Las Provincias

«Se me cruzó un coche y di un volantazo; no vi la moto»

  • Un conductor confiesa que circulaba con exceso de velocidad, ebrio y drogado entre Sant Joan y El Campello cuando arrolló a un joven que perdió la vida

Un tribunal sentó ayer en el banquillo a un acusado de segar la vida a un joven de 20 años en un violento accidente de tráfico ocurrido entre Sant Joan d'Alacant y El Campello, en la Avenida Miguel Hernández. El hombre colisionó contra el motorista pasada la medianoche cuando circulaba con exceso de velocidad y bajo los efectos del alcohol y la cocaína, según confesó en el juicio. El chico falleció en el acto, pues los ocupantes del coche que llegó unos segundos después de producirse el impacto no vieron signos de vida en la víctima.

El acusado se enfrenta a la petición del Ministerio Público de tres años y tres meses de cárcel por los delitos de homicidio imprudente y contra la seguridad vial bajo la influencia del cóctel explosivo que consumió esa noche. «Estoy arrepentido, por supuesto», explicó el reo visiblemente afectado por las dramáticas consecuencias de sus actos. Entre sollozos, el enjuiciado trató de justificarse alegando que «se me cruzó un coche y di un volantazo; no vi la moto».

Sin embargo, la acusación pública sostiene una versión que difiere de la ofrecida por el procesado. Según el relato de la Fiscalía, ningún otro vehículo obstaculizó la circulación del acusado. Así lo relataron los ocupantes del coche que vieron lo sucedido. «Íbamos a unos 60 kilómetros por hora», explicó uno de ellos, «cuando pasó un coche que hizo que el nuestro temblara». Lo siguiente que observaron fueron «chispas y humo».

Colisionaron brutalmente, pues los agentes de la Policía Local calcularon que el reo iba, como mínimo, a cien kilómetros por hora. Mientras, la defensa, que ejerce el letrado José Luis Sánchez Calvo, solicitó la absolución para su patrocinado, pues apuntó en la vista que el extremo de la velocidad «no queda acreditado». Además, barajó la hipótesis de que el fallecido portara el casco en el brazo, pues se encontraba a 40 metros de su dueño con el cierre abrochado, por lo que no cabría una condena por homicidio imprudente.

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