EL «JURGOL» ES ASÍ

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Me sonaba que Villar mantuvo una relación con Alberic y me levanto obsesionado con esa idea. Hummm... Recordaba un verano en el pueblo cuando los amiguitos me avisaron: «Vente, que el futbolista Villar está en el bar Tubo». Y allá fuimos a fisgonear desde la puerta porque el bar Tubo, famoso por sus ancas de rana rebozadas y por su estrecha geografía de autobús, era cosa de mayores. Pero como los calores son traidores y reblandecen la memoria, decido llamar a mi madre para confirmar esas visitas de Villar hasta Alberic. Mi madre me lo cuenta... Durante la guerra civil montaron fábricas de armas en Alberic. Los operarios acudieron desde el País Vasco. El amor y la guerra, ese clásico. Un vasco y una chica de Alberic se enamoraron, se casaron tras la contienda y la moza se marchó al norte. Años más tarde Villar se casó con una hija de aquella mujer y por eso, durante las vacaciones, se dejaban caer para saludar a la parentela. Mi madre sigue aportando datos: «Por cierto que, durante la guerra, jamás bombardearon esas fábricas; se rumoreaba que había un chanchullo y que esas armas, en vez de ir a los republicamos, se vendían de contrabando a los nacionales». Al señor Villar, mandamás del balompié patrio, se le sospechan severas turbulencias con su hijo de eje principal. No hay unanimidad, pero a Villar se le reconoce el acuñar el término «jurgol» o «furbol», pues así se pronuncía cuando vives desde dentro ese deporte saturado de millones y trapisondas. La pasta descontrolada y el poder absoluto generan desparrames. Con la historia de la guerra civil y sus suegros Hemingway hubiese escrito una buena novela. Con la trama de presuntas mordidas Don Winslow habría publicado un novelón titulado 'Corrupción jurgolera'. Vi a un joven Villar en el bar Tubo de Alberic. Las vueltas que da la vida...

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