GENERACIÓN 92

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Para cumplir con la sacrosanta tradición hispana conviene encontrar un culpable. Algo o alguien debe apechugar con nuestros patinazos mentales. Así, la culpa igual será el calor, del chachachá, de los apartamentos ilegales para turistas barateros, del gobierno, de la oposición, de los abogados que hicieron el ridículo frente al testigo Rajoy, del mosquito tigre o de lo que ustedes quieran, pero el caso es que me carga, incluso me irrita, tanto bombo y platillo respecto a Barcelona 92. Al arquero Rebollo y su flechazo de fuego lo hemos visto hasta en nuestras pesadilla nocturnas. Aunque la culpa, naturalmente, es mía. Soy así de rarito, no busquen más. Claro que, como nos encanta la numerología que marca la senda de las generaciones, uno se sumerge en el túnel del tiempo, se remonta más de un siglo o así, y resulta que, al repasar, en aquella generación del 98 nos topamos (entre otros) con Azorín, Baroja, Maeztu, Unamuno, Valle, Ortega, Darío y... Si luego buceamos en la generación del 27, nos apabullan los nombres (entre otros) de Salinas, Alberti, Miguel Hernández, Gerardo Diego, V. Aleixandre, Cernuda, Lorca y... Impresiona, ¿verdad? Y seguro que ustedes añaden otros escritores, ensayistas y poetas. Si retrocedemos unas pocas décadas hasta alcanzar ese olímpico 92, recordamos a (entre otros) Fermín Cacho, Rafa Nadal, los futbolistas, el equipo de hockey fememino, el equipo de waterpolo masculino y otra vez Fermín Cacho y de nuevo Rafa Nadal. Los deportistas de calzón corto, frases breves y sudor a flor de piel han sustituido a los pensadores e intelectuales que retorcían sus meninges para ofrecernos verbo y razonamientos. Practicamos un curioso onanismo patriotero al rememorar las 22 (¿eran 22, no?) medallas cosechadas en la cuchipanda saltarina del 92. Y estamos encantados. En fin.

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