«Cuando abandonan el centro de menores llegan a pasar meses con mucha angustia»

Lucía Silvestre, responsable de infancia de Cruz Roja, señala que «les cuesta elaborar la historia real de que sus padres no pudieran o quisieran hacerse cargo de ellos»

DANIEL GUINDO

valencia. «A estos chicos se les pide que sean totalmente autónomos con 18 años y después de atravesar unas vivencias muy duras, cuando la edad media de emancipación en España son los 29 años». Lucía Silvestre es la responsable del programa de infancia y dificultad social de Cruz Roja en la provincia de Valencia y trabaja a diario tanto con jóvenes tutelados y extutelados por la Generalitat como con familias que requieren de una intervención de los especialistas de la ONG para ayudarles en el cuidado de sus hijos. Silvestre forma parte de ese equipo de técnicos que ayuda a los adolescentes en su tránsito desde el centro de menores a la vida autónoma con programas especializados, enfocados, sobre todo, a la búsqueda de empleo y, en el caso de los inmigrantes, a la regularización de su situación administrativa. Esta trabajadora social advierte de que, «en el momento en el que abandonan los centros de menores, se les genera mucho miedo y angustia en estas primeras semanas, e incluso meses», de ahí la importancia de llevar a cabo un acompañamiento «con el objetivo de que se inserten y sean capaces de vivir por ellos mismos».

Existen varios perfiles de estos jóvenes. Por un lado, «extranjeros que, en su mayoría, han venido buscando un futuro mejor, que han salido de sus casas en Camerún, Argelia o Marruecos normalmente sin comunicarlo a sus padres o que se habían quedado huérfanos». Por otro, chicos y chicas nacionales que «por algún motivo, su familia no ha sabido o no ha podido ejercer sus funciones». A este segundo grupo, en la mayor parte de los casos, «le cuesta mucho elaborar la historia real de que sus padres no pudieran o no quisieran hacerse cargo de ellos. Algunos te comentan que fue por la falta de recursos económicos, pero se suele mezclar también con problemas de adicciones o de salud mental. No acaban de tenerlo del todo claro, pero hay que entender que, cuando eres pequeño, es muy difícil comprenderlo». «También hay casos de afectados por alguna diversidad funcional que se han quedado sin familiares que se puedan hacer cargo de ellos», agrega la responsable del programa.

En los programas de atención, estos profesionales se enfrentan tanto a situaciones positivas como negativas. Por ejemplo, describe Silvestre, «hemos tenido chavales que han llegado teniendo que aparcar coches para ganarse la vida, y han salido con trabajo, pareja, un hijo y todo les va bien». Frente a ello, también se dan casos de jóvenes «que no pueden con la situación, que les desborda, incluso llegar a abandonar los programas y pasamos mucho tiempo sin saber nada de ellos», lamenta.

Lucía Silvestre

Los especialistas de Cruz Roja atienden a más de un centenar de estos adolescentes al año en la provincia de Valencia y les ayudan en este duro tránsito desde el centro en el que están bajo la tutela de la Generalitat, donde empiezan a conocerlos y a trabajar con ellos, hasta su emancipación. «Movilizamos todos los recursos posibles teniendo en cuenta que ellos son el centro», agrega. Por último, pone el acento en incrementar el trabajo en la prevención. «Hay que entender las señales que nos dan nuestros hijos desde lo preventivo, ya que cuidar es muy bonito, pero también estresante».

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