el fuego más impune

Casi un centenar de incendios intencionados y negligentes se saldan con sólo cuatro investigados

Incendio forestal en Gatova, Sierra Calderona. / Juan J. Monzó
Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Cortes de Pallás, Andilla, Benitatxell, Sierra Calderona... Sólo los grandes incendios forestales acaban saliendo a la luz pública. Sin embargo, el goteo de fuegos intencionados y negligentes que sufre la Comunitat es continuo. Y, en la inmensa mayoría de los casos, acaban sin consecuencias por la vía policial y penal. Tanto por la dificultad de localizar a los sospechosos como por las complicaciones de probar su autoría en caso de que haya detenidos. «Es menos difícil esclarecer un homicidio que un incendio forestal», resaltaba Juan Antonio Jiménez, uno de los máximos responsables del Seprona de la Guardia Civil, durante una reciente charla en Valencia.

Según los recuentos e investigaciones de la Conselleria de Medio Ambiente, desde que arrancó el año y hasta el mes de junio se han producido 93 incendios forestales por culpa de la mano del hombre. De ellos, 55 son intencionados. Voluntad de quemar pura y dura.

Los 38 restantes se deben a los fatídicos errores e imprudencias con el manejo del fuego: las quemas agrícolas que escapan al control de quienes las realizan, los fuegos en jornadas de alto riesgo, las barbacoas en zonas peligrosas o sin las medidas de protección adecuadas, el uso de petardos y cohetes junto al monte o las simples pero peligrosas colillas.

¿Se preguntan cuántas personas hay detenidas por estos hechos? Datos recientes de la Fiscalía General del Estado cifran en sólo cuatro los investigados durante los seis primeros meses del año en la Comunitat. En toda España el organismo judicial contabiliza 250 sospechosos.

Y la acción de los incendiarios es mucho más habitual de lo que parece. Tomamos como ejemplo el mes de junio. Hubo prácticamente un fuego intencionado cada dos días en nuestra región. Las llamas afectaron a parajes de Villalonga, Bolulla, Carlet, l'Alcora, Alberic, Cullera, La Pobla Llarga o l'Enova... La Ribera o Camp de Turia son dos comarcas especialmente azotadas por este tipo de incendios en los últimos años.

Rapidez en la extinción

En todos ellos, una rápida detección y respuesta de extinción evitó que se convirtieran en grandes incendios forestales. El más alarmante de los intencionados de este mes, en cuando a superficie afectada, fue el que se declaró el pasado 29 de junio en Aielo de Rugat. Comenzó en el paraje El Tossal y destruyó cinco hectáreas de monte.

¿Qué impulsa a una persona a quemar los bosques? La incógnita sigue planeando sobre los incendios intencionados. En tres de cada cuatro fuegos a voluntad que se registran en la Comunitat las investigaciones no han podido arrojar luz sobre qué mueve a los causantes. Se sabe que se ha quemado a conciencia, pero sin pistas para poder establecer el móvil.

La Comunitat sufrió en junio una media de dos incendios intencionados al día

Allí donde sí es posible establecer la motivación, los informes de Medio Ambiente establecen que el principal detonante incendiario es la piromanía: enfermos de núcleos rurales cuya patología los arrastra a quemar el monte. En los últimos 15 años, 174 incendios de vegetación han sido obra de pirómanos en la Comunitat. En segundo lugar, aparecen los provocados por agricultores para eliminar matorral y residuos agrícolas. Y después, los causados por pastores y ganaderos para regenerar y favorecer el nacimiento del pasto.

Fuegos con reiteración

La dificultad para encontrar y ajusticiar a incendiarios e imprudentes por la vía penal queda patente si echamos la vista atrás. Según datos del Ministerio del Interior, el año pasado hubo 45 detenidos o investigados por incendios forestales en la Comunitat, el doble que en 2015. Sin embargo, el número de fuegos intencionados y negligentes fue mucho mayor: 244 en 2016 y 167 en 2015. La conclusión matemática es clara: sólo una quinta parte de los incendios forestales causados por la mano del hombre se saldan con arrestados.

El análisis geográfico y temporal de incendios intencionados ocurridos en lo que va de año evidencia que, en algunos casos, los causantes insisten en su pretensión de quemar. O actúan en zonas muy próximas con dos o más focos.

Son casos como el de la Vall d'Albaida, en el pasado marzo. El día 6 se declara un incendio en la partida La Venta de Albaida. Las llamas arrasan una hectárea de vegetación y los investigadores lo calificaron como intencionado. El día 27 del mismo mes, el fuego reaparece en la misma zona forestal con algo menos de terreno afectado. De nuevo se considera un incendio intencionado.

Sólo una quinta parte de los incendios con origen humano se saldan con detenidos

Existen más ejemplos de la reiteración o proximidad en el parque fluvial del Turia. 6 de mayo. Un incendio intencionado quema 0,1 hectáreas en el paraje Valencia la Vella de Ribarroja del Turia. En esa misma jornada, y con muy poco tiempo de diferencia, la sombra de un incendiario reaparece en el pueblo de al lado, Manises, para destruir una zona de vegetación de la partida de Els Pous.

Las cañas y matorrales en las riberas de los ríos son objetivo habitual de quienes queman a conciencia. Según especialistas en investigación de incendios, «consideran que son focos de plagas o conllevan peligro de inundación y, por tanto, generan complicaciones que hay que atajar a toda costa». El problema es que las llamas no entienden de límites y acaban propagándose a terreno forestal.

El pasado 11 de mayo, un incendio intencionado se declaró en la zona de Río Verde de Massalavés. En ese mismo día alguien quemó vegetación a muy pocos kilómetros, en Tavernes de la Valldigna, en esta ocasión en el Río Vaca.

Sanciones autonómicas

Con todo, la mayoría de quienes son identificados por quemar el monte o ponerlo en riesgo acaban pagando, a lo sumo, una multa. Es la vía administrativa. Y ello gracias al trabajo de agentes medioambientales o miembros de la Policía de la Generalitat, entre otros organismos.

Según cifras de la Conselleria de Medio Ambiente, en lo que va de año (hasta el mes de julio) se han interpuesto 250 denuncias ante el departamento autonómico. En 31 de estos casos ya se han iniciado expedientes sancionadores y el resto están pendiente de tramitación.

Un guardia civil analiza un quemador agrícola en mal estado que causó un incendio forestal. / EFE

A lo largo del año pasado, la Generalitat recibió 362 denuncias contra sospechosos de causar incendios o no respetar las normas básicas de prevención. Prácticamente, una media de un expediente al día. A lo largo del ejercicio de 2016, Medio Ambiente acabó multando a 308 personas por estos hechos.

Las multas previstas en la Ley Forestal de la Comunitat oscilan entre los 60 y los 180.000 euros. La Asociación Profesional de Agentes Medioambientales, describe cuáles son las conductas más habituales que dan lugar a las sanciones: «Incumplimiento de los planes locales de quema, no respetar las distancias de seguridad respecto al monte, falta de permisos, quemas fuera de horario, en día de riesgo elevado de incendio....». Según un portavoz, «ya no te encuentras hogueras en el monte como hace 25 años, pero sí hay veces que se usan paelleros públicos en días inadecuados».

Endurecer sanciones

Para estos profesionales, «en una región como la Comunitat, el riesgo de incendio existe siempre. La ley forestal es del año 93 y el reglamento que la desarrolla, del 96. En teoría, ya no debería quedar nadie que no conociera las normas básicas de seguridad, pero por desgracia todavía hay imprudentes».

La Conselleria de Medio Ambiente anunció en julio su intención de endurecer sanciones en incendios. El objetivo es mejorar la precisión en la clasificación de las infracciones en función de si los terrenos afectados son suelo forestal estratégico. También tener en cuenta el número de hectáreas. Infracciones que ahora se clasifican como leves podrían ser graves en un futuro.

La tardanza del peritaje de daños retrasa la acción de la justicia en Cortes de Pallás

La Comunitat Valenciana no ha vuelto a vivir un desastre forestal como el que se gestó hace cinco años en una caseta de campo de Cortes de Pallás. El incendio más grave para nuestros montes arrasó 30.000 hectáreas en una docena de municipios del interior, se debió a una imprudencia y, tal es la lentitud con la que avanza la investigación, que todavía no cuenta con culpables sentenciados. Los sospechosos ni siquiera han sido juzgados.

El asunto está en manos del juzgado de instrucción 3 de Requena. Según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat (TSJCV), «se encuentra pendiente de la tasación de los daños, a la espera de la recepción del informe que emitirá la empresa encargada del peritaje». En la causa siguen dos personas investigadas por un delito de incendio.

Fue un fatídico 28 de junio, después de que los propietarios de una caseta de campo aislada y rodeada de vegetación decidieran instalar una placa solar. Los operarios a los que se encargó la instalación, peón albañil y fontanero, la realizaron en una jornada de alto riesgo de incendios: calor y viento de poniente.

El empleo de un soldador fue, según las investigaciones, lo que hizo saltar la chispa. Y de ahí al desastre. Las llamas prendieron en la vegetación del terreno particular y luego se propagaron al monte sin mayor impedimento, tras superar una inútil valla de alambres.

La demora en la instrucción se debe, en parte, a la inmensa cantidad de afectados: más de un millar cuyos daños deben ser evaluados por los peritos. Dueños de casas, propietarios forestales, clubes de cazadores, agricultores, apicultores... Todos a la espera de indemnizaciones.

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