México confirma que los huesos hallados son de la valenciana desaparecida

Raquel, la hermana de Pilar, ayer durante la rueda de prensa en Massalavés. / Efe
Raquel, la hermana de Pilar, ayer durante la rueda de prensa en Massalavés. / Efe

La madre viaja al país americano para repatriar los restos y la policía sigue tratando de esclarecer el homicidio

ARTURO CHECAValencia

«La Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas informa que, después de realizar exhaustivos análisis de laboratorio, se dictaminó que los restos óseos localizados en un paraje cercano a la carretera Soto La Marina/Ciudad Victoria sí corresponden a la ciudadana española María del Pilar Garrido Santamans. Esta mañana, familiares de la señora Garrido y representantes del Gobierno español fueron notificados del resultado de los estudios». Con estas frías líneas de un escueto comunicado, las autoridades mexicanas confirmaban el peor desenlace de la desaparición de la joven valenciana de Massalavés. «No puede ser ella, no puede ser ella», aseguraba sólo unas horas antes en conversación con LAS PROVINCIAS Raquel, su hermana, cuando aún seguía el misterio sobre los huesos hallados junto a la vía de Tamaulipas, tierra de zetas y escenario de 600 homicidios en lo que va de año, el infierno en el que Raquel se esfumó tras ser asaltado su coche, con su marido y su bebé dentro, por dos hombres armados. Por la tarde, poco después de la conversación, cuando en México amanecía, estallaba también la mala nueva. «El proceso de investigación continúa para esclarecer el homicidio», añadía la nota oficial mexicana. Allí, sobre el terreno, quedaron conmocionados la madre de Pilar, su suegra y su marido. Él fue el único testigo del violento asalto. El hombre que denunció el secuestro y que escuchó a los secuestradores gritarle «¡nos llevamos a la vieja!», mientras su bebé de 12 meses lloraba desconsolado.

En Valencia, Raquel permanecía ayer indignada. «Ha salido en la prensa antes de que se lo comunicaran a mi madre y a Jorge», subrayaba, para seguir manteniendo la esperanza sobre una desaparición que ha acabado siendo una supuesta muerte y sobre la que la familia valenciana mantiene muchas dudas.

El secuestro se produjo el 2 de julio. Jorge, el marido, tardó unas horas en denunciarlo. El temor a recibir represalias de los sicarios le hizo retardar su denuncia. Un detalle le colocó como sospechoso ante los agentes. El mexicano, con nacionalidad española, lavó el coche escenario del delito antes de acudir a las Fuerzas de Seguridad. Los agentes no hallaron sangre ni otras pistas dentro del vehículo, pero el interrogatorio de varias horas al que fue sometido no arrojaron duda sobre él. «Nosotros confiamos plenamente, y él está destrozado», insiste una y otra vez Raquel.

Sin petición de rescate

No fue hasta mediados de julio cuando se conoció la desaparición. Massalavés, el pueblo de origen de la valenciana, guardó durante dos semanas un cauto y solidario silencio. Nadie quería dar un paso en falso que pusiera en peligro a Pilar. Al final el consejo de las autoridades mexicanas fue difundir el caso. Las redes sociales ardieron, los agentes peinaron bosques y desiertos de Tamaulipas. Sin rastro. Una gota de agua de criminalidad en el océano delictivo de un estado que en lo que va de año ha registrado ya más de un centenar de raptos.

Junto a los huesos localizados el 26 de julio en la zona en la que fue asaltada Pilar y su familia aparecieron también prendas de ropa que coincidían con la vestimenta que lucía la valenciana en el momento del rapto. Ese día regresaban de pasar un día feliz con su marido y su hijo en la playa de La Pesca. Hasta que su vida se quebró.

Nunca hubo una petición de rescate ni comunicación de los supuestos secuestradores. La pista más fiable con la que cuenta la policía mexicana es un retrato robot de uno de los sospechosos, confeccionado con los datos que aportó el marido de Pilar. El individuo es un hombre de apenas 16 años, según el cálculo del esposo, de complexión delgada y de tez morena oscura.

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