Estudio de un agujero negro

El equipo utilizó el Telescopio Óptico Nórdico en las Islas Canarias y el Spitzer de la NASA para seguir la emisión infrarroja

R. V.

valencia. En enero de 2005 se detectó en el núcleo de la galaxia en proceso de fusión Arp 299-B (que se encuentra a una distancia de casi 150 millones de años luz de la Tierra) un brillante destello que se consideró una explosión supernova. Sin embargo, 10 años de observaciones en distintas longitudes de onda han permitido a los investigadores presenciar cómo la región luminosa se alargaba y expandía, y concluir que se trata de un chorro de material expulsado por el agujero negro supermasivo central de la galaxia tras desgarrar una estrella. Los resultados del estudio, que está liderado por los investigadores Seppo Mattila, de la Universidad de Turku (Finlandia) y Miguel Pérez Torres, del Instituto de Astrofísica de Andalucía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAA-CSIC), y donde también participan Petar Mimica y Miguel Ángel Aloy, investigadores del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universitat de València, se publican en la revista 'Science'.

«Nunca antes se había podido observar directamente la formación y evolución de un chorro como consecuencia de la erupción de una estrella por un agujero negro», apuntó Miguel Pérez-Torres, investigador del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, y que se doctoró en el departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Valencia.

Los investigadores utilizaron el Telescopio Óptico Nórdico en las Islas Canarias y el telescopio espacial Spitzer de la NASA para seguir la fuente de radiación emisión infrarroja.

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