15.000 SILLAS VACÍAS

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

El pasado domingo acudieron a Mestalla 35.565 espectadores. O lo que es lo mismo, se quedaron 15.000 sillas vacías. En un partido ante el Real Betis, que aspira a puesto europeo, y con un Valencia a un paso de clasificarse para la Liga de Campeones. Hace años el aficionado se pegaba por acudir al coliseo valencianista. Tener un pase era acariciar un tesoro. Incluso se hablaba de una lista de espera que nunca salió a la luz para disponer de un abono de temporada. La imagen que ofrece la tribuna de Mestalla es un síntoma claro de la arritmia que padece el fútbol en España. La cifra oficial de asistentes al viejo campo valencianista, aliñada con los seguidores béticos que acudieron a apoyar a su equipo, es menor que la masa social del Valencia, que en muchos casos prefirió quedarse en casa la tarde noche del domingo y ver el partido, si es que lo vio, a través del televisor en el sofá del salón. Los clubes se han entregado al dinero de las plataformas de televisión, que ya empiezan a dudar de la rentabilidad de las retransmisiones deportivas. Vodafone ya ha hecho saltar la liebre. La burbuja engorda y llegará un día que explotará. Los clubes se quedarán sin dinero y sin aficionados. En el Valencia manda la televisión de pago, la que cubre los fracasos deportivos y la nefasta gestión de alguno de los dirigentes de despacho y de banquillo. La auditoría de las cuentas valencianistas radiografía sin dobleces la realidad económica de la entidad de Mestalla. Los derechos televisivos minimizan la caída del resto de los ingresos. El aficionado amenaza con dejar de ir al fútbol. Los clubes apuestan cada vez más por contenido enlatados, por la fuerza de las redes sociales con argumentos triviales y frívolos, y por considerar a los aficionados como meros figurantes de un negocio llamado fútbol que pretenden alejar del sentimiento. Un porcentaje muy importante de la grada del Ciutat de València es de mentiras. Presuntos aficionados granotas sin tradición que acuden a los partidos porque han comprado un abono a precio regalado sino gratis en muchos casos. Al equipo que preside Quico Catalán le solventa el presupuesto el dinero de la televisión y los estrambóticos acuerdos con Arabia Saudí. El Valencia, por mucho que se empeñe Mateo Alemany, tuvo que claudicar con los precios de la Copa del Rey ante el Barcelona para tapar el cemento que se avecinaba en las taquillas. El aficionado es un pagano pero no es idiota. Ahora, para que el tiro de cámara ofrezca una imagen saludable a nivel social, se ha puesto en marcha una campaña agresiva para que Mestalla ofrezca una fotografía aceptable ante el Alavés el 17 de marzo. Antes, el fútbol en Fallas era parte de la fiesta. Hoy en día huele a suplicio. Cada vez hay más asientos vacíos en los tiempos del fútbol moderno. La peste del fútbol.

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