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El nuevo cauce y Loriguilla, un escudo ante lluvias como las del 57

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El nuevo cauce del río Turia a su paso por Xirivella, con su lecho repleto de agua tras las intensas lluvias que se registraron a principios de noviembre de 2015. :: juanjo monzó

  • Expertos de la Politècnica creen que Valencia está mejor protegida aunque persisten «puntos débiles y viviendas en zonas inundables»

Las lluvias del 11 de octubre de 1957 no fueron intensas. Tampoco las del día siguiente. Meros avisos. Fue el día 13 cuando todo empeoró. Una feroz tormenta en forma de gota fría avanzó de oeste a este barriendo la cuenca media y baja del Turia con niveles de lluvia superiores a los 100 litros por metro cuadrado en 24 horas. El cielo se rompía como una catarata sobre Valencia. Un cauce empequeñecido por la naturaleza dejó la ciudad convertida en un mar de barro, muerte y destrucción. Hubo 81 fallecidos y miles de damnificados.

Han pasado ya 59 años y la pregunta resuena más que nunca en estas fechas. ¿Estamos preparados para algo similar? Un estudio de la Universitat Politècnica de Valencia ha intentado traer del pasado las coordenadas de precipitación de aquellos días para ponerlas sobre el mapa actual, con el nuevo urbanismo e infraestructuras hídricas. La conclusión es que las consecuencias no serían tan devastadoras gracias a dos obras: el embalse de Loriguilla y el nuevo cauce del río Turia.

La principal innovación del trabajo reside en que se ha llevado a cabo desde el punto de vista hidrológico y de los sedimentos. Ha sido desarrollado por Cristina Puertes y el director del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA), Félix Francés. Según el experto, «el nuevo cauce y la finalización del embalse de Loriguilla permitirían almacenar todo el volumen proveniente desde aguas arriba y evitaría que se reprodujera un suceso de tales dimensiones pese al incremento de áreas urbanizadas en las partes media y baja de la cuenca».

Cristina Puertes analizó detalladamente la reconstrucción de la crecida realizada por Cánovas en 1958 a partir de los niveles observados en el Puente del Real de Valencia. Al mismo tiempo, se nutrió de información de centrales hidroeléctricas operativas cuando sobrevino la fatalidad. Constató que los datos de Cánovas son «coherentes con las lluvias registradas», pues «existían serias dudas sobre su fiabilidad».

A través de un programa informático, el modelo hidrológico de entonces se 'superpuso' al estado actual de la cuenca, tanto a escala horaria como diaria, y se aplicó en el dramático episodio de lluvias del 57. Para la recreación de consecuencias se tuvieron en cuenta las nuevas construcciones antirriadas y los cambios en los usos del suelo. «El grado de urbanización de ese año era muy inferior al actual», explica Puertes.

Saturación en días previos

Los expertos de la Politécnica observaron que aunque las precipitaciones de los días 11 y 12 no fueron excesivamente intensas, «sí contribuyeron a aumentar la escorrentía» (agua ajena a los cauces que circula libremente por el terreno). «Algunas zonas próximas al Turia acabaron prácticamente saturadas».

Horas después, llovió sobre mojado. Y en cantidades de diluvio. «Fue en la tarde del día 13 cuando se desencadenó el régimen tormentoso que se prolongó por la noche». Para colmo de males, el avance geográfico de esa gota fría «provocó que las aportaciones de los afluentes al cauce principal fuesen acumulándose». Y sucedió lo inevitable: «Se desbordó a su llegada a la ciudad al no poder desaguar tal cantidad de agua».

En opinión de la ingeniera, hoy persisten ciertos «puntos débiles» ante unas lluvias como las del 57. Uno de ellos, para el que aconseja una investigación en profundidad, se refiere a la zona en la que confluyen el viejo y el nuevo cauce. «Hay estudios que muestran que el nuevo cauce puede asumir un caudal de 5.000 metros cúbicos por segundo, pero ese punto crítico quizá no».

Además, alerta de que en los márgenes del Turia hay «multitud de viviendas que fueron construidas en zonas inundables antes de que se identificaran los riesgos de estos terrenos. Hoy está prohibido hacerlo, pero esas casas y personas siguen ahí».