De Rocafort hasta el Everest para luchar contra el cáncer

Carmen González-Meneses y Javier Oliver./LP
Carmen González-Meneses y Javier Oliver. / LP

Cada cima que alcanza un matrimonio de Valencia sirve para ayudar en la investigación oncológica

JOAN MOLANO

Puso el contador a cero hace algo más de cuatro años. Corría el mes de junio de 2013 cuando le tocó pasar por quirófano para que le extirparan los dos pechos y evitar así que el maldito cáncer volviera a invadir su cuerpo. Porque el bicho y ella, por desgracia, ya se conocían. Poco tiempo antes le habían diagnosticado un melanoma en la espalda que pudieron curar los médicos sin que tuviera que someterse a sesiones de quimio.

Después de la última intervención comenzó a valorar más que nunca lo que significa estar viva, aunque sabía que hoy en día el cáncer de mama ya no supone una sentencia de muerte. Atrás quedaba la angustia que le generaba cada visita al hospital para conocer si la hiperplasia con atipia celular de su pecho izquierdo se había convertido finalmente en un tumor. Tenía que celebrar que todo había salido bien y sentía la necesidad de hacer algo que sirviera para mandar un mensaje positivo a quienes, como ella, habían superado la dolencia y a los familiares de los que no pudieron hacerlo pese a haber peleado tanto.

Así, el 29 de septiembre de 2015 alcanzaba la cima del Kilimanjaro. Lo hizo como miembro de la Asociación Española Contra el Cáncer (Aecc) junto a un grupo de mujeres que también sobrevivieron a la enfermedad. Su marido, el hombro en el que se había apoyado durante tanto tiempo, echó a llorar de emoción aquella mañana nada más descolgar el teléfono de casa. Sabía que era su mujer quien estaba al otro lado para comunicarle, a 5.895 metros de altura, que lo había logrado. Esa gesta significaría el comienzo de algo muy bonito.

Carmen González-Meneses tiene 50 años, y su esposo Javier Oliver 52, son notarios y viven en Rocafort junto a sus dos hijos, Rafael y Javier, mayores de edad. Todos comparten la pasión por la montaña que heredó de niño el mayor de ellos, quien siendo un mocoso ya pisó la cumbre del Monte Perdido (3.355 metros) en el Pirineo aragonés. La familia al completo ha tocado el techo de los Alpes franceses y suizos, del Atlas marroquí y los Andes Bolivianos. La pareja, a raíz de aquella llamada de Carmen desde Tanzania, se ha volcado en numerosas acciones solidarias relacionadas con la escalada para recaudar fondos que sirvan para ayudar a acabar con el cáncer. Precisamente este domingo 4 de febrero de 2018 se celebra el Día Mundial contra el Cáncer 2018.

Carmen González-Meneses y Javier Oliver.
Carmen González-Meneses y Javier Oliver. / Jesús Signes

Hace más de un año decidieron aunar todos sus desafíos en algunos de los picos más famosos en un proyecto: 'Encordados por la vida'. A través del mismo han colaborado con niños en tratamiento oncológico y subvencionado planes de investigación contra el cáncer. Para ello han contado siempre con la implicación directa de empresas y particulares: "Sin ellos nada sería posible". La iniciativa ha funcionado tal como habían planeado, hasta recibió el reconocimiento de la publicación digital Sense Límits Aventura a la mejor actividad de montaña en la Comunitat Valenciana durante 2016. Entre sus principales objetivos se encuentra la difusión de la vida saludable y el deporte como medio para la prevención y superación de la dolencia o la concienciación del necesario acompañamiento y apoyo a los enfermos para poder superarla.

Su historia como 'encordados' comenzó en julio de 2016. Carmen y Javier ascendieron a dos grandes volcanes de los Andes de la República de Ecuador (Cayambe y Chimborazo) en colaboración con la Asociación Española de Alpinistas con Cáncer. Las donaciones de ese reto permitieron entregar una ingente cantidad de material escolar y deportivo a los niños del ala de oncología del Hospital Solca, en la ciudad de Guayaquil.

Los niños del Hospital Soca de Ecuador con el material escolar donado fracias a 'Encordados por la vida'.
Los niños del Hospital Soca de Ecuador con el material escolar donado fracias a 'Encordados por la vida'. / LP

Metros convertidos en euros

Cuatro meses más tarde, en noviembre, la pareja de Rocafort alcanzó el techo de otro volcán, el Ojos del Salado, el más alto del mundo, enclavado sobre el límite entre Argentina y Chile (6.893 metros) y segunda cima más alta de América junto a la de otros dos grandes cráteres, el San Francisco y el Barrancas Blancas, que superan también la mágica cifra de los 6.000 metros y cuya cumbre logró pisar el matrimonio. Con esta última gesta donaron 390 euros a la filial valenciana de la Aecc.

Prácticamente sin tiempo para recuperarse de su último periplo, en enero de 2017, los 'encordados' regresaron a tierras ecuatorianas para intentar llegar a lo más alto en el mayor número de volcanes. Lo consiguieron en cinco: Corazón, Rumiñahui Central, Illiniza Norte, Illiniza Sur y Antisana. Los tres últimos de más de cinco mil metros de altitud. El desafío consistía en convertir en dinero la máxima altura alcanzada. Un empresario anónimo de Manises donó un euro por cada metro ascendido del Antisana. La recaudación se cifró en 5.704 euros.

Momento de escalada en los Andes bolivianos.
Momento de escalada en los Andes bolivianos. / LP

En marzo del año pasado les esperaba el Atlas marroquí. La empresa valenciana Dacsa participó en la expedición mediante una contribución de 1.500 euros. Coronaron el Toubkal (techo del norte de África, de 4.167 metros de altitud), y otros dos cuatromiles, el Toubkal-West y el Biiguinnoussene. Con el objetivo cumplido, quisieron más, pero las malas condiciones climáticas, y la prudencia, les hicieron desistir de acometer otras escaladas en la zona.

Llegado el verano, la familia Oliver González-Meneses puso rumbo a los Andes Bolivianos, donde vencieron a nueve colosos: Pico Austria, Jallayco, Tarija, Pequeño Alpamayo, Condoriri-Cabeza del Cóndor, Pirámide Blanca -todos de más de cinco mil metros- y Huayna Potosí e Illimani -que superan lo seis mil-. Por si esto fuera poco, Javier decidió subir por segunda vez el Jallayco haciendo trail-running y registrando una buena marca: 2 horas y 20 minutos, ida y vuelta desde el campo base.

En esta ocasión, el reto solidario fue sobre todo para ellos. Aseguran que consistió en una "cura espiritual". "Pudimos recibir la amistad de personas nobles y sencillas, disfrutar de la naturalidad de las gentes andinas y de la armonía con el paisaje", cuentan. No obstante, la empresa valenciana RACRISA también se 'encordó' al grupo de escaladores y destinó 500 euros a la Asociación Española Contra el Cáncer.

La bandera de 'Encordados por la vida' en los Andes bolivianos.
La bandera de 'Encordados por la vida' en los Andes bolivianos. / LP

El ataque al pico más alto del mundo

Cada aventura cumplía las expectativas de Carmen y Javier, pero él tenía entre ceja y ceja una meta aún mayor: el Everest. Ya consiguió en 2015 acumular en un solo día montado en una bicicleta de carretera, sin descansar, un desnivel vertical ascendente de 8.848 metros, justo la altitud del pico más alto del planeta. Lo logró en el Mont Ventoux (1.912 metros), mítico puerto del Tour de Francia, tras seis subidas, con las consiguientes bajadas, y 13 horas de pedaleo continuo. En aquella hazaña, la firma GTA Spano donó en euros a la Aecc la altura de la montaña asiática.

Javier Oliver en los Andes ecuatorianos.
Javier Oliver en los Andes ecuatorianos. / LP

Javier quiere ahora coronar uno de los lugares más magníficos y a la vez más trágicos y peligrosos del mundo. Partirá desde Rocafort hacia la cordillera del Himalaya el próximo 23 de marzo e intentará hacer cima casi dos meses después, "sobre el 10 de mayo". Formará parte de una expedición norteamericana que probará escalar la montaña en el premonzón de este año por la vertiente nepalí, justo por la misma ruta que siguieron en 1953 los primeros conquistadores del Everest, Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay.

Una dura contienda

La idílica aproximación a lo más alto del pico por el valle glaciar del Khumbu hacia el campo base, situado a 5.350 metros de altitud, se convertirá en una dura contienda a partir de allí. Después llegarán la Cascada de Hielo, el Valle del Silencio, las Bandas Amarillas, el Collado Sur o el Escalón de Hillary. Hitos de paso obligado en la ascensión, lugares tan hermosos como peligrosos. Javier utilizará oxígeno embotellado para el día de ataque a la cumbre, mientras se mueva por lo que se conoce como 'la zona de la muerte', "donde la vida es imposible y el cuerpo humano empieza un imparable proceso de destrucción". "Sólo un 3% de los que suben, lo hacen a pulmón", subraya. "Debo buscar el equilibrio entre el sueño de pisar la cumbre, de por sí muy arriesgado, y la línea roja de no volver a casa. El oxígeno me ayudará a inclinar la balanza".

Javier, con todo el material con el que intentará coronar el Everest.
Javier, con todo el material con el que intentará coronar el Everest. / LP

Desde hace un tiempo, Oliver está preparándose para el desafío. Sigue religiosamente un programa de entrenamiento exhaustivo que mezcla sesiones de carrera, bicicleta y preparación en hipoxia para evitar el mal de altura. "Quiero estar en la mejor forma física posible para poder llegar a la cumbre. He visionado mil veces esos últimos pasos", señala. "Soy un tipo corriente, no soy Juanito Oiarzábal. Tampoco negaré que me aflige un cierto temor reverencial hacia 'el monstruo', pero me da mucha fuerza hacerlo por mi mujer, que esta vez no podrá ser mi sombra, por mí y por todos aquellos que padecen o han padecido cáncer, por eso la bandera de 'Encordados por la vida' ondeará desde lo más alto", concluye a poco más de un mes para que comience su próxima aventura, que comentará a través de las redes sociales y para la que busca donaciones que ayuden a hacer aún más grande su proyecto solidario.

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