Adictos al sol

Imagen de la playa de la turística localidad valenciana de Cullera, el pasado fin de semana. / EFE/Manuel Bruque

Las personas con tanorexia están obsesionadas con estar morenas. El cáncer de piel es la consecuencia más directa de esta enfermedad

ELISABETH GARCÍA y MARÍA BARBERValencia

Jóvenes mayores de 35 años, pelirrojos y rubios con ojos azules son el perfil clásico de personas adictas al sol. La tanorexia es una obsesión que provoca alteraciones de conducta por la búsqueda de un beneficio inmediato en la imagen corporal. «Una persona toma el sol, se relaja y se ve más guapa. Y durante el año lo busca, sin considerar su tipo de piel», afirma Carlos Guillén Barona, especialista en manchas y cáncer de piel. La falta de información justifica que estas personas consideren necesario exponerse al sol durante tantas horas. Rayos ultravioletas, psicoestimulantes y liberación de endorfinas son los factores que generan la adicción.

El dermatólogo afirma que es una enfermedad, ya que cuando se miran al espejo se ven «blancos» y necesitan ponerse al sol para estar más morenos. «Incluso dicen que no pueden salir a la calle sin tomar antes rayos uva», declara Guillén. El especialista considera que el hecho de «acudir a métodos artificiales», como salones de bronceado, es un motivo más para detectar que una persona padece tanorexia.

Una de las principales consecuencias del abuso desmesurado de exposición solar, explica el experto, es «el envejecimiento prematuro de la piel junto con la aparición de arrugas y manchas que más tarde pueden derivar en cáncer de piel». Asimismo, para que una persona tanoréxica pueda desarrollar cáncer, relata el dermatólogo, «debe haber tomado el sol constantemente durante más de 15 años, ya que a partir de ahí es cuando se producen fallos en la piel».

La doctora Almudena Mateu Puchades, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Doctor Peset, afirma que tomar el sol de manera excesiva y la genética son las principales detonantes de la enfermedad. Asimismo, la experta asegura que es muy importante ser conscientes de los efectos que tiene el sol sobre nuestra piel desde pequeños, ya que las quemaduras que suframos en la infancia pueden tener «graves consecuencias en la edad adulta».

Los testimonios

«79 años sin crema solar»

Oriana Toledo (Bañista). «Mi médico me recomendó que no tomara el sol porque tengo falta de Vitamina D». Toledo se pone crema antes y después de meterse al agua. A pesar de ello, hace unos años le empezaron a salir manchas porque tiene la piel más sensible, sobre todo en la cara. La bañista considera que es fundamental aplicarse el protector solar para evitar problemas como el cáncer de piel en el futuro.

Haser Hernán (Turista). Este madrileño adora venir a las playas valencianas con su mujer y su hijo. Mientras el matrimonio se aplica crema del 20, a su hijo le ponen protector solar de 50.

Eva Tràvnickova (Checa de Erasmus). «Vengo a la playa para descansar y porque me gusta el mar de este país». La estudiante checa asegura que casi nunca se aplica protector solar porque quiere ponerse morena.

Julián Haba (Valenciano). El valenciano que trabaja en Suiza aprovecha los días de vacaciones para ir a la playa con su mujer. «Vengo las horas fuertes porque quiero ponerme moreno», afirma Haba.

Gabriel Beltrán (Vecino del Cabanyal). «Tengo casi ochenta años, voy todos los días a la playa y no me pongo crema». Este vecino del Cabanyal trabajó durante toda su vida en montajes eléctricos para maquinaria de minas. Pasaba largas horas todos los días al sol y nunca se aplicó protección solar. «El sol no es peligroso, tengo 79 años y aquí estoy», declara.

Los datos facilitados por la Conselleria de Sanitat corresponden al año 2013, cuando se registraron 235 hombres y 224 mujeres afectadas por cáncer de piel. Mientras que en los varones la mayoría de casos se manifiestan entre los 75 y los 79 años, en las mujeres es entre los 65 a 69.

Mateu asegura que ha aumentado de forma exponencial el cáncer cutáneo porque hace unas décadas la sociedad no tenía información suficiente sobre los efectos dañinos de la exposición solar. Para la especialista, aplicar el fotoprotector solar (al menos de protección 30) antes y después de mojarse es «necesario» para reducir la radiación solar sobre nuestros cuerpos. Asimismo, la rutina de tirar la toalla y tumbarse en la arena entre las 11:00 de la mañana y las 16:00 de la tarde aumenta el riesgo de que aparezcan quemaduras solares, según explica la experta. Este es uno de los detonantes del cáncer de piel. Enrojecimientos, ampollas y descamaciones son los síntomas visibles de la enfermedad.

«Un tanoréxico nunca está satisfecho», declara Almudena Mateu. Su tono de bronceado es «insuficiente» y deriva también en problemas psicológicos como la ansiedad o la depresión, según cuenta la jefa de dermatología del Peset.

Tomar el sol de manera continua durante más de 15 años puede derivar en cáncer de piel

Ángel Pozo, psicólogo experto en adicciones no tóxicas, afirma que detrás de la tanorexia se «camuflan problemas más graves como la baja autoestima o la desestabilización emocional». Ejemplo de ello es la búsqueda de la imagen física «perfecta», ya sea a través del abuso de cosméticos o del ejercicio físico.

«Se deben complementar la ayuda dermatológica y la psicológica para erradicar la patología», relata el especialista en adicciones no tóxicas. Las repercusiones cuando «no pueden conseguir el moreno que desean», según Pozo, es el problema de esta enfermedad.

Otra de las consecuencias que puede tener una excesiva exposición solar es la alergia al sol. Mujeres mayores de 30 años son el perfil más común de alérgicos al sol, explica Víctor Alegre, dermatólogo y profesor de la Universitat de Valencia. «Se manifiestan con erupciones cutáneas que afectan predominantemente a la V del escote y que suelen aparecer desde unas horas hasta varios días después de la exposición solar», afirma Alegre.

«La tanorexia camufla otros problemas como la baja autoestima» Ángel Pozo (Psicólogo experto en adicciones no tóxicas)

Quemaduras solares exageradas, despegamiento de la piel y aparición de ampollas son algunas de los síntomas que sufren los alérgicos al sol. Asimismo, el profesor de la UV declara que «evitar exposiciones progresivas y limitadas a la luz solar» es clave para prevenir esta enfermedad. Las personas que reaccionan de manera anómala al sol no deben evitarlo, asegura Alegre, sino reducir el tiempo que pasan bajo los rayos ultravioletas y, por tanto, las quemaduras.

Es cierto que todos queremos sentirnos mejor, pero no por ello hay que dejar de lado la salud. Cada día que nos exponemos al sol corremos riesgos. Por tanto, debemos protegernos de los rayos solares, porque como afirma el dicho popular: La piel tiene memoria.

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