Las Provincias

Buenos días, tristeza

  • Entiendo que el hiyab puede ser un símbolo cultural pero también pienso que si esto le ocurriese a una novicia con toca nadie la defendería

La demagogia sustituye también a la justicia, sin remedio. Los demagogos y las demagogas señalan enemigos del pueblo y luego los persiguen como al Toro de la Vega por tierra, radio y televisión, al gusto de la muchedumbre. Mientras los jueces, que buscan a su ritmo culpas y no culpables, poco pueden hacer por el reo expuesto en la picota demagógica, condicionados ellos mismos por una tormenta de titulares sensacionalistas. Que reviente la casta, pero que reviente en mi programa. Los opositores a la carrera judicial harían mejor llegando a contertulios, ya que es en los platós de algunas cadenas donde tendrán oportunidad de juzgar, condenar y ejecutar sentencias de las que arruinan la vida de verdad. La gran lanzada a moro muerto se ha convertido en prueba de pureza de sangre renovadora. Si insultas a quien lleva el inquisitorial sambenito de turno y ya ni sale de casa es que eres un verdadero regenerador de la ‘vieja política’. Aceptamos que la justicia se convierta en un circo romano. Buenos días, tristeza.

El próximo que lo pasará mal es el director del Instituto Benlliure. ¡La que le va a caer! En aplicación de las normas internas que impiden a los alumnos llevar la cabeza cubierta, ha exigido a una joven musulmana que no use en clase el hiyab o pañuelo que deja sólo el rostro al descubierto. Esa regla busca evitar estudiantes con gorras y sombreros cuando el profesor enseña. «Se trata de cumplir un reglamento interno, no de ir contra ninguna religión», explica el hombre. Da igual, no habrá debate, lo lincharán. Si no rectifica acabará denunciado ante la fiscalía. ¡Islamofóbia!, decretan los demagogos y las demagogas y ya no cabe discusión. Si hubiera retirado un crucifijo o impedido a un cura explicar filosofía le aplaudirían, a lo mejor hasta lo nombraban algo del Botanic, pero pedir a una musulmana que respete la disciplina en una escuela pública, ¡eso!, resulta intolerable. Entiendo que el hiyab puede ser un símbolo cultural pero también pienso que si esto le ocurriese a una novicia con toca nadie la defendería.

En nombre del laicismo se prohíben belenes y villancicos, incluso se cambian Reyes Magos por venus republicanas, y que no rechiste el Arzobispo que lo empapelan, pero aplicar esa misma normativa escolar, cuando supone soslayar un signo externo musulmán, es otra cosa, constituye una clara discriminación. Curioso baremo. «Hay que ser cuidadosos con la libertad religiosa», ha dicho Oltra. Ya, ¿y si la siguiente niña viene bajo un burka?

Los demagogos y las demagogas imponen su política de savonarolas populistas. Sin alguien a quien quemar en la plaza no tienen nada que aportar. Sólo cuentan con la guillotina, carecen de ideas originales y sus proyectos resultan desconocidos. Asolarán el país pero antes sus listas negras, delaciones e insidias, nos habrán envilecido a todos.