Las Provincias

Casi siete mil condenados al año por alcohol al volante en la Comunitat Valenciana

Agentes de la Guardia Civil de Tráfico durante un control de alcoholemia en El Saler. :: Jesús Montañana
Agentes de la Guardia Civil de Tráfico durante un control de alcoholemia en El Saler. :: Jesús Montañana
  • La mitad de conductores sometidos a controles de drogas dan positivo pero menos de un 1 % acaba sentenciado

La muerte de José Antonio Albi con 28 años ha convertido el atropello de ciclistas de Oliva en el accidente de circulación más grave del año. Tres fallecidos y dos aficionados heridos graves por una conductora que casi cuadruplicaba la tasa de alcohol permitida y dio positivo en cocaína. Consumos delictivos como los de Mavi S. son motivo de casi 7.000 condenas cada año en la Comunitat Valenciana, según datos de la Fiscalía. Siete de cada diez conductores sentenciados por delitos viales consumieron alcohol, drogas o ambas sustancias.

La duda es si los controles, multas, condenas, cursos y retiradas de carné, están logrando apartar las sustancias tóxicas de la conducción. La visión de autoescuelas y expertos en seguridad vial es que no. Al menos, no tanto como sería deseable para evitar bombas sobre el asfalto como la que el domingo estalló en Oliva. O como la que acabó con la vida de una joven en Chiva. O la embestida mortal a una conductora en Valencia

En líneas generales, detectan una elevadísima reincidencia, una insuficiencia de los cursos ante el problema del alcohol, un número ínfimo de condenas por droga al volante y la dificultad de que los conductores adictos emprendan una rehabilitación o se garantice su desintoxicación antes de volver a coger coche, el nuevo plan de la DGT ante el problema.

Arrancamos por los controles de alcoholemia. La Guardia Civil de Tráfico realizó el año pasado más de medio millón de pruebas en nuestra región. Como resultado, se comprobó que un 2% de los controlados iba bebido: 9.000 conductores. El mayor riesgo es que 2.000 de ellos osaron ponerse al volante con borracheras muy considerables que sobrepasaban la tasa del 0,60, la que marca la frontera entre infracción administrativa y delito.

¿Qué pasa después con esos delincuentes viales? Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados (AEA) lo resume así: «Aunque la ley contempla penas de prisión, si no son reincidentes o han causado alguna muerte circulando ebrios no pisan la cárcel. En la mayoría de sentencias hay conformidad y el conductor acaba con una multa de 1.500 euros, ocho meses sin carné y obligado a realizar un curso de educación vial para recuperar el permiso».

Juan Carlos Muñoz, presidente de la Asociación Valenciana de Autoescuelas (AVAE), lo corrobora: «Si no hay muerte de por medio, en cuyo caso concurre un homicidio imprudente, casi nadie va a prisión por tasas altas de alcoholemia. Sólo recuerdo un caso de un alumno reincidente que llegó por tercera vez a los cursos para recuperar el carné y había pasado cuatro meses en Picassent». El 80% de los conductores que pasan por estos cursos en la Comunitat proceden de delitos viales relacionados con el consumo de alcohol. «Y hay gente que lo ha hecho hasta en seis ocasiones», asegura Muñoz.

En el caso de las drogas, las pruebas a conductores en la región son 143 veces inferiores en número a las de alcohol. Hay algo más de 3.600 al cabo del año. Y aquí aparece un dato significativo: mientras en los controles de alcoholemia sólo un 2% de los que los pasan da positivo, en estupefacientes el porcentaje se eleva hasta casi la mitad. El año pasado, la Guardia Civil certificó más de 1.700 positivos en drogas y en lo que va de año casi 700.

A diferencia de lo que sucede con el alcohol, en drogas no hay tasas marcadas por ley, con lo que la dificultad para atribuir un delito es inmensa. Según Arnaldo, «lo realmente complejo es demostrar la influencia de las drogas en la conducción del sospechoso», algo que depende de un test adicional a la prueba de saliva basado en factores como las pupilas dilatadas, voz pastosa y otros indicios.

Combinación de sustancias

En todo el año pasado, la Guardia Civil sólo instruyó 11 diligencias por conducción bajo efectos de drogas con carácter de delito. «Y el índice de condenas en los tribunales por ir drogado al volante es ínfimo. No llega ni al 0,01% de los casos», describe Arnaldo.

Ángel Rivilla, experto en seguridad vial y director de la escuela de conductores Más Que Conducir, ahonda en los efectos de los cócteles de alcohol y droga sobre conductores. «El consumo de cualquier droga tiene un impacto muy negativo y muchos desconocen los efectos de mezclarlas», pese a que provoca alteraciones «peligrosas e imprevisibles».

Según Rivilla, «hay drogas que ralentizan el funcionamiento del sistema nervioso central, como el alcohol». Se asume más riesgo, se producen graves alteraciones en la percepción del entorno, disminuye la concentración, la capacidad de reacción... Otras «producen el efecto contrario, algo que sucede con cocaína y anfetaminas, entre otras». Además, se suman las perturbadoras o alucinógenas: derivados del cannabis (hachís o marihuana), LSD o el éxtasis.

«Todas son peligrosas, pero si se mezclan con otras, hay consecuencias que pueden pasar desapercibidas para los consumidores». Los efectos de cada una pueden potenciar o enmascarar los efectos de las otras. Bajo influencia de la coca, «una persona puede ingerir gran cantidad de alcohol sin sensación de embriaguez, pues su efecto estimulante camuflará el de la bebida». Y este es el gran peligro: «El conductor no será consciente de las graves alteraciones que se producen en su estado psicofísico y eso puede llevar a tomar decisiones con consecuencias irreversibles».

Las sustancias estimulantes presentan otro problema añadido: «El conductor puede sufrir un peligroso efecto rebote. El sueño y la fatiga aparecen de forma repentina y totalmente inesperada».

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