Lluvias más virulentas con las medidas antirriadas pendientes

María José Mullor, en el tramo del río Girona que está repleto de cañas. / TINO CALVO
María José Mullor, en el tramo del río Girona que está repleto de cañas. / TINO CALVO

Las nuevas obras fluviales están sin fecha de inicio y la limpieza de cauces se pierde entre competencias

J. A. MARRAHÍ/ DELEGACIONES

El primer aviso ya está sobre la mesa: «Lluvias más intensas de lo normal a partir de noviembre y diciembre». El pronóstico de los meteorólogos valencianos en su análisis del otoño enlaza con otro. El que llega de la mano del cambio climático y que avanza para la Comunitat un comportamiento más imprevisible y virulento en la alianza de fenómenos que da lugar a las lluvias torrenciales. Las que tanto daño y muerte han dejado en la región a lo largo de la historia. En este incierto panorama meteorológico, la Comunitat sigue esperando un ambicioso plan de presas, encauzamientos y laminaciones llamado a ser la defensa más consistente contra diluvios y crecidas.

Jorge Olcina es director del Laboratorio de Climatología del Instituto de Geografía de la Universidad de Alicante. Así ve el futuro en nuestros cielos: «Los modelos de cambio climático señalan que las tormentas intensas o torrenciales serán más frecuentes en las próximas décadas». En definitiva, «el clima del litoral mediterráneo tiende a ser más extremo».

Para Olcina, la protección en la Comunitat tras los grandes desastres aún no es suficiente. «Tenemos que poner en marcha medidas de adaptación en el territorio para poder convivir con un clima de rasgos más extremos». Desde su conocimiento, hay un factor determinante: «nuestro mar Mediterráneo está cada vez mas cálido y eso eleva el riesgo potencial de que se desarrollen tormentas violentas».

En este punto, meteorólogos como José Ángel Núñez, jefe de Climatología de la Agencia Estatal de Meteorología en la Comunitat, no dan tanta importancia a la temperatura del mar en la formación de gotas frías. Da más peso a las «condiciones atmosféricas concretas» y cita como ejemplo reciente el pasado invierno, uno de los más lluviosos de la historia, en el que precipitaciones intensas llegaron con la temperatura del mar relativamente baja.

En lo que sí coinciden los expertos es en esa tendencia hacia lo imprevisible y extremo. Así lo expone José Manuel López, Jefe de Predicción y Vigilancia de la agencia. «En el caso de las precipitaciones se espera un aumento global. En general, en las zonas húmedas aumentarían y en las zonas más secas habría una disminución». En general, pronostica «un aumento de la frecuencia de los fenómenos extremos como vientos fuertes, olas de calor y frío y también lluvias intensas».

López hace especial hincapié en la proximidad de contrastes bruscos. «Las precipitaciones en el Mediterráneo y en la Comunitat, en particular, tienen una alta variabilidad. Se alternan períodos de sequía con otros de precipitaciones muy intensas que pueden concentrar un gran porcentaje de lluvia en un tiempo muy corto».

La pregunta siguiente es obvia: ¿En qué condiciones se encuentra la Comunitat ante estas alteraciones del clima? Evidentemente, mejor que en el 57 y en el 82. Obras como el plan sur para desviar la desembocadura del Turia o la reconstrucción de la presa de Tous ponen murallas a las catástrofes.

Sin embargo, queda un importante camino por recorrer en infraestructuras y en trabajos de prevención ante avenidas por lluvias. La propia Agencia de Seguridad y Respuesta a las Emergencias lo evidencia en su análisis de riesgo de inundación en las poblaciones de la Comunitat. Según el recuento, de los 542 municipios de la región, más de la mitad, casi 300, presenta algún grado de riesgo de inundación. En medio centenar de localidades ese peligro se califica como «alto».

Planes municipales

Aquellos pueblos con riesgo medio y alto «deben elaborar su plan de actuación municipal ante el riesgo de inundaciones», apremia José María Ángel, director general de Emergencias. Y es que el 80% de estas poblaciones sigue sin cumplir con este cometido. Los planes permiten hacer un diagnóstico de puntos peligrosos, recoger datos objetivos sobre frecuencia de inundaciones y establecer de este modo las medidas más adecuadas en caso de grandes avenidas.

Los miembros del Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia conocen bien los peligros del agua en nuestra región. Cada año realizan una veintena de rescates relacionados con las lluvias y una media de 70 achiques en zonas inundadas.

Según José Miguel Basset, inspector jefe del consorcio, «existen puntos inundables conocidos en distintos municipios». A pesar de que hay señales de advertencia a menudo «sucede que la cantidad de lluvia caída es superior a la que los sistemas de drenaje pueden asumir y entonces se produce la inundación». O bien «que los sistemas de las casas no están limpios y preparados». Los bomberos suelen intervenir ensótanos, garajes y vehículos con ocupantes sorprendidos por trombas de agua en plena conducción.

Una exigencia europea

La Cámara de Contratistas denunció a principios de verano que las grandes obras contra riadas en la Comunitat están estancadas: presas, canalizaciones de barrancos, encauzamientos preventivos, laminaciones... Son decenas de infraestructuras bajo competencia de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) y con un presupuesto de unos 460 millones de euros. Y, de momento, sólo están sobre el papel.

La presidenta de la CHJ, María Ángeles Ureña, explicó que el plan responde a una directiva europea y se aprobó en 2016. ¿A qué se debe el retraso? «Para poderlas ejecutar es necesario el análisis coste-beneficio y es en lo que está trabajando el ministerio en estos momentos. No estamos parados», insistió. «Una gran infraestructura, de cualquier naturaleza, lleva un tiempo desde que se concibe hasta que se hace realidad por imperativo legal».

«Mi prima intentó salvar a mi tía del agua, pero no lo consiguió»

El 12 de octubre se cumplirán diez años de una de las mayores catástrofes naturales que se recuerdan en la Marina Alta: la riada del Girona. A todos los vecinos de la comarca se les quedó grabado en sus retinas cómo el desbordamiento del río, de poco más de 33 kilómetros de cauce, provocó la caída del puente de Beniarbeig, dejó anegadas cerca de 1.200 casas y 1.500 coches destrozados a su paso por Ondara, Els Poblets o El Verger. Fue en este último municipio donde la riada se llevó la vida de una mujer de 89 años.

«Fue horroroso», afirma María José Mullor, presidenta de la Plataforma Ciutadana del Riu Girona y sobrina nieta de Encarna Sánchez, la mujer fallecida hace ahora diez años que era conocida como 'la 'tía Encarnació'.

Mullor recuerda que en el momento de la riada la su tía estaba con su hija en casa de la calle Divina Aurora, a escasos metros del río: «era una persona mayor y privada, había que ayudarla para moverse. Mi prima intentó salvar la vida de mi tía subiéndola a la segunda planta pero no lo consiguió y no pudo salvarla; para ella fue muy duro». Según Mullor, fue el choque entre el cauce del río y el fuerte oleaje del mar el que produjo el retroceso del agua del Girona y la avalancha que causó el desastre. Su casa, a la vera del río, fue una de las cerca de 400 afectadas por la riada en El Verger: «fue una día que no se me olvidará en la vida», asegura.

Los días previos ya había llovido pero «eran las típicas lluvias torrenciales». A las 9.30 horas empezó a preocuparse pues el nivel del río Girona subía por segundos. Hora y media después, el agua anegó su jardín y María José ya tenía la maleta preparada para irse. Su marido estaba en el pueblo y cuando iba a volver a casa, el agua ya le impedía el paso por los puentes, por lo dio un rodeo para poder llegar. Mullor y su familia dejaron la casa poco antes de mediodía y antes de salir, pudieron ver «horrorizados» cómo un muro se desmoronaba en segundos debido a la fuerza del agua, árboles, cañas, coches y muebles que arrastraba.

Mullor asegura que en ese momento pasó mucho miedo: «estaba descontrolado, me temía lo peor». Lograron abandonar su casa y una vez el temporal cesó, volvió y«el agua llegó hasta tres metros y anegó la planta baja».

Diez años después, Mullor y muchos de sus vecinos siguen viviendo con miedo cada vez que llueve con intensidad, «hay niños que todavía tienen miedo cuando llueve», apunta. El zona del río frente a sus casas está plagado de vegetación, a diferencia del tramo que pasa por el centro urbano. El consistorio tiene permiso para mantener limpia esta última zona, pero las más apartadas, como la de la casa de Mullor, no se permite arrancar ni una hoja. Frente a su casa las cañas se cuentan por decenas incluso han crecido diferentes variedades de árboles tras la riada

Esa tarea supondrá «una guía para todas las confederaciones de España» a la hora de «priorizar con los mismos criterios las más necesarias y así evitar mayores daños». Una vez con estos datos, el Gobierno «ya podrá consignar en sus presupuestos el dinero necesario». Ureña no ofreció fecha para el arranque de las obras, pero cree que al menos el estudio de coste-beneficio podría estar listo el año próximo.

Más allá de estas vitales infraestructuras, hay otra cuestión candente que preocupa a alcaldes y vecinos: el mantenimiento de algunas zonas fluviales repletas por cañas, suciedad o maleza. Las hay en el nuevo cauce del Turia a su paso por Valencia. Pero también en el río Serpis y Vaca, en La Safor, en el río Girona a su paso por El Verger, en Dénia o en el Júcar a su paso por Cullera. Los residentes en estas zonas temen que la acumulación de vegetación obstruya el paso del agua en caso de crecidas y esos tapones causen riadas en campos o casas.

Ante las continuas quejas de los alcaldes, Ureña se defiende así: «El mantenimiento de cauces lo hacemos anualmente, pero no es una competencia exclusiva de nuestro organismo. Cualquier administración, ciudadano o asociación puede intervenir», remarca. «Simplemente hay que pedir autorización. Los cauces no son propiedad de la CHJ y su buen estado es responsabilidad de todos». La presidenta de la confederación recalca que el mantenimiento de cauces a su paso por zonas urbanas «es competencia municipal o autonómica, administraciones con capacidad en ordenación del territorio y urbanismo».

Su conclusión es que la CHJ «puede intervenir y lo hace, pero tenemos 50.000 kilómetros de cauce que administrar». Y añade: «Para mantenerlos todos como cada uno considera óptimo en cada territorio se necesitaría una cantidad de dinero de la que no se dispone».

¿Peligro o ecosistema?

Otra cuestión clave es la cantidad de vegetación que resulta conveniente retirar para protegerse ante riadas. Según Ureña, «no acaba de calar que el cauce es un ecosistema, no un canal o una piscina. No puede estar alicatado. Tiene que tener su vegetación porque también cumple una función fundamental: mantener especies y retraer la velocidad del agua en caso de avenida. Hay que quitar elementos que obstruyan el funcionamiento hidráulico, pero no dejarlo sin vegetación».

Y en esta labor se afanan en estos días operarios y máquinas en el nuevo cauce del río Turia. Los alcaldes de Mislata, Xirivella y Quart se muestran agradecidos «pero extrañados». No terminan de comprender cómo unos trabajos de ocho meses de duración han arrancado en agosto, ya bajo la sombra de las primeras lluvias y a las puertas del otoño, época de las temidas gotas frías.

Fotos

Vídeos