Las lluvias disminuirán hasta un 40% en la Comunitat antes de treinta años

Unas mujeres se protegen de la lluvia con paraguas en Valencia. / jesús signes
Unas mujeres se protegen de la lluvia con paraguas en Valencia. / jesús signes

Un estudio de la Universitat Politècnica alerta de que las sequías en la cuenca del Júcar serán cada vez más frecuentes e intensas

JUAN SANCHIS VALENCIA.

Ya no se trata de proyecciones en el largo plazo. Las consecuencias del cambio climático se podrán apreciar de forma casi inmediata, en un periodo de veinte o treinta años. El calentamiento del planeta se está intensificando y los científicos van concretando en el tiempo y en el espacio sus consecuencias.

El área mediterránea es uno de los puntos donde más se apreciarán los impactos de estos fenómenos. Las investigaciones apuntan a que la Comunitat se verá azotada por sequías cada vez más intensas y frecuentes. Esta es una de las conclusiones del estudio 'Combined use of relative drought indices to analyze climate change impact in meteorological and hydrological droughts in a Mediterranean basin', elaborado por los investigadores del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Universitat Politècnica de València (IIAMA-UPV), Patricia Marcos, Antonio López y Manuel Pulido publicado en la revista 'Journal of Hidrology'.

Desde el instituto señalan que la reducción de las precipitaciones en la cuenca del Júcar, que abarca gran parte de la Comunitat Valenciana, será ya evidente en un plazo de apenas veinte o treinta años. En este sentido, en el estudio de Marcos-García y Pulido -Velázquez se prevé una disminución de las lluvias de hasta un 40%.

Los periodos de escasez de recursos tienen en la actualidad una duración media de 3 ó 4 años

En concreto, señalan que en el escenario más desfavorable, y entre los años 2040 y 2070, se produciría una disminución de la precipitación del alrededor del 35% en los meses de primavera y superior al 24% en los de otoño. Por el contrario, durante el invierno las lluvias se podrían incrementar en un entorno del 8%.

Las precipitaciones en la cuenca media del Júcar caerían hasta un 40% en primavera y un 16% en los meses del otoño. Durante el invierno aumentarían, en cambio, en una proporción del 13%. El comportamiento en la cuenca baja del Júcar sería similar, con una disminución en octubre, noviembre y diciembre del 7% y del 27% en abril, mayo y junio.

Todo ello se traducirá, inciden los investigadores, en una merma de los residuos hídricos de hasta el 33% en un escenario a corto plazo (hasta 2040) y de hasta el 43% a medio plazo (2040-2070).

En concreto, desde la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) se han determinado cinco situaciones recientes en los que la escasez de recursos se ha puesto de relieve y ha habido problemas para satisfacer las demandas de la cuenca. Fueron los periodos comprendidos entre los años 1982-1986; 1991-1996; 1997 a 2001; 2004-2008 y el que comenzó en 2013.

Sequías

Las sequías, según la investigación de la Universitat Politècnica, serán más severas debido a los efectos combinados de la reducción de las precipitaciones y al incremento de la evapotranspiración y se producirán con mayor frecuencia, destacan desde el IIAMA.

Estos fenómenos comienzan siempre con déficit de precipitación (sequía meteorológica), que suele propagarse a través del ciclo hídrico para convertirse un déficit de humedad del suelo (agrícola), falta de recursos hídricos (hidrológicas) para acabar convertidas en sequías socioeconómicas (no se pueden atender las demandas).

En la actualidad estos fenómenos tienen una duración que ronda entre los tres y los cuatro años. Desde 1940, como se recoge en el Plan Especial de Sequía de la Demarcación Hidrográfica del Júcar, hasta la actualidad se han identificado diez sequías meteorológicas de importancia.

Sus consecuencias serán múltiples. Incidirán sobre la agricultura, la salud, la producción de energía, el medio ambiente y un largo etcétera. Sus impactos se incrementarán, señalan desde el instituto, a medida que las demandas de recursos hídricos por parte de la sociedad aumenten. En este sentido, los científicos aluden a que es necesario un cambio en la planificación de las sequías. Apuestan por una planificación a largo plazo en lugar de tratarlas como una crisis puntual.

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