Las Provincias

Juan, un joven valenciano que dedica su vida a pastorear ganado

  • Este chico dirige su propio rebaño desde los 18 años y hace dos que tiene su propia explotación ganadera en Benifaió

Joan García Estellés está a punto de cumplir 24 años. Desde joven tenía bien claro a qué quería dedicarse,. Quería ser pastor. Cuando obtuvo la mayoría de edad comenzó a practicar este oficio cerca de Andilla. Ahora, desde hace dos años, tiene su propia explotación ganadera en Benifaió.

“He decidido dedicarme a esto porque es algo que me ha gustado siempre y es un oficio que se ha hecho toda la vida, y para una persona que le guste el contacto con la naturaleza y los animales, es una vida sencilla; hoy en día hay tantos problemas, que si no es rentable, pues se deja”, asegura a lasprovincias.es.

“Dedicarse a esto desde joven es difícil, porque trabajas todos los días y muchas horas, y hoy en día una persona joven no quiere eso porque quiere salir, hacer vida social y disfrutar un poco de las cosas; cuesta, cuesta mucho y hay que renunciar a muchas cosas, y el día que sales de fiesta, al día siguiente toca venir de nuevo a trabajar”, señala.

Joan se muestra crítico con las trabas burocrática que, dice, se encuentran los ganaderos. “Hoy en día tener una explotación ganadera requiere una inversión muy grande, y tampoco esto da para tanto; como hay tanta gente que se ha jubilado o que ha dejado la explotación por falta de rentabilidad, en vez de comprar un terreno y hace runa nave nueva, lo ideal es buscar un corral y aprovechar la ocasión”, afirma. “El principal problema para que un joven se dedique a la ganadería es todas las complicaciones que te ponen desde la Administración; te exigen tanto que al final uno se acobarda, todo para realizar un oficio que se ha hecho toda la vida y que te obliga a renunciar a muchas cosas, que está marginado; a veces no vale la pena”, agrega.

Respecto a su propio caso, Joan asegura que, de momento, “me es rentable, pero porque estoy yo solo, que no he de mantener a nadie, y además tengo a mis padres”. “Yo me dedico a esto porque me gusta, y lo hago gracias a gente que me ha apoyado y ayudado y me animaron a seguir adelante; si no, ya habría renunciado”, añade Joan.

El trabajo es muy duro, y requiere una dedicación de todos los días, “de sol a sol”. Primero, en el establo, donde debe revisar que sus 120 animales se encuentran bien, además de proporcionarles agua y comida. Después, en el campo, donde necesita aprovechar el máximo de horas de sol para que su ganado pueda pastar.

“La soledad te hace pensar mucho, aunque hoy en día con las tecnologías y el móvil se pasa mejor; no es lo mismo un pastor de montaña que uno de huerta; piensas mucho, y aprecias mucho más la vida social”, destaca.

Respecto al futuro de la profesión, Joan expresa su deseo de que se regule más “la venta directa; parece que quieren hacer nuevas normas, pero está todo en el aire; gracias a eso podrían sobrevivir muchos pequeños ganaderos y agricultores, que son los que al fin y al cabo los que trabajan todo”.

Sentado sobre un viejo muro, en medio de la huerta de Benifaió, Joan confiesa que algunas veces desearía estar en otra parte. “Me gusta estar aquí, pero a veces preferiría estar tomando algo con los amigos, o yendo de viaje, en algún concierto, o simplemente descansando; aquí, quitando algunos días, se está a gusto, y se aguanta bien”, concluye.