CÓMO NACIÓ LAS ARENAS

TEODORO LLORENTE FALCÓ

LA VALENCIA DE HACE UN SIGLO

El balneario de 'Las Arenas', si no ha cumplido los cincuenta años de vida no le andará muy lejos. El articulista no ha querido entretenerse en acotar la fecha, pero recuerda que se hallaba en plena juventud cuando se inauguró.

·Este artículo pertenece a las Memorias de un setentón, una recopilación de evocaciones publicadas entre 1943 y 1948 por Teodoro Llorente Falcó, segundo director de LAS PROVINCIAS

Nació 'Las Arenas' de una frívola conversación en el casino de Agricultura de Valencia, cuando esta entidad tenía su casa social en el palacio de la plaza del conde de Mirasol, que hoy ocupa el colegio que dirigen los padres maristas. Un grupo de socios, entre sorbo y sorbo de café, hablaba de los grandes establecimientos balnearios del extranjero y de algunos, muy contados, del Norte de España, y lo abandonado que esto se hallaba en Valencia.

Formaba parte de este grupo don Antonio Zarranz, un cincuentón, pulquérrimo en el vestir, de ademanes distinguidos, buen conversador, el cual, no muchos años antes, había casado con una señorita también perteneciente a familia de rancia alcurnia valenciana. Uno de los interlocutores exclamó de pronto:

-¿Y por qué no intentar en Valencia algo parecido a lo que se hace en el extranjero?

-Si hay alguien que me ayude - prorrumpió entonces el señor Zarranz-, hecho.

Al año siguiente se abría 'Las Arenas' bajo la dirección de don Antonio Zarranz y con el concurso de dos o tres compañeros de aquel grupo de socios de la Agricultura, los cuales no tardaron en cansarse de la aventura y dejaban solo a su amigo, a quien ya no le arredró la empresa.

El primitivo establecimiento, comparado con el actual, era muy rudimentario, pero suponía una gran mejora. En esta playa, por todo confort, no tenía el bañista más que las antiguas 'barraquetes', construidas con tablones, cañas y lona, y para llegar a ellas había de recurrirse a las ligeras tartanas de cortinillas rojas. Allí no llegaba aún el tranvía.

En estas circunstancias abríase 'Las Arenas', un amplio pabellón de madera, a pocos metros del mar, con vallas de tablones que lo cerraban por ambos lados, y con muchas sillas de enea y algunos 'panerots' en la faja de playa comprendida entre el pabellón y el mar.

Todos los jueves y domingos, por la tarde, había concierto. No tardó aquel amenísimo sitio en constituir el centro de la elegancia de Valencia. A la puerta del establecimiento se acumulaba aquellas tardes un centenar o más de coches de lujo, y en su playa se formaban pequeñas tertulias que eran un verdadero encanto, porque constituían motivo, en aquellos tiempos en que el contacto social de la juventud de ambos sexos no era frecuente, para reunirse y tratarse.

Si don Antonio Zarranz levantase la cabeza y viera 'Las Arenas' de hoy, ¡cuánta no sería su satisfacción! ¡Y cuán estrechamente abrazaría a su hijo, al ver trocada su modesta empresa en la que se ha desenvuelto hoy!

Fotos

Vídeos