Las Provincias

La amenaza

Nos puede caer esa breva maligna, madurada en Bruselas. La ínsula ibérica está dispuesta a degustarla en el menú del día, ya que los países pobres no pueden comer a la carta. El 'maître', que preside la Unión Europea, Jean- Claude Juncker, es partidario de aplicar una primera sanción, a la que seguirán otras, si el Gobierno en funciones sigue sin funcionar. Ya sabemos que los compromisos adquiridos están hechos para dos cosas: para cumplirlos o para dejarlos de cumplir si prometemos su aplazamiento y los acreedores nos creen. Lo que está mal es que nos amenacen. Deben comprender que estamos muy atareados intentando equiparar a los trabajadores temporales con los fijos, que quedan pocos, pero que aún quedan. La dama de los ojos vendados ha abierto uno y propone indemnizar a todos por igual, socorriendo con 20 días por año trabajado a los que trabajaron y a los que lo dedicaron a buscar trabajo. La Justicia es de linaje divino, pero quienes la aplican no siempre son humanos. Por eso el fantasmagórico Gobierno, cuya ausencia se ha convertido en una costumbre, ha encargado un informe. Se trata de analizar el alcance del fallo. La pedrada de la UE a algunos les va a dar en la cabeza, como a la mujer adúltera que trabaja de extra en la Biblia, y a otros les pasará rozando. El peligro es que suspendan fondos para todos.

En el Artículo Primero de la Declaración de Derechos Humanos se dice que «las distinciones sociales no pueden basarse más que en la utilidad común». Llevamos mucho tiempo hablando de igualdad, casi el mismo que empleamos en competir por ver quién llega más lejos para diferenciarse. Montaigne, que da la impresión de que tenía más talento que el señor Juncker, opinaba que aunque naciéramos todos en la igualdad más absoluta no sabríamos permanecer mucho rato en ella. Cuando un jorobado grita pidiendo igualdad siempre hay alguien que piensa que lo que de verdad desea es jorobarnos a todos, pero no es cierto. Le pesa el mundo más que a otros.