«Este día marcará un antes y un después»

La calle Alcalá y Cibeles abarrotadas ayer de manifestantes. /  ÓSCAR DEL POZO / AFP
La calle Alcalá y Cibeles abarrotadas ayer de manifestantes. / ÓSCAR DEL POZO / AFP

Cientos de miles de personas abarrotaron el centro de Madrid bajo el lema 'Si nosotras paramos, se para el mundo' Más de seis millones de trabajadores secundaron los paros laborales de dos horas, según UGT y CC OO

LUCÍA PALACIOS MADRID.

«Una huelga sin precedentes que marcará un antes y un después». Así calificaron ayer los dos principales sindicatos mayoritarios, UGT y CC OO, la jornada de paro convocada para este 8 de marzo, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, a la que puso el colofón una manifestación que recorrió el centro de Madrid y fue secundada por más de medio millar de organizaciones y por cientos de miles de personas -170.000, según la Delegación del Gobierno, en una cifra que seguro se queda corta-, convirtiéndose así en la más multitudinaria de Europa.

'Si nosotras paramos, se para el mundo' fue el lema fijado por la Comisión 8 de Marzo, la plataforma bajo la que se agrupan diversos colectivos feministas y que fue la impulsora de la huelga de 24 horas -no solo laboral, sino también de cuidados, de consumo y de educación- dirigida a todas las mujeres. Y quizá el mundo no se paró ayer... pero sí lo cambió, o al menos puso los cimientos para conseguir una igualdad que a día de hoy está muy lejana. «Quedan millones de cosas por conseguir, hay una lista infinita...», sostuvo Ainhoa, una de las centenares de miles de jóvenes que se dieron cita a mediodía de ayer en la madrileña plaza de Cibeles durante el paro de dos horas convocado por UGT y CC OO contra las brechas de género, la precariedad laboral y las violencias machistas. «Si no salimos nosotras a reclamar, nadie lo hará», explicó con plena convicción, mientras al fondo se escuchaban gritos de «Viva la lucha de las mujeres» o «Sin igualdad, no hay libertad». Ainhoa, que trabaja en la Administración Pública, dijo sentirse afortunada por poder salir y manifestarse sin miedo a represalias, pero denunció que muchas mujeres no pudieron ayer faltar a su puesto de trabajo o dejar de hacer las cosas de casa porque nadie lo hará si no. «Y por ellas estamos aquí», reivindicó.

Como Ainhoa, son muchas las mujeres -y también hombres- que ayer secundaron la primera huelga feminista de la historia de España. Concretamente, más de seis millones de trabajadores se sumaron a los paros de dos horas por turno (a falta de sumar el nocturno), que tuvo «un alto seguimiento» en las principales empresas de la industria, los servicios y las administraciones públicas, según datos difundidos por UGT y Comisiones Obreras.

«Os puedo decir que la inmensa mayoría de los centros de trabajo del país, principalmente las medianas y grandes empresas, han parado», explicó el secretario general de UGT, Pepe Álvarez, quien concretamente citó el «completo» parón en el sector del automóvil -la fábrica de Ford en Almussafes (Valencia) y la de Seat en Martorell (Barcelona) paralizaron totalmente la producción de su factoría durante dos horas- y un seguimiento «importante» en el agroalimentario. «Todas las noticias que nos llegan es que hay un paro muy generalizado», remarcó. Y esto solo fue el preámbulo. Porque lo mejor estaba por llegar: la multitudinaria manifestación que partió de Atocha a las siete de la tarde y que abarrotó y colapsó el centro de Madrid. Decenas de personalidades y políticos marcharon junto con a las asociaciones feministas, como el líder del PSOE, Pedro Sánchez, junto a su esposa; la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena; el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y el de Izquierda Unida, Alberto Garzón; o la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, que fue increpada por manifestantes al grito de «esquirola». Pero los políticos ayer pasaron a un segundo plano.

Porque lo importante fueron las mujeres, las desconocidas, las silenciosas, las que por fin alzaron la voz. «Aquí están, estas son, las de la revolución», «No nos mires, únete», «Con ropa, sin ropa, mi cuerpo no se toca», «Mujeres, unidas, jamás serán vencidas» fueron algunos de los cánticos que entonaba la multitud sin cesar, jaleadas por el Sindicato de Estudiantes. Porque allí todo el mundo tenía cabida: bebés, niños, jóvenes, embarazadas, padres, abuelos... Nadie sobraba en unas calles teñidas por el color morado.

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