Las Provincias

El PP se viste de luto y denuncia una cacería contra la senadora

  • Aznar lamenta que Rita Barberá «haya muerto habiendo sido excluida del partido al que dedicó su vida»

Fue la investigación abierta en el Tribunal Supremo por un presunto blanqueo de capitales lo que motivó que la dirección del PP forzara a Rita Barberá a abandonar el partido el pasado 14 de septiembre. Pero la noticia traumática de una muerte que sobrevino a la senadora prácticamente en soledad, removió los cimientos de un PP al que ayer le costaba asumir incluso su propio modo de proceder.

La cúpula del partido no logró controlar sus filas ni canalizar el dolor con muestras de pesar y elogios a la trayectoria política de la exalcaldesa valenciana. Y así, en la formación brotaron dos sensibilidades. Unos, enfocados en las filas del PP, denunciaron que se abandonara a su suerte a quien había sido un referente para la formación. Otros, miraron hacia fuera y censuraron un «linchamiento» político y mediático que «destrozó» a Barberá «por mil euros», la cantidad que supuestamente había blanqueado.

El grupo de los primeros lo encabezó José María Aznar con un comunicado en el que ensalzó la trayectoria de la exalcaldesa y subrayó lo «incuestionable» de la importancia de su figura para el PP. «Lamento que Rita Barberá haya muerto habiendo sido excluida del partido al que dedicó su vida», espetó por escrito y a sabiendas de que Mariano Rajoy dio su beneplácito a que la senadora dejara la formación.

Entre los segundos, los que reprochan una campaña pública de acoso y derribo, el portavoz de los populares en el Congreso, Rafael Hernando, lamentó que con la exdirigente valenciana se «traspasaran todas las fronteras». «No quiero hacer responsable a nadie, pero creo que es bueno que todos hagamos una profunda reflexión -instó-, especialmente sobre las exageraciones a las que llevamos a veces las acusaciones políticas». Menos comedida y con las redes sociales en el punto de mira, la diputada Celia Villalobos se descolgó: «La habéis condenado a muerte».

La cautela que pretendía la dirección del partido estaba abocada al fracaso desde que a primera hora de la mañana el ministro de Justicia, Rafael Catalá, se saltó el guión establecido. «Cada uno tendrá sobre su conciencia lo que ha dicho y hecho sobre Rita Barberá. Se le han atribuido barbaridades sin ninguna prueba y sin ninguna justificación», recriminó tras defender la presunción de inocencia.

En la cabeza de algunos resonaban las palabras de la secretaria general, María Dolores de Cospedal, que en febrero llegó a denunciar la persecución a miembros del PP por sospechas sobre supuestas conductas corruptas. «Hasta que no vean que determinadas personas se mueren de un infarto, no van a parar», protestó en declaraciones a 13TV.

Debate de fondo

En el fondo, subyace el debate de cómo hacer frente a los casos de corrupción. La tibieza con la que el PP gestionó los escándalos en la pasada legislatura ha llevado a los populares a tratar de estar a la altura de lo que la sociedad demanda, más aún cuando el partido ha perdido la mayoría absoluta que le concedía casi inmunidad para gestionar como estimara oportuno.

Las nuevas generaciones de políticos que llegaron a la cúpula en junio de 2015 se han mostrado siempre partidarias, además, de romper con un pasado de prácticas cuestionables que ha lastrado al PP en los últimos años. Así, vicesecretarios como Pablo Casado o Javier Maroto han defendido, sin ambages, que nadie está por encima de las siglas del partido, y que eso conlleva asumir responsabilidades políticas cuando se daña a la formación.

Sin perjuicio de ello, el final de Barberá, sin embargo, ha motivado que los populares demanden una reflexión sobre las consecuencias de lo que llaman penas de telediario, condenas públicas sin sentencia firme.