Las Provincias

La pobreza se hace más joven

Una usuaria del comedor social de Casa Caridad, en una imagen de archivo. :: lp
Una usuaria del comedor social de Casa Caridad, en una imagen de archivo. :: lp
  • Dos de cada tres personas atendidas por la institución llevan más de un año acudiendo a su comedor social

  • Casa Caridad registra un repunte del 14% de usuarios menores de 30 años

valencia. El último informe sobre la pobreza en Valencia elaborado por el departamento de trabajo social de Casa Caridad constata una negativa conclusión: la situación de las personas que se encuentran en exclusión social en la capital ya se ha cronificado y perdura en el tiempo. Esta afirmación se basa, principalmente, en que dos de cada tres usuarios de las instalaciones de esta institución lleva más de un año acudiendo a su comedor social por lo que en todo este tiempo no ha sido posible que recuperen una vida normalizada. Además, la prolongación de esta situación de necesidad, según explican desde la entidad, «lleva aparejados problemas tanto físicos como mentales que, a medida que pasa el tiempo, empeoran». El paso de los años, advierten, «juega en contra de este colectivo, ya que no sólo aumentan sus dificultades de poder acceder al mercado laboral, sino que repercute de manera negativa en su estado de salud».

Asimismo, y a pesar del gran apoyo que presta Casa Caridad a este colectivo (no sólo alimenticio, sino también de albergue, de asesoramiento y hasta con puntuales ayudas económicas para los casos más extremos), el presidente de la institución, Luis Miralles, lamenta que se ha detectado un mayor rechazo social hacia las personas necesitadas «tal y como nos lo han transmitido ellos mismos». «Nosotros estamos para ayudarles, pero pedimos a la sociedad que haga un esfuerzo para integrarles», añade. «Falta sensibilización social, ha habido una crisis económica, pero también de valores, no nos preocupamos por los demás», destaca.

De entre los perfiles atendidos por Casa Caridad, preocupa especialmente el colectivo de mayores de 55 años desempleados que, como explica Elena Ferrer, responsable de trabajo social en Casa Caridad, «les faltan algunos meses por cotizar y no pueden cobrar subsidio». «Son casos dramáticos porque son personas que han trabajado y cotizado durante largos periodos, pero de los que el sistema se olvida hasta que cumplen los 65 años», señala.

También inquieta a la entidad la situación de los más jóvenes. Por un lado, la cifra de atendidos con entre 18 y 30 años se ha incrementado un 14% en sólo un año, mientras que también aumenta la cantidad de menores que, acompañados por sus padres, pasan por las instalaciones de la institución, y que suponen ya uno de cada cinco usuarios. A lo largo del pasado año, el comedor social de Casa Caridad repartió más de 23.000 raciones sólo a niños que no alcanzaban la mayoría de edad. Además, en los tres últimos ejercicios, la cantidad de familias que han pasado por las instalaciones de la institución ha aumentado un 68%. «El peligro de esta situación es que la pobreza se hereda», advierte Miralles. En esta línea, el presidente indica que «nos preocupa y entristece que se den casos de niños cuyas familias necesitan apoyo económico y social, y que, al alcanzar la mayoría de edad, tengan que seguir haciendo uso de nuestros comedores sociales u otros servicios porque no tienen alternativa». «Heredan no sólo la situación que viven sus padres, sino también el sentimiento de ser incapaces de lograr algo mejor», destaca.

En los casos más extremos, subraya el portavoz, la entidad tiene que proporcionar pequeñas ayudas económicas. «Por ejemplo, casos como el de una madre con varios niños pequeños a la que iban a cortar la luz y el agua», señala.

Desde Casa Caridad recordaron también que hace una década llegó a Valencia un gran número de inmigrantes sin papeles, muy jóvenes, principalmente subsaharianos, normalmente sin apoyo familiar y desconociendo el idioma. Estos extranjeros, diez años después, han desarrollado patologías mentales a consecuencia de su vida en la calle y sufren un gran deterioro físico asociado a adicciones como alcohol o drogas

En cuanto al género, se mantiene la presencia de mujeres en un 34% frente a un 66% de hombres. Aquellas que cuentan con pequeños ingresos provienen de trabajos de servicio domésticos, en la mayoría de casos muy inestables, y tienen poco o nulo apoyo familiar y problemas de salud. El informe concluye que el 80% de los usuarios de comedor de Casa Caridad sí disponen de vivienda, aunque las condiciones que presentan son muy deficitarias.

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