Cáritas alerta de que la exclusión y la pobreza se cronifican en la Comunitat

El obispo Ros, junto con el director y la secretaria general de Cáritas diocesana durante el acto. / LP
El obispo Ros, junto con el director y la secretaria general de Cáritas diocesana durante el acto. / LP

La institución de ayuda social de la Iglesia critica en la presentación de su memoria anual que tener un trabajo ya no significa salir de la precariedad

TEO PEÑARROJA VALENCIA.

Ayer se presentó en Valencia la memoria de Cáritas diocesana de 2017. Ignacio Grande, director de la institución, aseguró que «no hay mejoría en las situaciones que atendemos, sino cronicidad de la exclusión y la pobreza», y todo ello «a pesar de la mejora en los datos macroeconómicos».

En efecto, Cáritas constata que ha bajado el número de personas que atienden de las 60.000 del 2016 a cerca de 53.000 en 2017, pero lo achacan a que la Comunitat «pierde migrantes que se marchan porque aquí no hay oportunidades» y «es una de las autonomías que más población pierde», como señaló Fani Raga, secretaria general de la entidad de ayuda social.

Desde Cáritas indican que el 77% de las personas atendidas son «conocidas», es decir, que ya recibían ayuda de la organización desde años anteriores. Esto evidencia, según Raga, que «se ha normalizado la precariedad». «Antes un trabajo significaba salir de la pobreza», señala Grande, «pero hoy asistimos a un modelo en el que lo precario es lo normal». Según los datos que maneja Cáritas, 9 de cada 10 contratos firmados en 2017 fueron de jornadas parciales, y el 30% de ellos no alcanzan el salario mínimo interprofesional.

Durante el pasado año, Cáritas diocesana invirtió más de cuatro millones y medio de euros en sus programas de atención social, que se centran en los campos de la vivienda, el empleo digno y el salario justo, la salud y la educación. Como afirman desde la institución, esto fue posible gracias a la colaboración de más de 6.000 voluntarios. En lapresentación de la memoria anual, los dirigentes de Cáritas también se refirieron al perfil de las personas que atienden; la mayoría de ellas son parajas jóvenes con hijos o mujeres solas con hijos y personas migrantes en situación de irregularidad administrativa.

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