La Generalitat investigará la queja por abandono en la residencia de Carlet

Tres personas mayores caminan por uno de los accesos a la residencia mixta de la tercera edad de Carlet.
Tres personas mayores caminan por uno de los accesos a la residencia mixta de la tercera edad de Carlet. / Francisco García

El hijo de una usuaria con alzheimer denunció la ausencia de auxiliares en su planta mientras una mujer se golpeaba la cabeza en una mesa

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

La residencia de la tercera edad de Carlet, la más grande de la Comunitat, de nuevo en el punto de mira. El centro público con seis muertes en extrañas circunstancias en cinco años y escenario de la vergonzosa imagen de un anciano en el suelo atado a una cama ha recibido una nueva queja por parte del hijo de una interna. Francisco Lozano denuncia la ausencia de personal en la planta donde reside su madre, la falta de información tras un deterioro de salud y las complicaciones a la hora de encontrar responsables que le dieran una explicación. En definitiva, «abandono y desidia con los mayores».

Fuentes de la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas no pudieron aportar la versión de los responsables del centro, pero sí mostraron interés por aclarar lo sucedido. La intención de la Generalitat es investigar los hechos descritos en la queja. LAS PROVINCIAS también brindó directamente al centro la posibilidad de aportar una explicación, matizar o desmentir las críticas recibidas en el escrito de queja, pero no hubo respuesta.

Tal y como avanzó este diario, Francisco Lozano decidió presentar su queja por la «lamentable situación» que presenció en el geriátrico el sábado, durante su visita habitual a su madre de 75 años enferma de alzheimer.

Un informe de la Generalitat reveló problemas para cubrir vacaciones de personal

Siempre según su escrito, el hombre, vecino de Picassent, la halló sola junto con otra anciana en su planta. «En el puesto de los auxiliares, anexo a una sala común, no había nadie», afirmación que rubricó con una fotografía tomada con su teléfono móvil. Descubrió que su estado había empeorado con una parálisis y, razonablemente preocupado, trató de buscar una explicación «sin encontrar personal sanitario en toda la sala».

Comenzó así su búsqueda. «Antes de bajar a recepción», refleja en su queja, «separé a una paciente de una mesa donde se está golpeando con la cabeza». «Y allí no había nadie». De ser cierto, evidencia la necesidad de una mayor atención. Ya en la recepción, asegura que se topó con nuevos obstáculos: «Allí no tenían ni idea de lo que le había pasado a mi madre». Su rastreo continuó por la cafetería. «Allí me enteré de que hay una sala de agudos donde supuestamente hay personal sanitario, pero mientras esperaba en el ascensor un usuario me dijo que los auxiliares estaban almorzando y no se les podía molestar».

Lozano asegura que deambuló unos 40 minutos sin encontrar a un profesional capaz de darle una respuesta. También se pregunta si no existe un sistema de turnos que evite que los auxiliares se vayan a almorzar «todos juntos y a la vez». Finalmente, logró localizar a una enfermera. Y supo así que la parálisis de su madre «había sido detectada el martes, pero cinco días después nadie nos había informado».

Un informe interno

En la residencia de Carlet llueve sobre mojado. Cuando el año pasado estalló el escándalo por la foto del anciano caído y atado a una cama la directora general de Servicios Sociales y Personas en Situación de Dependencia, Mercé Martínez Martínez, admitió denuncias por falta de personal. Este problema parece estar en la línea de la nueva queja oficial presentada a la Generalitat.

La dirección territorial de Valencia, expuso Martínez en septiembre, realizó un informe que concluía «la problemática que existe a la hora de cubrir las vacaciones del personal, cuando éstas son por periodos breves de tiempo». Sin embargo, aseguró que la residencia de Carlet «cumple los ratios establecidos en la ley». La conselleria mostró el año pasado su voluntad de «ampliar el personal», echando la culpa al Gobierno de los «recortes, que tienen un efecto pernicioso en la atención directa a los más vulnerables».

Sin datos sobre el caso del anciano caído y atado

Septiembre del año pasado. La foto de un anciano caído y atado a una cama inunda redes sociales y medios de comunicación. Estalla la polémica y la Generalitat sale al paso del escándalo. Una nota oficial fechada en el día 5 de ese mes anunciaba así las intenciones del gobierno autonómico: «La Vicepresidencia y Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas abrirá una investigación para conocer el trato que ha recibido el usuario».

La directora general de Servicios Sociales y Personas en Situación de Dependencia, Mercé Martínez, aseguró que la conselleria iba a investigar «el hecho denunciado y el proceso que se ha seguido», con el fin de «establecer responsabilidades y conocer las circunstancias que han rodeado lo ocurrido».

En mayo del año pasado, nueve meses después del anuncio, no se conocía resultado de las indagaciones del departamento autonómico. El argumento fue que el caso estaba pendiente de investigación judicial. La conselleria bajo el mando de Oltra tampoco aportó datos sobre el caso del anciano o las mejoras aplicadas desde entonces.

La familia del hombre afectado dejó de confiar en la residencia de Carlet y solicitó un traslado del anciano. Paradójicamente, Oltra recurrió entonces a la gestión privada, sector que ha criticado hasta la saciedad, para reubicar al hombre tras la foto de la vergüenza. Fue destinado a un centro público del barrio de Velluters, en Valencia, bajo gestión de la empresa privada Gesmed. Su explicación fue que se eligió este espacio no por ser mejor o peor, sino porque era el primero con una plaza vacante y por «razón de fuerza».

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