La llegada de pateras llena de menores extranjeros los centros de acogida de la Comunitat

Personal de Cruz Roja aiste a dos inmigrantes llegados en patera el año pasado a Torrevieja. / lp
Personal de Cruz Roja aiste a dos inmigrantes llegados en patera el año pasado a Torrevieja. / lp

El número de niños de otros países bajo cuidado de la Generalitat se dispara casi un 75% y la policía alerta de la dificultad de repatriarlos

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Los niños de las pateras vienen para quedarse. Su repatriación, reconocen fuentes policiales, es «prácticamente imposible», lo que engrosa el número de 'menas' (menores extranjeros no acompañados) que habitan en los centros bajo cuidado de la Generalitat. El año pasado marcó un récord en la llegada de embarcaciones con inmigrantes ilegales a las costas de la Comunitat. Y esto, junto con otros factores, ha elevado a más de 300 los 'menas' que hoy subsisten en tierras valencianas, lejos de sus familias, gracias al sistema de protección autonómico.

Las cifras de Igualdad y Políticas Inclusivas así lo constatan. A finales de 2016 había 182 menores extranjeros bajo tutela de la Generalitat. Según los últimos datos del departamento autonómico, a finales del año pasado su número se disparó un 73%. En el caso de los 'menas', y a diferencia de otros niños bajo tutela autonómica, una triste realidad se impone: sólo 13 de los 316 viven bajo un acogimiento familiar. Es decir, en su inmensa mayoría, crecen en residencias hasta que alcanzan la mayoría de edad y pasan a los pisos de emancipación para intentar labrarse un futuro sembrado de dificultad.

Según los últimos datos del Gobierno, el año pasado arribaron a la costa alicantina 392 inmigrantes con pateras, más del triple que en 2016. De ellos, medio centenar eran menores de edad. El efecto en los centros de acogida de Alicante es especialmente claro. En ellos, la presencia de menores extranjeros ha pasado de 72 a 164. Un aumento del 127%, según las cifras autonómicas.

Cada vez hay más 'menas' bajo el auxilio público valenciano. Y es que, si ya es complicado saber su edad o lugar de origen (llegan indocumentados y muchos mienten sobre su procedencia), más todavía lo es localizar a sus familiares para retornarlos. El inspector jefe Jaime Cuenca, al frente de la Brigada de Extranjería y Fronteras de Valencia, abordó el problema en un reciente seminario sobre el menor. Según expuso, el año pasado no se consiguió repatriar ni a un solo menor procedente de la inmigración ilegal. El laberinto para la policía comienza intentando averiguar la procedencia de un adolescente indocumentado del que, a menudo, ni siquiera se sabe la edad a ciencia cierta, lo que requiere pruebas óseas.

Colaboración diplomática

Y cuando ya hay alguna pista de su posible procedencia o familia, bien por su testimonio o por otras averiguaciones, aparece un nuevo escollo: «la escasa colaboración de los países en la localización de las familias de estos menores». Cuenca urge «avanzar más en las relaciones diplomáticas para conseguir una mayor y mejor colaboración».

Segundo García conoce de primera mano a los 'menas'. Es secretario de la Fundación Ángel Tomás, que gestiona hogares de emancipación para menores que finalizan su etapa en centros de acogida tras alcanzar la mayoría de edad. «Repatriar a estos menores es realmente complicado. A veces no hay datos de familiares y nadie se puede hacer cargo del menor aquí. Además, hay países sin acuerdos de extradición».

Esta es una picaresca que algunos de ellos dominan bien. Por ejemplo, llegan de Mali pero dicen proceder de países donde saben que no hay acuerdos. Por ejemplo, de Guinea Conakri. «Algunos pasan varios meses en viviendas de emancipación y luego, a buscarse la vida con algún trabajo, a la intemperie, o acogidos por algún amigo o familiar en cualquier punto de Europa».

Según detalló García, los niños de las pateras que vienen sin adultos «suelen llegar a tierras valencianas con 15 o 16 años» y, excepcionalmente, a edades más tempranas. La mayoría de ellos proceden de Argelia y Marruecos. Los subsaharianos, sin embargo, suelen optar por la ruta de Ceuta y Melilla.

La policía ha detectado sorprendentes estrategias por parte de inmigrantes que llegan en pateras. Hay quien ha dicho ser menor y luego se prueba que tiene 35 años. También adultos que manifiestan ser padres de niños que viajan en una embarcación, cuando en realidad no lo son. Su intención es beneficiarse indirectamente de la protección que reciben los menores. Por ello, detalló Cuenca, en estos casos se les está separando por precaución hasta que una prueba de ADN certifica esa aludida relación de parentesco.

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