Las Provincias

La Audiencia de Valencia cierra el caso de la silicosis con 2,5 millones en indemnizaciones

Interior de la Ciudad de la Justicia de Valencia, en una imagen de archivo. :: damián torres
Interior de la Ciudad de la Justicia de Valencia, en una imagen de archivo. :: damián torres
  • Confirma las condenas a los responsables de una fábrica de Chiva por no implantar medidas de protección contra el polvo en 30 años

Rafael, Fernando, Pedro, Gumersindo, José Luis, Julián y otros treinta compañeros, antiguos trabajadores de una empresa de Chiva dedicaba a la fabricación de inodoros y otros elementos sanitarios, recibirán alrededor de 2,5 millones de euros en concepto de indemnizaciones. Todos ellos sufren las consecuencias de la silicosis, una enfermedad provocada por la inhalación continuada de polvo de sílice en sus puestos de trabajo sin que, al menos en alrededor de 30 años, los responsables de la empresa adoptaran medidas para evitarlo.

Así lo entiende la Audiencia Provincial de Valencia que ha ratificado la condena de un año y tres meses de prisión impuesta por un juzgado al director de recursos humanos (F. J. B. G.), y de tres meses de cárcel al de producción (J. F. S. R.), por una treintena de delitos por imprudencia grave en total. Además, en una decena de casos la sala eleva la cuantía de las indemnizaciones, que oscilan entre los 350.000 y los 55.000 euros en función de la gravedad de las secuelas que padecen los afectados. Todos ellos quedaron incapacitados para el ejercicio de su profesión habitual, y en el caso de dos de los empleados, para cualquier trabajo o actividad.

Los hechos se produjeron en la empresa Cerámicas Sanitarias Reunidas (antigua Porsan), que fue adquirida por Ideal Standard aunque hoy en día carece de actividad. La compañía se dedicaba a la fabricación de elementos cerámicos empleando materias primas como arcillas, caolín, feldespatos, cuarzo y otros de alto contenido en sílice, cuyo polvo, al ser inhalado en su forma cristalina y de modo continuado, puede producir la citada enfermedad. Su gravedad depende de la cantidad de polvo inhalado y de la sensibilidad de cada persona, pero una vez diagnosticada no existe tratamiento médico específico, únicamente la adopción de medidas paliativas. En los casos más graves, llegan a aparecer masas en el tórax.

Según figura en la sentencia, al menos desde principios de la década de los ochenta, «el riesgo de silicosis era conocido por los servicios médicos y la dirección de la empresa». Por ejemplo, un informe técnico de la Asociación para la Prevención de Accidentes de diciembre de 1983 puso de manifiesto el riesgo silicótico en la limpieza de moldes junto a cabinas de aplicación de esmaltes. Ese mismo año se realizaron mediciones y se detectaron valores de polvo silíceo que excedían los límites previstos por organismos internacionales. Se recomendó el uso de mascarillas, la mejora de los sistemas de ventilación y la rotación de trabajadores. Además, y diez años después, fueron los propios empleados los que plantearon este riesgo a la dirección de la compañía.

Sin medidas correctoras

Sin embargo, «las concentraciones de polvo de sílice en el ambiente de la empresa fueron tan altas que generaron riesgo de silicosis en los trabajadores desde 1971, sin que empezaran a implantarse medidas correctoras hasta el año 2000», apunta la sentencia.

En esta línea, añade que los empleados no usaron mascarillas de protección hasta que a principios de la década de los ochenta la empresa les facilitó unas sin filtro mecánico, que terminaban saturándose y no se renovaban diariamente, sino cada varios días o, incluso, cada semana. Tampoco se entregaron a todos los trabajadores ni se controló que fueran efectivamente usadas por ellos. No fue hasta el año 2000 cuando se repartieron las mascarillas con filtro mecánico y se empezó a exigir su uso, casi tres décadas después.

La limpieza de los puestos de trabajo también se realizaba en seco y con cepillo, mientras que el polvo que se barría se amontonaba en los pasillos y, en ocasiones, permanecía allí varios días. El lijado de las piezas también se hacía en seco, lo que incrementaba la difusión del polvo.