Tu móvil apagado te espía

Sus armas. El grupo posee un sofisticado lector de móviles; pocos teléfonos se resisten. :: manuel molines/
Sus armas. El grupo posee un sofisticado lector de móviles; pocos teléfonos se resisten. :: manuel molines

Policías constatan la existencia de apps para grabar a través del teléfono

ARTURO CHECAVALENCIA

Una niña valenciana de 10 años navega por internet con su ordenador en la soledad de su habitación. Sin adulto que la supervise. Su paseo virtual se topa con con 'otro niño' que dice querer ser su amigo. En realidad es el anzuelo de un pedófilo. Pero ella nada sabe y nada puede hacer. El pederasta acaba averiguando su correo electrónico, su contraseña y con ello el control absoluto de sus redes sociales y su mensajería virtual. El delincuente intimida a la menor para que empiece a mandarle fotos y vídeos de contenido sexual. La niña accedió. Y empezó a hundirse poco a poco en la soledad. Empezó a no querer salir de casa, a no usar el ordenador, a no relacionarse con sus amigos... Sus padres se dieron cuenta finalmente de que algo iba muy mal. Acudieron al grupo de Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional en Valencia y los especialistas lograron dar con el depredador sexual. «Lo localizamos en un país sudamericano. Lo que pasó con él en aquella nación, ya no lo sabemos...».

«Dale un móvil a un niño de 13 años y ya perdiste el control»

El inspector Casas pone su caso personal como pauta con el que actuar con los menores. Ser padre y al mismo tiempo responsable del grupo de Delitos Tecnológicos le da una autoridad y experiencia más que suficientes para dar consejos. «Los niños no tienen conciencia de privacidad. Lo dicen todo en internet: dónde estudian, si se van a quedar solos porque los padres están fuera, dónde viven.»: Ante esto sólo está el arma del control de los padres.

No puede haber un ordenador a su disposición en un lugar privado de la casa, sino en una zona común. Móviles, sin redes sociales. «Dale un móvil a un niño de 13 años y ya perdiste el control. Yo a mis hijos se lo di, pero sin conexión a internet». Y los padres deben estar presentes en las redes de sus hijos. El inspector recuerda su caso: «Mis hijos se hicieron un perfil en Tuenti y les dije, 'os he mandado una invitación para ser amigos'. Me dijeron que no querían. Cogí y me llevé el router de casa. 'Os conectáis por mi router, verdad, que pago yo? Pues yo me quedo mi router y vosotros vuestro Tuenti... Al día siguiente éramos amigos en la red».

El caso es real, ocurrió en Valencia y sirve de resumen de muchas de las claves presentes en la delincuencia cometida en la red de redes: la falta de control de muchos padres, la facilidad de ser víctima de un delito y la complejidad para la policía de acabar llevando a los autores de los delitos ante la justicia. «Pero somos un buen equipo de ingenieros informáticos, otros grandes expertos en la materia, y muchos malos acaban cayendo». La entusiasta frase es del inspector Juan Carlos Casas, jefe del Grupo de Delitos Tecnológicos, una brigada que cada mes inicia unas 20 investigaciones. Unos 240 casos al año, «aunque cada año aumentan las investigaciones y los delitos cometidos con tecnología de por medio».

En las entrañas de la Jefatura Superior de Policía, entre torres de cedés, discos duros descuajaringados, carpetas de Ebay, dossiers sobre la operación 'Palomo' o 'Torpedo' o un Ripollés falso colgado en la pared y que fue ofrecido por internet, Casas y sus hombres pelean a diario contra la extorsión sexual en la red, estafas, venta de objetos que en realidad no existen, acoso escolar con las redes sociales como mascarada y pornografía infantil. Y son conscientes de que el caso Snowden, el analista de la CIA refugiado en Rusia tras revelar un sistema de espionaje masivo de teléfonos y ordenadores -confirmado recientemente por los datos revelados por Wikileaks-, es mucho más que leyenda. «Tu móvil, estando apagado, te puede estar grabando con la cámara o el micrófono», reconoce Casas. Por los pasillos de la brigada se escuchan historias muy reales, como la contada por un militar que narraba cómo durante una cumbre de la OTAN se guardan los móviles, apagados, en cajas de metal. «Con los troyanos se puede hacer todo esto, en ordenadores o en móviles», constata Casas. Aunque deja muy claro que esta no es una práctica que lleve a cabo la policía, ni tampoco el masivo espionaje revelado por Edward Snowden. «¿Hasta qué punto se nos controla? Ni idea. Nosotros no tenemos potestad, ni capacidad ni medios para ese control. Que lo haya a nivel de agencia espionaje, claro que lo hay, seguro. Pero un control extendido sobre la ciudadanía, no creo que exista», es la sincera reflexión del responsable del grupo de Delitos Tecnológicos.

Un millón de euros

En el día a día, las mayores amenazas llegan a través de un triunvirato del delito: las estafas de apartamentos inexistentes, la venta por la red de todo tipo de productos y la extorsión sexual. Y detrás de ellas, en la mayoría de los casos, no hay individuos aislados, sino auténticas multinacionales del crimen. «Aún estamos deteniendo a gente, pero el montante del botín logrado supera el millón de euros». Es la frase con la que el inspector Casas resume una reciente operación llevada a cabo junto a la Guardia Civil en la Comunitat (aquí estaban los muleros, los encargados de dejar cuentas bancarias para el trasvase del dinero a la mafia), Baleares y Canarias sobre una banda que estafaba a extranjeros con el alquiler de apartamentos turísticos inexistentes.

Estafadores, a la caza del turista

LOS LOBOS DE INTERNET

Mafias radicadas en Europa del Este, principalmente Rumanía, crean webs falsas, con fotos reales, ofreciendo apartamentos en zonas turísticas de Canarias, Baleares o Comunitat. Las redes capan las IP de ordenadores españoles para que estos no accedan, pues pueden desenmascarar más fácilmente el engaño llamando a los sitios. Los extranjeros pican, pagan y al llegar a España se encuentran sin alojamiento. La policía lo señala como uno de los delitos más en auge en la red.

Chicas rubias y jóvenes, desconocidas, que piden amistad en Facebook. Es el perfil principal de la sextorsión. Los anzuelos los lanzan bandas radicadas en países africanos como Nigeria o Costa de Marfil. Cuando la víctima acepta la conexión, empieza el escarceo, que acaba con juegos sexuales por Skype y el afectado grabado o fotografiado desnudo o en situaciones sexuales. Y empieza la extorsión. Es más frecuente en adultos que en menores, aunque estos casos causan más alarma.

No es que se vendan objetos de marca falsificados. No es que compres un iPhone y te acabe llegando a casa un ladrillo. El fraude más masivo en internet es la venta «de productos que no existen», indica Casas. El negocio de la venta... de aire. Un obstáculo con el que se topa en muchas ocasiones la Policía Nacional es que los servidores o IP de los ordenadores sospechosos hacia los que se dirige la investigación están en países extranjeros, en los que las comisiones rogatorias ralentizan o frenan los casos.

Ransom ware es su denominación técnica. En la jerga social se llama secuestro de ordenador, y consiste en un malware (virus) que infecta nuestro ordenador y bloquea todos los archivos. Un mensaje pide el pago de un rescate para obtener la clave que libere el disco duro. «Ni aún pagando te van a dar las claves», advierte el inspector valenciano. También hay grandes grupos organizados detrás. Alerta ante mails y enlaces desconocidos es la principal precaución.

«Se está dando muchísimo este tipo de delitos. Son organizaciones criminales de rumanos. Crean webs falsas con fotos reales y timan a extranjeros. A españoles no les estafan, de hecho capan las IP españolas para que no puedan acceder y no les descubran, porque estos suelen comprobar la veracidad de la oferta llamando a los teléfonos. Los extranjeros sufren una doble victimización: al pagar y luego cuando llegan a España y ven que no hay apartamento. Se tienen que buscar otro alojamiento», explica el responsable policial.

Otra lacra que no cesa («haymuchísima», advierte Casas) es la 'sextorsión', la extorsión a internautas para pagar dinero u otro botín tras lograr de ellos imágenes o vídeos de contenido sexual. Una vez más, la mayoría de las veces no es cosa de delincuentes individuales, sino de grupos organizados. «Hay mafias de este tipo que actúan desde Costa de Marfil, Nigeria y otros puntos de África». El gancho, pese a ser muy conocido, sigue atrapando víctimas: una solicitud de amistad en una red social (principalmente Facebook) de una persona desconocida, acercamiento, charla por Skype que sube de tono, escarceos sexuales y el incauto afectado practicando sexo virtual mientras al otro lado es grabado y fotografiado.

Muchos de los esfuerzos del grupo de Delitos Tecnológicos se centran también en desentrañar otras dos infracciones penales que preocupan «no tanto por su número sino porque crean mucha alarma social al estar relacionadas con menores»: la pornografía infantil y el acoso escolar mantenido a través de redes sociales o whatsapp. En el caso del 'ciberbullying', «actuamos en limitadas ocasiones, porque en la mayoría de los casos se solucionan las conductas con la actuación de padres y colegios».

El pozo de la 'deep web'

La incidencia de la pornografía infantil «es constante», con un muro con el que chocan muchas veces los agentes: la 'deep web', la llamada internet profunda, páginas fuera del ámbito de los buscadores y en la que se camufla toda identidad de los ordenadores. «Es un pozo al que no se puede acceder», reconoce Juan Carlos Casas. Lo hace mientras maneja un ingenio que desde la Jefatura Superior de Policía nos piden no fotografiar. Es el último grito en análisis y descifrado de teléfonos móviles. «Pocos se resisten», destaca el inspector. En su otra mano, un estuche repleto con clavijas y conexiones para todos los modelos de smartphones del mercado.

En el campo de la pornografía infantil, desde la policía lanzan un severo recordatorio: «La tenencia de imágenes de contenidos sexual de un menor es ya un delito». La difusión de imágenes sexuales de otras personas, adultos incluidos, puede llegar a ser un delito de revelación de secretos si la otra persona no consiente su difusión. El bazar de la red es un terreno en el que «se compra y se vende de todo». Aquí la mayoría de los fraudes se cometen por delincuentes comunes, con menos incidencia de los grupos organizados. «Se ofrecen productos que no existen y la trasferencia bancaria se hace a 'muleros'», intermediarios contra los que muchas veces es difícil actuar por su escasa relación con los cerebros de la organización.

El remedio, sentido común

Casas es muy sencillo a la hora de dar claves para evitar ser víctima de este tipo de delitos. Cuando el mal llega por un virus, troyano o programa que nos encripta el disco duro del ordenador, la mejor herramienta es el antivirus. «En móviles se utiliza menos de lo que se debiera», advierte. Pero por encima de todo pone un remedio a ser víctima de estos delitos: el sentido común. No aceptar a desconocidos en nuestras redes sociales, ni aquellos que aparecen «con una silueta como imagen de perfil» y situar al máximo nivel los ajustes de privacidad de redes sociales como Facebook son algunos de los consejos para evitar las intrusiones cibernéticas.

El inspector de Delitos Tecnológicos advierte también de la facilidad de ataque que tienen las tan de moda 'nubes', «que puede ser atacada igualmente como un servidor o un ordenador». Pone su ejemplo como modelo: él no tiene nube y sí dos discos duros, uno de seguridad. Aunque recuerda: ponerle puertas al campo de internet es imposible.

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