Las Provincias

Medio millar de menores valencianos, condenados en una década por tráfico de drogas

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Un adolescente se prepara un porro en la calle junto a un amigo. / DANIEL PEDRIZA

  • El cultivo casero de marihuana y el afán de notoriedad entre colegas empuja a jóvenes al menudeo sin percepción de los riesgos penales

valencia. «Empiezan consumiendo marihuana. Conocen a alguien mayor que le pasa la 'maría' gratis a cambio de hacer mercado entre sus colegas. Luego acaban cultivándola ellos, alardeando de sus plantas e incluso colgando fotos de su pequeña cosecha en redes sociales o de mensajería. Al final, se convierte en el referente de sus amigos a la hora de 'pillar', luego del instituto, de la barriada o del pueblo». Así nace un traficante de drogas. Quien desgrana el proceso es Mari Carmen Agustí, psicóloga y educadora social del Área de Prevención de Proyecto Hombre en Valencia. Por sus estancias han pasado jóvenes de entre 14 y 23 años con adicciones o en riesgo de adquirirlas que, además de consumir drogas, ya tonteaba también con el negocio a pequeña escala.

Según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) basadas en datos judiciales, alrededor de medio millar de menores de edad han sido condenados a lo largo de la última década por delitos contra la salud pública. Ya trapicheaban antes de haber cumplido los 18 años.

Agustí asegura que se han dado casos extremos de tráfico a pequeña escala a partir de 14 años. En esta etapa, detalla, «la sustancia es siempre la marihuana». A partir de los 16 «es cuando se suele consolidar su conducta, pero con el mismo estupefaciente». Y si el traficante 'junior' persiste en su actividad ilegal al cumplir la mayoría de edad «es cuando ya da el salto a la cocaína y se siente más atraído por la rentabilidad económica».

Antes de ese cambio, describe la experta, al menor que trafica con marihuana «no le preocupa tanto el dinero como la posibilidad de disponer de droga fácil para su consumo y el 'status' que le confiere ser el 'camellete' del grupo». Normalmente, y en esto también coinciden abogados, tras un menor que trapichea «hay casi siempre autocultivo o un adulto que mueve droga a mayor escala y se aprovecha del chaval para ampliar su mercado en institutos».

«El problema con la marihuana es que los más jóvenes no acaban de asumir que es peligrosa e ilegal. Es frecuente que el que la vende llene su perfil de internet de fotos suyas consumiendo o alardee de sus plantas sin el menor complejo», describe la psicóloga.

Sin embargo, hay consecuencias, como muestran las 437 sentencias dictadas desde 2007 en la Comunitat. Angela Coquillat es abogada penalista, diputada del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia y autora del libro 'Proceso Penal de Menores'. «El trapicheo a estas edades suele acabar con medidas como trabajos en beneficio de la comunidad o libertad vigilada. Sin embargo en los casos más graves, con chavales reincidentes o con riesgo por la falta de control de sus padres, puede haber hasta cinco años de internamiento en un centro».

Según Coquillat, en Valencia «se han dado casos de menudeo en menores para fiestas concretas de sus institutos, como fin de curso o con motivo de algún viaje. Este consumo compartido suele acabar con sentencia absolutoria, pero es muy difícil de acreditar, pues los destinatarios de la droga tienen que admitir que aportaron el dinero y eso no siempre sucede».

La letrada tiene claro que los traficantes más precoces son, en muchas ocasiones, «herramientas, títeres en manos de otros mayores para ampliar mercado entre gente joven de barriadas o institutos». Esos otros más curtidos, normalmente de 18 años o rondando la veintena, «saben muy bien que si venden directamente a menores la pena por traficar con drogas se agrava con hasta cuatro años de prisión». De ahí que usen a un 'hermano menor' de confianza para llegar al máximo de potenciales consumidores sin jugársela en cada pase.

La experiencia de la Policía Nacional contra el narcotráfico en Valencia es amplia. Los especialistas en estupefacientes de la Jefatura Superior se han encontrado, en varias operaciones, con niños y adolescentes empleados como 'correos' de la droga y 'aguadores' (vigilantes o avisadores) al servicio de familiares implicados en redes de tráfico de cocaína.

Esta manera de actuar es propia de los clanes que operan en algunos puntos del Marítimo, Torrent, Paterna, Burjassot o la Ribera. «Quienes les encomiendan estas labores creen que los menores no van a despertar sospechas y, al mismo tiempo, se aprovechan de su edad por la menor consideración penal en caso de ser sorprendidos con la droga», tal y como explican fuentes de la Policía Nacional.