Las Provincias

«Si con una no llegamos no quiero imaginar si tuviéramos más hijos»

«Desde niña quería ser madre de dos o tres niños. Con o sin pareja. Pero las circunstancias de la vida son las que son y hoy nos plantamos con una hija». María Ángeles y Antonio, valencianos de 43 y 44 años, lo tienen claro. El horno no está para bollos. «Con una jornada de trabajo de más de 11 horas, llegando a casa agotados y con la sensación de no dedicar suficiente tiempo a la niña», la pareja valenciana se ha jubilado a nivel reproductivo.

Viajamos al pasado. María Ángeles se crió en Utiel con un hermano. Antonio creció en Gandia en una familia de cuatro hermanos. Y la banca unió sus destinos. Ambos se convirtieron de adultos en empleados de una entidad financiera. Coincidieron como compañeros durante un traslado a Andalucía. Primero entablaron amistad y, años más tarde, unieron sus vidas. Formaron una relación estable de pareja en 2006 y acabaron viviendo bajo el mismo techo. Antes de ser padres, regresaron a su región, pero separados por el trabajo. Antonio en Valencia y ella, en Castellón.

Y en medio de toda esa vorágine laboral, el amor dio su fruto y se llamó Ángela, una niña que hoy tiene 9 años. «La tuve con 33», recuerda la madre. Sólo un año y medio después, ella consiguió el traslado a Valencia para estar junto a su compañero. «Es cierto que el tiempo que pasamos con la niña es de calidad. Compartimos actividades y aficiones, pero la conciliación de la vida familiar es una utopia, al menos en España».

¿Y el apoyo de los abuelos? «No tenemos a la familia cerca. Como muchas parejas, vivimos en Valencia por trabajo, pero nuestras familias están en pueblos y es complicado tener su apoyo en el día a día». María Ángeles y Antonio han hecho cuentas. «El aspecto económico también es relevante. Un hijo supone un gasto importante. Nuestra hija va a un cole público, pero están las extraescolares, el comedor, la escoleta matinera...».