Donde van las mascotas valencianas cuando mueren

La Comunitat acoge uno de los tres cementerios de animales más grandes de España, donde crematorios y tanatorios para estos fieles amigos también van al alza

María Dolores Cortés, propietaria del cementerio de mascotas Sena, coloca una rosa en una tumba./M. Gardó
María Dolores Cortés, propietaria del cementerio de mascotas Sena, coloca una rosa en una tumba. / M. Gardó
María Gardó
MARÍA GARDÓValencia

La unión entre el perro y el ser humano es de las mejores experiencias de la vida para el que la ha disfrutado y difícil de comprender para el que la observa desde fuera. En una sociedad que tiende al individualismo, los animales de compañía cobran un papel significativo, siendo uno de los mejores aliados contra la soledad en muchos hogares. Las personas les convierten en miembros más de la familia, y como tales los tratan también más allá de la muerte... Así, los cementerios, crematorios y tanatorios de animales van al alza. Valencia acoge una de las tres necrópolis de mascotas más grandes de España.

Hay que recorrer un pequeño camino de tierra, desde la entrada a Monserrat, para llegar al cementerio de mascotas Sena. En plena naturaleza, entre pinos y flores, descansan más de 3.000 animales. El lugar emana la paz de cualquier camposanto humano; pero las tumbas, en tierra, son más pequeñas y las lápidas resaltan por sus ilustraciones coloristas, casi infantiles. Cada una personalizada con fotos del animal, sus juguetes favoritos y una dedicatoria... «Gran amigo» es una de las que más se repite.

Aquí no hay discriminaciones por especie. Junto a una tortuga descansa una cobaya, un gato, una iguana, un hurón, un loro, un periquito o un conejo. Los animales comparten espacio sin distinciones en los senderos boscosos que conforman el cementerio. «Para mí son mis niños y cada uno esconde una historia, hay desde perros policía hasta un gato que salvó la vida de sus dueños en un incendio», explica María Dolores Cortés, propietaria del cementerio de mascotas Sena. Se nota que este lugar para ella es más que un trabajo. Se conoce cada recoveco, cada animal, cada visitante, cada historia.

Los hay que vienen de lejos, como una familia de Castellón que en cuanto puede se acerca a visitar la tumba de su pequeño Homer, un terrier que perdieron en 2015. «Pasamos 13 años junto a él y cuando murió quisimos tener un lugar donde ir a visitarle, no nos bastaba con despedirnos de él en el veterinario», recuerdan. Aún se emocionan al hablar de su amigo, que tiene sobre su tumba dos fotografías, piedras como las que revolvía en el jardín de su casa y las plantas que olfateaba cada mañana de juegos. «Ahora tenemos otro perro y a veces nos recuerda mucho a él en ciertas reacciones, pero cada uno tiene su personalidad, cada uno es diferente», cuentan mientras limpian la lápida cuidadosamente. Antes de irse señalan: «Por favor, cuenta lo amables que han sido con nosotros aquí siempre».

La tumba de Homer, el terrier al que su familia visita desde hace dos años.
La tumba de Homer, el terrier al que su familia visita desde hace dos años. / M. Gardó

Esa unión a veces traspasa la última frontera. Muestra de ello es un columbario que se encuentra a la entrada de la necrópolis donde descansan algunos animales junto con los que fueron sus familias. «Esto es una novedad que estamos implantando», explica María Dolores.

«Nosotros trabajamos como una funeraria y damos todos sus servicios las 24 horas, nos encargamos recoger el cuerpo y traerlo hasta aquí», apunta la propietaria. No hacen velatorios ni son un tanatorio, pero sí celebran una pequeña ceremonia íntima con la familia en una sala del cementerio: «Leemos un pequeño poema y nos despedimos del animal, luego lo envolvemos en un sudario y los enterramos en una fosa en tierra».

Tumbas del cementerio de Monserrat, donde descansan más de 3.000 animales de compañía. En la última imagen, poema que se lee en las ceremonias previas al enterramiento, / M. Gardó

El precio de todo el proceso es de 250 euros y el alquiler de la tumba de 20 euros al año. Otra de las opciones es la incineración, donde el propietario se lleva la urna a casa o la deja allí.

Un tanatorio como el de los humanos

Una sala acristalada con cortina, otra contigua con sofás, un libro de condolencias... Sí, los tanatorios de animales funcionan como los de las personas y la Comunitat cuenta con algunos. Funema Alzira, situado en la localidad de la Ribera, trabaja para diferentes poblaciones, desde Gandia a Ontinyent. Sara Riera es la responsable de esta empresa: «El sistema es parecido al de los humanos, aunque quizás las ceremonias son más íntimas, viene la familia cercana».

Prestan servicio las 24 horas al día, sin descanso. «Nunca se sabe cuándo puede haber una defunción, aquí no hay días laborables o festivos», apunta. Explica que cada cliente es un mundo. Unos quieren asistir a todo el procedimiento mientras otros prefieren despedirse del animal en el veterinario y acudir a recoger las cenizas más tarde, con la última imagen de su amigo aún en este mundo.

Tras el último adiós, cada cual decide qué hacer con la urna. «Ahí ya no entramos nosotros, se la llevan a casa, buscan un lugar especial para esparcir los restos o plantan un árbol para que la vida siga de alguna forma», cuenta.

Cobras, ninfas o agapornis... «Es increíble el cariño que se puede coger a un animal, sea perro, gato, ave o roedor. Hemos visto de todo», apunta Riera.

El precio del servicio funerario para un animal pequeño ronda los 140 euros, aunque varía según las peculiaridades de cada caso.

Instalaciones de Funema Alzira.
Instalaciones de Funema Alzira. / Funema

Proponen varias maneras de recordarles, como colgantes donde guardar las cenizas, relicarios o figuras del fallecido.

Lo cierto es que si nadie muere cuando alguien le recuerda, ellos, entonces, nunca se van.

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