Finlandia declara su independencia, aprovechando la revolución rusa

Finlandia aprovechó las fuertes convulsiones revolucionarias que se vivían en Rusia para declarar su independencia de San Petersburgo. Y así lo explicó LAS PROVINCIAS en su edición del día 28 de julio de 1917, detallando las peripecias sufridas por aquel país escandinavo, de cuya población decía tener raíces mongolas (todavía hoy no está definitivamente claro).

Los fineses formaron parte de una colonia de Suecia hasta 1809, cuando pasó a ser un ducado dependiente de Rusia, cuyos zares respetaron su autonomía, idioma, religión y cultura. Así pudo disfrutar «de un bienestar envidiable» -continuaba el periódico- , lo que podía medirse muy bien por el auge de su comercio exterior y la bajísima tasa de analfabetismo.

Sin embargo, este régimen favorable a Finlandia se torció cuando subió al trono de Rusia el zar Nicolás II (en 1894), quien permitió una serie de acciones políticas que buscaban el pleno sometimiento de Finlandia. Desde 1885 los 'verdaderos rusos' habían empezado un movimiento de agitación para anular la Constitución finesa. En 1899 se estableció que todos los asuntos de las Rusias fueran tratados en San Petersburgo; los fineses protestaron y la respuesta fue una represión brutal. Se cerraron escuelas y periódicos y los patriotas fueron encarcelados.

El zar Nicolás II anuló en la práctica la autonomía de su colonia finlandesa y aplicó una dura represión

Finalmente predierton las ansias de liberarse del yugo y se declaró la independencia, que Fin landia «está resuelta a defender con las armas en la mano contra cualquier tentativa de Rusia».

HACE

150

AÑOS

El 28 de julio de 1867 lamentó LAS PROVINCIAS la repetición de los incendios que asolaban las sierras valencianas. Los últimos de ellos, según narró el cronista se veía desde Valencia, pues «el último martes, al amanecer, se notó un incendio en la sierra de Chiva que principiando en el término de Gestalgar, recorrió una zona de dos leguas de largo (unos nueve kilómetros) por media de ancho». Por la noche «salió el ayuntamiento de Chiva, acompañado de los vecinos, a atajar el fuego, lográndolo por medio de un gran corte de leña» (cortafuegos).

Otros fuegos habían prendido en la sierra de Dos Aguas y en un pinar de Carcagente, en el Rincón de Matamoros, propiedad de Augusto Belda, «cuyos esfuerzos por la prosperidad de la selvicultura son bien conocidos».

El periódico inmdicó que «mientras los montes sean teato de continuas quejas -por la propiedad de los mismos- permanecerán pelados, y las consecuencias se traducen en inundaciones, como las del Júcar, debidas al abandono de las propiedades».

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