Las barreras de las vacaciones

Un hombre en silla de ruedas contempla el mar.
Un hombre en silla de ruedas contempla el mar. / LP

Los afectados por algún tipo de discapacidad piden un plan de acción para mejorar y acercar las prestaciones del sector a sus necesidades Seis de cada diez personas con movilidad reducida no viajarán por la falta de servicios turísticos adaptados

MAR GUADALAJARA VALENCIA.

«Por muy valiente que seas siempre te encuentras muchas adversidades», confiesa Amparo con media sonrisa. «Me considero igual que cualquier otra persona, yo he tenido dos vidas y no era así antes, no merezco un trato diferente ahora». Ella va en silla de ruedas y no viajará este verano porque «sólo buscar una habitación bien adaptada ya es una odisea», una auténtica carrera de obstáculos.

Como Amparo, muchas personas se quedarán en casa, sin vacaciones, por las dos ruedas de su silla. El 85% de los que sufren las consecuencias de la movilidad reducida consideran insuficiente la oferta de turismo accesible. Además, este verano, seis de cada 10 dejarán de viajar a algunos destinos que le resultaban de interés debido a la falta de servicios e instalaciones accesibles, según un estudio realizado por la Fundación Adecco.

En Valencia, asociaciones como Aspaym luchan para que el sector turístico trabaje en dar opciones a las personas con discapacidad física. «Hace muchos años que venimos insistiendo en el tema del turismo accesible desde la confederación de asociaciones españolas, ahora queremos que se actúe en el ámbito autonómico», explica el presidente de Aspaym, Pepe Balaguer.

También asegura que «hemos presentado, tanto a la conselleria como al Ayuntamiento un plan de actuación para que el sector turístico mejore los servicios y la atención. A través de las administraciones podremos trabajar conjuntamente, pero necesitamos una solución».

Mientras lo habitual es desear la llegada de las vacaciones, disfrutar de la playa o incluso permitirse el lujo de elegir un destino al azar, sin pensarlo, las personas con movilidad reducida no pueden ni bañarse en la playa más cercana a la ciudad. Se enfrentan a muchas barreras que empiezan por el simple hecho de planear un viaje y pensar en el medio de transporte, ya que «no todas las empresas de autobuses disponen de vehículos adaptados y en tren puedes ir de una ciudad a otra, pero de Valencia a Gandia o a Cullera no, porque en esa estación no puedes bajar con la silla», explica Balaguer.

Obstáculos

«Se hacen muchas cosas de cara a la galería, pero no ayuda en absoluto, porque tú crees que esa estación está adaptada y te atreves a coger el metro de Barcelona, y resulta que entre el tren y el andén hay un escalón que con la silla no puedes subir. Pero está indicado como zona apta para movilidad reducida», dice Amparo indignada.

El siguiente obstáculo que deben afrontar es el hospedaje. Susana reconoce que no viaja mucho porque «antes de hacer cualquier pequeño viaje debes tener en cuenta cuestiones como que el hotel resulte accesible. Primero la entrada pero, después, que la habitación tenga lo básico que necesitamos y que el baño esté acondicionado», explica resignada. En su cabeza ronda Granada, le gustaría poder empaparse de la historia de esta ciudad, pero sabe que no es fácil.

El problema no está en superar todos esos obstáculos, sino en intentar que cada vez sean los menos posibles. Las asociaciones no se rinden y piden mayor visibilidad. Quieren que se tomen en serio sus necesidades.

Amparo tampoco tira la toalla, cree que se trata de «una falta de conocimiento porque en muchos sitios nos ven como algo anormal y que tengas dificultades para hablar o para moverte no significa que seas inferior o no tengas derecho a viajar». Como explica Amparo, «el turismo es una manera de inclusión, de normalizar una realidad, para que se respete que puede haber una persona con otras necesidades».

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