Las Provincias

Lágrimas por Rita

Homenaje en el patio. Una mujer ata un ramo de flores en memoria de Barberá en la verja de su finca. :: J. signes
Homenaje en el patio. Una mujer ata un ramo de flores en memoria de Barberá en la verja de su finca. :: J. signes
  • Los comerciantes a los que Barberá era fiel, su peluquero y otros ciudadanos recuerdan su «respeto, cercanía y fervor por Valencia» mientras lamentan el fallecimiento

Si algo le gustaba a Rita Barberá era salir a la calle. A su Valencia. Palparla y escuchar a sus gentes. También las broncas que le echaban, que no eran pocas. Allí, a caballo entre el Mercado Central y el de Colón, se abastecía de suculentos manjares para su casa o para los encuentros familiares. Cuando no iba ella, lo pedía por teléfono. Fiel a su peluquería, nunca aceptó un cambio de peinado. Otra muestra de sus férreas convicciones. Ayer, los comerciantes lloraban la muerte de su clienta alcaldesa. Ellos y otros ciudadanos recordaron su «genio, respeto, cercanía y fervor por Valencia». Remarcaron su «gran transformación para la ciudad» y también hicieron reflexión sobre la etapa final de Barberá. «Nos gusta juzgar demasiado sin saber bien las cosas». Otros son más directos: «Te han machacado hasta matarte».

Vicente Gimeno Expresidente del Mercado Central

«Rita se desvivió por los puestos del mercado»

Vicente Gimeno y Rita se decían las cosas a la cara. El primero le vendía frutos secos y, durante 12 años, fue, además, presidente del Mercado Central de Valencia. Allí, la exalcaldesa compraba las nueces peladas que adoraba. «Forjamos una estrecha amistad y acabó siendo muy querida en los puestos del mercado», reconocía ayer un compungido Gimeno. «Se desvivió por nosotros, por la rehabilitación, por conseguir subvenciones...». A la memoria del vendedor regresa aquel día en el que una enfadada Rita telefoneó en su presencia a la exvicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega «para recriminarle que las ayudas del Gobierno en la reforma del Mercado Central eran insuficientes» . Para Gimeno, «tenía un fuerte carácter, si la pillabas en día bueno, maravilloso, si no...».

El vendedor aún recuerda el día en que las calles próximas al mercado se vaciaron de coches por un corte de tráfico en vísperas de Nochebuena. «La llamé prepotente en prensa. Rita me citó en su despacho y llamó al concejal Bellver, quien confirmó que se trataba de un experimento». El edil se llevó una buena bronca: «Los experimentos, Jorge, en los bares y con gaseosa. Cuando hagas cortes que afecten al Mercado Central llamas a Vicente y se lo consultas». Gimeno se confesó ayer «herido en el alma» por el repentino fallecimiento de Barberá. «Lo sucedido en su etapa final es una pena. Quizá se equivocara en algo, como todos, pero jamás debemos olvidar las cosas buenas que hizo por Valencia».

Vicente García Su peluquero

«Desde su imputación dio un bajón. Más triste y apagada»

Rita Barberá siempre confiaba su cabello a dos personas. Vicente García y Ascen, encargado y empleada de la Peluquería Pascual, en la calle Jaume Roig. Allí acudió el pasado sábado por última vez para arreglarse el pelo. Y una clienta le pidió fotografiarse junto a ella. Muestras de admiración de ciudadanos hasta su última hora. «Que salgas bien», le dijo su peluquero con cariño. «Ya veremos...», respondió una Rita a la que veía «más apagada y triste que de costumbre». «Desde su imputación dio un bajón», confiesa, «pero se mostraba igual de atenta, agradecida y respetuosa».

Vicente calcula que han sido «cientos» las ocasiones en las que ha dado forma al pelo de Barberá. Al menos una vez por semana, Rita ponía su imagen personal en manos de los profesionales de Pascual. Más de una vez Vicente le propuso un cambio de estilo al que ella se resistía. «No se dejaba, no. No había manera. Ella quería su pelo abultado y voluminoso. Se veía guapa así. Tanto de más joven como ahora. Y no era un pelo fácil para un peluquero». A su memoria regresaba ayer aquella visita en la que una Rita más dicharachera le lanzó una advertencia: «No me lo cortes mucho o te pido la matrícula del coche». Rita no hablaba de política ni se 'confesaba' en la peluquería. Revisaba la prensa, su teléfono móvil o la tableta. «Tenía una habilidad especial para que no te cortaras por estar ante alguien importante. Su cercanía era tal que olvidábamos que era la alcaldesa y la veíamos como a una clienta fiel más», describe el veterano peluquero de Jaume Roig. «Al enterarme de su muerte me he quedado hecho polvo. Helado. Yo y todos los que trabajamos aquí». En cuanto a las sospechas de corrupción sobre Barberá, Vicente García lanza esta reflexión: «Sinceramente, pienso que nada ha quedado probado. Y si se probara creo que no sería tan grave si lo comparamos con todo lo que esta mujer ha hecho por Valencia y ha querido a la ciudad. Aquí no la olvidaremos nunca».

José Manuel Manglano Charcutería Manglano. Mercado de Colón.

«Ella siempre será mi alcaldesa. Insustituible»

Rita Barberá era fiel al jamón york natural navarro y a los quesos suaves de la prestigiosa charcutería Manglano, en las entrañas del Mercado de Colón. «Lo compraba su mujer del servicio de casa, Begoña, y otras veces se dejaba caer ella», rememoraba ayer José Manuel Manglano, responsable del céntrico puesto de alimentación. Ayer, el comerciante se sentía «dolido, triste y apenado, en especial por el mal momento personal en el que se ha ido». El charcutero quiso resaltar la «gran deferencia y respeto» que recibió de Rita al mandarle un telegrama tras la pérdida de su primera esposa. También recuerda «el gran apoyo» que le prestó tras la reforma del Mercado Central e inauguración del negocio.

En una ocasión, quiso regalarle una botella de vino de calidad en agradecimiento «pero no la aceptó». «Ella siempre será mi alcaldesa. Insustituible. Una mujer que, a diferencia de muchos políticos, se mostraba tal cual era. Auténtica. Sin ocultar su lado más humano», sentenció Manglano. Hace mes y medio el vendedor se encontró a Rita por última vez en la calle de la Paz. «¿Cómo va?», le preguntó. «¿Cómo va a ir, mal?», respondió ella resignada y sin remilgos.

Amparo Vivó Verdulería Vivó. Mercado Central

«Sabía ganarse a la gente y encajaba las críticas»

A sus 65 años, Amparó Vivó aseguró ayer sentirse arrastrada por «la pena y la congoja» tras enterarse del fallecimiento de la exalcaldesa en Madrid. «No me lo creía». En su comercio de frutas y verduras en el corazón del Mercado Central, Rita compró en incontables ocasiones «habitas pequeñas peladas, rebollones o frutas del bosque». Para la comerciante, «la gran virtud de Rita era saber hacerse con la gente y aceptar las críticas. Tenía su genio y carácter fuerte, pero sabía respetar a la gente y escuchar al pueblo». Y da fe con una anécdota. «En una ocasión, se quejó en el puesto de que le cobrábamos muy caro los encargos y mi abuela le respondió que también pagábamos muchos impuestos», algo que la exalcaldesa encajó con cordialidad. En los últimos meses, «con todos los problemas que tenía encima se dejaba ver menos, pero telefoneaba para hacer los pedidos». La frutera del Mercado Central fue muy crítica con las acusaciones a Barberá por la trama de corrupción en el PP. «Creo que muchas veces juzgamos antes de saber las cosas. En algunas cadenas de televisión la han hecho polvo y eso no es justo», lamentaba.

Esther Martínez Pescadería Pepa Puerto. Mercado Central.

«Más que clienta o una alcaldesa, era una amiga»

Otro de los comercios del Mercado Central por los que Rita sentía devoción era la pescadería y marisquería Pepa Puerto, un negocio de tradición familiar en el que la exdirigente popular se llevaba «gamba fresca, cigalitas pequeñas y bocas, que le gustaban mucho a su madre».

Así lo recordaba ayer Esther Martínez, una responsable del establecimiento. Hasta 300 euros llegó a gastar Rita una Navidad en los productos del comercio. «Un año la esperamos hasta las diez de la noche en Nochebuena, extrañados por que no aparecía para su compra de la cena. Y al final llegó». La pescadera se mostraba «agradecida de corazón por el gran interés y la promoción que Rita hacía del Mercado Central ante grandes personalidades, un impulso por el pequeño comercio». Para la vendedora de este puesto, «más que una clienta o una alcaldesa, aquí era una amiga».

Lola Ortega Auxiliar sanitaria.

«Estaba en la cuerda floja y esto ha sido un mazazo»

Lola no tuvo una relación personal con Barberá y habla como ciudadana de a pie. «Su muerte ha sido sorprendente e impactante para mí. Ella estaba en la cuerda floja y esto ha sido un mazazo», confesó. «Pese a sus errores políticos y sus metidas de pata, ha hecho muchas importantes. Y eso es innegable», quiso resaltar la mujer. «Ha engrandecido Valencia. La F1 no debería haber estado por delante de la sanidad o la educación, pero no nos engañemos. La gestión municipal no ha mejorado tras la marcha de Rita».