Las Provincias

La Guardia Civil protege a Marcos Benavent tras levantarse el secreto del caso

Marcos Benavent, a la salida de los juzgados de Valencia.
Marcos Benavent, a la salida de los juzgados de Valencia. / EFE
  • El exgerente de Imelsa siempre ha temido por su vida aunque mantiene una imagen diferente de cara a la opinión pública

Marcos Benavent, reconvertido desde hace algo más de un año en bastión contra la corrupción, no ha mostrado nunca temor ante los medios de comunicación. Pero, tras esa apariencia de una persona segura de sí misma enfundada en un hablar pausado se esconde cierto miedo. Sería inhumano aislarse de esa sensación cuando tu testimonio ha dinamitado el PPCV y concentra el odio más atroz de decenas de cargos públicos y empresarios.

Su fuga, básicamente se limitó a un país centroamericano, terminó con un regreso precipitado a España. Durante esos primeros meses en los que se ignoraba el paradero del exgerente se llegó a barajar incluso alguna iniciativa privada -léase detectives privados- para tratar de dar con el hombre más buscado de la Comunitat. Muchos intereses para localizar al prófugo. Muchos temían que se materializar lo que él ya había adelantado en alguna ocasión: «Moriré matando».

Su aparición en la Ciudad de la Justicia para declarar por un asunto menor -la denuncia de Imelsa- puso rostro a Benavent. Una nueva imagen tras su periodo de introspección y catarsis en el que el testigo había trasladado a su círculo más íntimo el temor que tenía de que le ocurriera algo. ««Estoy muerto de miedo por si me ponen un sicario», confesó. Ese temor, de puertas adentro, persiste desde aquel día. Y quizá haya ido en aumento.

Todas las circunstancias anteriores influyeron para que el pasado septiembre, a la vez que se producía el levantamiento del secreto que todavía pesaba sobre el grueso de la causa judicial, Marcos Benavent solicitara protección policial. Se omite deliberadamente concretar en qué consiste este tipo de medida. El hecho de que la solicitud se produjera hace algo más de un mes no es casual. Fue en ese momento cuando se conocen, de verdad, las consecuencias de la denuncia que había presentado Rosa Pérez (EU) con los audios que Benavent le había dejado en custodia a su entonces suegro.

Es entonces cuando se confirma la presunta responsabilidad de los pesos pesados del PP en la trama. Francisco Camps, Gerardo Camps, Font de Mora, Máximo Caturla y Víctor Campos se ven señalados. El informe que procedía de las horas de declaración de Benavent ante la UCO era demoledor para cualquier partido. No solo aventuraba el cobro de comisiones sino la existencia de una caja B del PP, es decir, la financiación irregular del partido.

En España no está regulada la figura del arrepentido. Ni el trato especial ni medidas de protección que requeriría. Esta es una de las demandas de los investigadores, conscientes de que, en ocasiones, resulta imposible desenredar una trama de corrupción si alguien no ayuda desde dentro; sin los pactos con puestos intermedios de la pirámide delictiva.

El exgerente de Imelsa reside en un chalé de una localidad próxima a Xàtiva. Allí pasa el tiempo entre la agricultura y la lectura. Ahora dedica más horas a esta actividad. Una vida, de retiro, que encaja en cierta forma con su nueva estética, la que abrazó tras su periplo por las Navidades de 2014. Se despidió de Imelsa en la cena de empresa. Pidió perdón por los errores que había cometido y se marchó entre lágrimas. Su adiós precipitado iba a desencadenar otros llantos. Marcos Benavent ha experimentado un fenómeno curioso, cómo el presunto delincuente se convierte en héroe. Así, ahora resulta un codiciado personaje de selfies y recibe ánimos, abrazos y besos cada vez que se dirige hacia el juzgado de Instrucción.

Benavent sigue sin móvil. Utiliza el de conocidos para ponerse en contacto con un círculo cada vez más estrecho de afines que, de vez en cuando, le hacen alguna visita al chalé. Las fiestas, en una de las discotecas en las que tenía intereses a las afueras de Xàtiva, se han terminado. Se mantiene al margen de los medios de comunicación, más allá de los speech que ofrece tras cada comparecencia judicial. Allí habla de todo. Informa de su declaración, pero también introduce asuntos nuevos. Sabe dar titulares. Es capaz de implicar incluso al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy o de proporcionar aliento a otros arrepentidos como Francisco Correa (Gürtel) o Esteban Cuesta (Emarsa) para que colaboren en la Justicia.