Las Provincias

Disparate

El día después de la derrota en San Mamés, mi compañero Pablo Salazar, en un arrebato de lucidez, me regaló una reflexión: «El Valencia está en estado de descomposición». La frase envolvió la realidad manifiesta. La (in)cultura de club ha atropellado a una entidad casi centenaria que vaga sin objetivos. Las decisiones más trascendentales se toman en Singapur desde la base del que ignora lo que es un club de fútbol. A Lim no se le puede negar que es el único que ha puesto dinero -194 millones de euros- mientras la sociedad valenciana alarga sus reuniones para confabular sin alternativa posible. Bufas de pato. En lo deportivo, el dueño es un desastre. El Valencia se ha convertido en un despropósito ridículo.

Mientras en Asia se ejecuta, en la ciudad las estructuras del club se han convertido en meros figurantes de un monólogo singapurés. Lim escucha a Mendes por encima de todas las cosas, como no puede ser de otra manera. Y más ahora que la primera decisión importante alejada del luso no ha soportado ni la cacareada paciencia asiática.

Con el despido de Ayestarán, el magnate de Singapur ha levantado un dique de contención que rodea al palco. Alguien le habrá hecho ver que era una solución de urgencia ante el Alavés para evitar la música coral de Mestalla, que ya ha agotado su margen de confianza en las decisiones de un dueño que aterrizó en en olor de multitudes. Aquellas utópicas promesas hoy son los lodos de Meriton. Lim lo único que hará será alargar la agonía si no cambia de mentalidad.

Entre tanto disparate, el club como entidad se desmembra. Prolifera el no sabe/no contesta y la improvisación es el manual con el que se despierta cada día. Que no se apuren los de Meriton porque casi ya no hay ánimo de exhibir el descontento. A Mestalla casi ya no le quedan ganas. Ni siquiera de pitar. La indiferencia es la peor de las muertes.