Las Provincias

Espesito

Hay días en que uno no está para andar por ahí. Mejor quedarse en la cama. Todo sale mal y no hay manera de dar una a derechas. Crees que todo va normal, como siempre. Has seguido las rutinas habituales, desayunado tu café con leche, mojado el croissant, leído el diario... Sin embargo, no se sabe por qué razón, el día se te tuerce. Lo presientes al salir de casa. «Hoy no nos va a salir una», rumias para tus adentros. Como el Levante en Córdoba. Lo que antes eran pases fáciles, se te quedan cortos. Lo que ya te brotaba casi por costumbre, sin pensar, ahora no hay manera de atinar.

Por mucho que uno lo intente, nada sale bien. Y más si te tienden una emboscada blanquiverde en el medio del campo. Entonces solo te toca responder como la famosa anécdota del dramaturgo Samuel Beckett que, ante la pregunta de un viandante emocionado sobre si en efecto él era Beckett, contestó «a veces».

¿El equipo del Nuevo Arcángel del sábado era el Levante? A veces. Solo unas pocas veces, puntualizaría. Aquello era más bien, como comentaba el gran Rafa Ferraro, un Levante «espesito». Pero, al igual que Blancanieves, todavía podemos preguntarnos con satisfacción «espesito, espesito mágico, ¿quién es el líder de Segunda?». Entonces todo queda disculpado. Un mal día lo tiene cualquiera. El de Córdoba fue uno de esos partidos que en cuanto el árbitro pita el inicio preguntas ¿cuánto falta para irnos? Un día en que podíamos citar a Rudyard Kipling: «Si en la lucha el destino te derriba. Si todo en tu camino es cuesta arriba. Si tu sonrisa es ansia insatisfecha. Si hay faena excesiva y mala cosecha. Si a tu caudal se contraponen diques, date una tregua. ¡Pero no claudiques!». Y no lo hicieron. Mañana es la ocasión de resarcirse de la derrota frente al filial sevillista en el Ciutat y retomar las buenas sensaciones.

Permítanme la osadía, llegados a este punto, de hacer una referencia al vecino. Incluso en un asunto puramente doméstico como es una crisis global de esa entidad, todos los valencianos nos sentimos ligeramente concernidos, a semejanza de los entierros en los que nadie nos da vela, y nos metemos a opinar como si fuésemos el finado. Los blancos, como Bruce Willis en El sexto sentido, todavía no se han enterado que, desde su venta a Lim, están muertos. Solo unos pocos en Mestalla empiezan a percatarse de su situación extrema. Todos sabemos que la muerte tiene mala solución por mucho que se intente revivir destituyendo entrenadores o fichando nuevos jugadores-parche. Se lo dice alguien del Levante. Pero no me hagan caso. Me gusta exagerar. En según qué casos, es el único modo de aproximarse a la verdad con algo de rigor.