LOS E-SPORTS O CÓMO NO ENVEJECER

Muchos jóvenes aprecian más el disparo de un francotirador en un videojuego que el revés de Federer. Es lo que hay

FERNANDO MIÑANA

Me faltó enroscarme la boina y dejar la boca abierta mientras las moscas se asomaban a mis fauces paralizadas. El viernes pasé por Feria Valencia para ver en qué consistía aquello de los eSports y una ola pasó por encima mío y me arrolló. Intenté hacer un acercamiento en un día y salí derrotado y vapuleado. Los eSports, los deportes electrónicos que ganan adeptos en todo el mundo a la velocidad de la luz, son inabarcables para un profano recién llegado. Y más si ha pasado de los 40 años. Ya saben, millenials frente a la generación X.

Es un mundo inabarcable de un día para otro. Escuché a jugadores, docentes, abogados, organizadores... Les presté mis cinco sentidos. Lo puse todo de mi parte y solo puede hacerme una idea aproximada del calibre de este negocio que, dicen, moverá un billón de dólares en 2019.

Pero tuve la suerte de topar con una de esas personas pacientes que no se ríe, o al menos no lo hizo en mi cara -aunque no descarto una risilla en cuanto me diera la vuelta-, pese a que cada vez que nombraba un juego o un término -todo en inglés, of course-, yo arrugaba el entrecejo y aunque me esforzaba en decir «¿qué?» de mi boca salía un «¿mande?» patético y digno del mejor Paco Martínez Soria en los años del destape y las suecas.

Este bondadoso especialista fue Sergio Benet, que tiene 42 años pero, escuchándole, viendo cómo la gente del mundillo le hacía reverencias al pasar, da la sensación de que podría tener 20 años, como los jugadores del Counter Strike que conocí y que me miraron con lástima.

Sergio me explicó que todo esto viene de Corea del Sur y cómo se desató hace quince años una afición desmedida por el Starcraft. Y cómo se supo explotar aquellos ratos de ocio hasta convertirlos en un negocio redondo y, más que eso, en un deporte como puede ser el criquet en la India, el lacrosse en Canadá o el rugby en Gales. En un año ya había entrado en las escuelas y dos canales de televisión retransmitían los enfrentamientos a todo el país. Las estrellas del Starcraft no tardaron en adquirir el estatus de un héroe deportivo al que la gente paraba por la calle para dispararle un selfie y hacerle firmar un garabato.

Durante unos años aquello se quedó encapsulado en aquel rincón de Asia, pero en 2005 se expandió por el mundo. Empezaron a crearse las primeras asociaciones, nacieron los canales de streaming para lanzarlo en directo por todo el planeta y otros juegos como el Counter Strike o el Dota asaltaron los ordenadores de millones de jóvenes que veían cómo, de golpe, podían pasar de ser unos golfetes viciosos a unos profesionales respetados y venerados en los siete continentes.

Sergio Benet era, o es, periodista, pero fue de los primeros, hace quince años, en ver venir la proa de los deportes electrónicos y supo convertirse en un especialista. Esa experiencia, cada día más valiosa en estos nuevos tiempos, le sirvió para crear una empresa llamada WEC desde la que llamar a la puerta del Valencia CF y convencer a la gente de Peter Lim de la conveniencia de crear una división de eSports. «Les hice un traje a medida», comenta orgulloso al recordar que ficharon a un jugador coreano para que la marca del club llegara hasta aquel país. El Valencia ha sido el primero pero muchos otros clubes, también de baloncesto, vienen por detrás.

Yo siempre he intentado mantener mi mente bien abierta, libre de prejuicios, para que el filtro no limitara nunca mi capacidad de adquirir nuevos conocimientos, pero soy de otra generación y me cuesta entender que los jóvenes, o al menos muchos de ellos, aprecien más la puntería de un francotirador del Counter Strike disparando contra un terrorista que el bello revés de Roger Federer sobre la hierba ajada de Wimbledon. O que la tensión acumulada durante 45 minutos de un duelo virtual en un videojuego les atrape más que una ascensión al Tourmalet. Pero es lo que hay.

Son los nuevos tiempos. Jóvenes que no abren un periódico y todo lo consumen a través de un ordenador o un teléfono móvil. Adaptarse o morir. O, al menos, envejecer tranquilamente entendiendo cada vez menos lo que sucede a nuestro alrededor. Nunca me ha gustado esa sensación de zote que me entra cuando entramos en el terreno pantanoso de la informática. Me resisto a presentar mi rendición ante estos jóvenes listillos que vienen por detrás. Así que si tengo que aprender sobre los eSports, aprenderé.

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