Las Provincias

Un cuento

Había una vez un reino, no muy lejos de aquí, reino que estaba muy nutrido de políticos, entre los que estaban mezclados algunos politicastros, y todos ellos, todos, mentían, se insultaban y prometían el oro y el moro a sus gobernables, con lo que, unos por otros, la casa sin barrer. Tenían, todos ellos su espejito mágico al que cada mañana preguntaban: «Dime, espejito mágico, ¿quién es el político más coherente del reino?» y el espejito les contestaba: «Tú, amito, eres el más coherente». «Pero ¿n o me dirás mañana que es Blancanieves?». «No, amito, Blancanieves es de otro cuento, estamos en el tuyo, que bastante cuento tienes». «Pero, dime, espejito, qué es eso de la coherencia?». «La palabra coherencia viene del latín: cohaerentia de cohaerere = estás pegado». «Y dime, espejito ¿A qué estoy pegado yo?». «Estás pegado, amito, a un escaño, pero ojo, que sea un escaño granate, que los escaños azules se pierden a los cuatro años, solo los granarte son para toda la vida».

Cuentan las crónicas de aquel reino que los miembros de su academia de la lengua cambiaron el significado del palabro coherente para dar gusto a sus usuarios, no fuera a ser que los cultos políticos les arrebataran su sillón en lo que se llamaba en aquel país la RAE.