Ximo y Tere, profesores

«¿Cómo voy a echar de menos dar veinte vueltas para poder aparcar?»

Tere plancha mientras Ximo ayuda a estudiar a Carlos /LP
Tere plancha mientras Ximo ayuda a estudiar a Carlos / LP

Ximo cambió una infancia en una calle de ocho carriles por un pueblo apartado y está feliz | Ha formado una familia y sabe que no volverá a la ciudad

Tere aprovecha que Carlos tie-ne deberes para planchar. Su padre, Ximo, le ayuda. Los dos son profesores y residen en Millena, municipio de la montaña de Alicante con más de doscientas personas censadas. En el casco urbano, en invierno, no llegan a los sesenta. «Vivimos aquí desde hace quince años y para nosotros ha sido una elección muy consciente». Tere sabía de qué hablaba, pues se crio en esas mismas cuatro paredes donde ahora deja la ropa impecable. Ximo no; él cambió el ático del edificio del hotel Renasa de Valencia, en el cruce de las avenidas de Cataluña y Primado Reig, por esta casa. El bullicio del paso de miles de coches al día por un silencio prácticamente ensordecedor. Y en estos quince años desde que se casaron nunca ha flaqueado en su decisión. «No me he arrepentido, claro que no. ¿Cómo voy a echar de menos dar veinte vueltas para aparcar, los semáforos, la contaminación?».

Tere Sellés y Ximo Barroso admiten, no obstante, que se sienten muchas veces como dos bichos raros. «En el instituto muchos profesores me dicen que cómo voy y vengo todos los días, que si no estaría mejor viviendo en Alcoy, o Cocentaina. Yo insisto en que no, que tardo quince minutos en llegar a mi casa, a veces menos que ellos, que viven en la misma ciudad. Siento que vamos a contracorriente, que somos los raros». No lo entienden. Es una elección de vida que todavía no acaba de calar, aunque cada vez haya más conciencia de las ventajas de vivir en un medio rural.

Para ellos, Carlos, su hijo, doce años, ha sido el más beneficiado. «Valoro su infancia, porque no ha tenido la preocupación de cruzar un semáforo, porque se ha criado en la plaza, porque ha tenido la libertad desde pequeño de estar solo en la calle sin que hubiera un mayor cerca». También en la escuela. Carlos va a Benilloba, donde cursa primero de la ESO, con unas notas excelentes, por cierto. En Secundaria hay 34 niños. En total. «¿No supone un lujo poder disfrutar de una educación tan personalizada?»

Es cierto que Millena está a quince minutos de una ciudad de 60.000 habitantes. Y eso facilita las cosas. «Tenemos claro que hay que coger el coche para todo, pero también tiene que usarlo quien viva en una urbanización. No cambia tanto». Tampoco el pleno invierno les asusta. ¿Y si la carretera está helada por la mañana? A veces puede ser peligroso. «¿Cuántas veces pasa eso? No tantas como para pensar en irse, desde luego». Sí admiten que el frío acentúa el problema de la despoblación. «Muchas personas mayores vienen de mayo a octubre. Luego les asusta el frío, la falta de comunicación. ¿Y si pasa algo? Y vuelven a la ciudad».

Población de Millena

221
habitantes (2016)
Densidad
22,55 hab./km cuadrado
Distancia
68 km de Alicante
Altitud
634 metros

Pero, ¿y el calor de un pueblo? No hay sitio donde puedan estar más acompañados. Carlos dice que no cambia Millena, o Benilloba, donde vive su abuela, donde se queda entre semana, por Alcoy, por ejemplo, y eso que sabe que cuando acabe la Secundaria tendrá que irse a estudiar Bachiller fuera. A veces, sin embargo, reconoce que se aburre. «Es que algunos fines de semana no viene nadie, y estamos Iker -otro niño de una edad similar que vive en Millena- y yo. Y no sabemos qué hacer». Como se hace tan pronto de noche, tampoco tienen dónde ir. «Pero es que en la ciudad ves a los niños subiendo y bajando escaleras en el centro comercial. ¿Eso es divertido?», apunta Tere. Reconoce también que en algunos municipios la situación para las familias es más difícil. «Hay una niña en su clase que está sola toda la semana. Vive en Famorca. En Tollos ya no queda ninguno».

Vale, hemos decidido vivir en un pueblo. Como Tere y Ximo. ¿Es más caro? «Para nada. Aunque tengamos que coger el coche para todo. Nos lo ahorramos, por ejemplo, en el impuesto de circulación, que es más barato». Comprar, donde todo el mundo, lo que pueden en el mercado, lo que no en una gran superficie. Nada cambia.

Así que cuando Tere y Ximo tienen que ir a una gran ciudad porque no hay más remedio, están deseando que llegue el momento de volver. Sobre todo él, que tiene tan claro que nunca volvería a Valencia que sus visitas son muy esporádicas. No le hace falta nada de lo que dejó atrás.

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