Las Provincias

Menos centros de enseñanza en castellano

Menos centros de enseñanza en castellano

El 54% de los centros han elegido alguno de los niveles avanzados de los nuevos programas lingüísticos, según ha informado escuetamente la Conselleria. Del total, siete de cada diez, dice la Administración, han optado por un nivel superior a la equivalencia de su actual programa lingüístico. Los datos requieren mayor pormenorización para hacer un análisis exacto, pues más allá de las distinciones provinciales, quedan por aclarar varias dudas: el reparto entre pública y concertada, el número de centros que no alcanzaron un consenso en su consejo escolar y tuvo que decidir la Administración y, por último, el número de alumnos y no sólo el de centros. Con estas limitaciones, las reacciones han sido cautas, en espera, ya digo, de más datos.

No obstante, para un primer momento, estos resultados suponen un espaldarazo para la estrategia de la Conselleria en la extensión de la enseñanza en valenciano -dejemos aparte lo del inglés, pues el cambio no trataba tanto de eso-. A las voces, defensoras de la inmersión lingüística, que criticaron la tibieza de la reforma, estos números les quita sus temores. El conseller Marzà -y los argumentos socialistas que recomendaban estos tientos- puede defender que la estrategia de la seducción no será tan lenta como le vaticinaban, pero sí menos frentista y por tanto menos polémica y, en consecuencia, con mayor garantía de permanencia.

Claro que no toda la sociedad comparte la visión que establece este decreto, y por ello cualquier cambio en la materia siempre acarreará polémica. La visión que establece el decreto por la cual sólo hay un destino plurilingüe, eficaz y científico, que es el que vehicula la enseñanza en valenciano y va incorporando el inglés a más asignaturas y donde el castellano tiene la cabida en la escuela que marca el mínimo legal establecido en la Lomce. El centro que no se encuentre ahí, sólo puede estar en camino.

Este sentido único se ha evidenciado -a favor y en contra- en el premio de las certificaciones de idiomas para los centros que alcancen los niveles sugeridos. Ya saben, fundamentalmente el inglés como reclamo para las familias. Pero para alcanzar las cifras anunciadas por la Conselleria, se requieren de otras herramientas que son las que necesitan, todavía, de respuesta para saber cuán exitoso es realmente ese 54% apuntado. La primera es que la aprobación del nuevo modelo lingüístico recaiga en el consejo escolar de centro, lo que contrasta con el anterior decreto del PP que incorporaba la consulta a las familias. En el tema de la lengua, ya ven, no toca el modelo asambleario y sí el control y los pesos que hay en un consejo escolar, reconociendo, eso sí, que la Administración exigió la aprobación por dos tercios. Por ello, el primer dato que falta es saber cuántos centros no llegaron al consenso y tuvo que ser la Administración la que decidiera.

La otra estrategia para el avance en los programas de inmersión, y posiblemente la que más segregación escolar produzca, es la obligación de que un centro sólo tenga un programa lingüístico y no como hasta ahora donde en un mismo centro convivían diversos programas. Para mi, ese es el gran vuelco. Hasta ahora, el 52% de los centros impartían enseñanza en valenciano, ya fuera en exclusiva o conviviendo con líneas en castellano. Ahora, según los datos de Conselleria, será el 54%. En ese sentido, no ha sido tanto el cambio, aunque sí lo será en número de alumnos. Por el contrario, hasta ahora el 71% de los centros sostenidos con fondos públicos contaban con alguna línea en castellano, porcentaje que ahora se reduce al 16% sólo con nivel básico, o el 46% si se añaden los niveles intermedios. Es decir, no habrá tantos centros nuevos que ahora oferten líneas en valenciano, aunque estas líneas sí ofertarán más plazas escolares. Lo que retrocede en buen grado es la oferta de centros con líneas en castellano. Y como la distribución es desigual y la zonificación ha vuelto, las familias que tengan que elegir colegio ni opinan, ni deciden y a duras penas eligen.

La última herramienta es convertir en evidente que lo mejor es la enseñanza en valenciano y que la adquisición de la competencia lingüística hoy día no se cumple. Pero más allá de la lógica de que si se da más valenciano más valenciano se aprende (a diferencia del castellano que parece que le sucede lo contrario), de nuevo nadie muestra abiertamente los datos que lo avalen.

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