Las Provincias

Aishah con su hijo Mohamed en brazos, en el Hogar Provincial.
Aishah con su hijo Mohamed en brazos, en el Hogar Provincial. / Álex Domínguez

Un futuro en paz para Mohamed

  • Nace en el Hospital de Sant Joan el primer bebé de refugiados sirios que Cruz Roja trajo a la provincia de Alicante

  • La familia del pequeño huyó en 2012 de su país con sus tres hijos intentando escapar de los bombardeos en la ciudad de Oms

El 26 de septiembre, a las cuatro de la tarde, llegaba al mundo en el Hospital de San Juan Mohamed Suliman Al Nomari, el primer bebé de una familia de refugiados sirios nacido en la provincia de Alicante. A diferencia de sus tres hermanos, no conocerá el miedo a la guerra que empujó a su familia a huir de un país asolado por las bombas y los disparos.

Mohamed es el cuarto hijo de una de las tres familias que han llegado a la provincia de la mano de Cruz Roja y que se encuentran acogidas en el Hogar Provincial, dependiente de la Diputación. La historia de sus padres no es muy diferente a la de millones de sirios que han abandonado el país desde el comienzo del conflicto. Aunque, como comienza 'Ana Karenina' de Tolstói: «Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera».

Aishah Ibraim Yousef, madre de Mohamed, relata que decidieron abandonar Siria en noviembre de 2012. Vivían en la ciudad de Oms, donde su marido, ingeniero especializado en instalaciones eléctricas, trabajaba de taxista. La razón principal por la que decidieron huir fueron sus hijos. «Los bombardeos eran contínuos. Los niños salían a la calle aterrorizados. Por las calles había cadáveres, gente destrozada. Por ellos tomamos la decisión de abandonar el país», relata Aishah.

Su marido conocía a un conductor de autobús que hacía viajes al Líbano trasladando grupos de personas que huían de la guerra. Y contrató sus servicios junto a otros vecinos que también tomaron la decisión de marcharse.

«Cogimos todos nuestros ahorros y algunas pertenencias y salimos a las 5 de la madrugada hacia la frontera libanesa. Pasamos mucho miedo porque había muchísimos controles policiales y no sabíamos si conseguiríamos llegar con vida. Si nos detenían, íbamos a ser encarcelados o asesinados como les había ocurrido a otras personas. Pero el conductor sabía por dónde ir para evitar los controles. Tardamos en llegar a la frontera 24 horas cuando en condiciones normales se suelen tardar dos», cuenta con una gran serenidad.

Aishah narra que antes de llegar a la frontera se bajaron del autobús y llegaron a territorio libanés a pie para evitar el control policial. Al otro lado les esperaba el conductor para que volvieran a subir y llevarlos hasta su destino: la ciudad de Trípoli. «Durante el viaje intentaba consolar a los niños haciédoles ver que era una excursión. Y les entretenía para que no vieran por la ventanillas los edificios derrumbados y todo lo que pasaba fuera».

Pasaron tres años en Trípoli. Allí contactaron con ACNUR para tramitar su asilo político en algún país de Europa. Liga esos recuerdos a una gran sensación de frustración. «Yo cogí una depresión y los niños también estaban deprimidos. Era difícil ganarse la vida y la población nos rechazaba porque había en la ciudad muchos más sirios que libanenes». Finalmente, ACNUR les comunicó la posibilidad de trasladarse a España. Cruz Roja, dentro de su programa de acogida a personas beneficiarias de protección internacional, se hizo cargo de ellos cuando llegaron a Madrid y los trasladó Alicante.

Hace tres meses de su llegada a la provincia. Aishah afirma que se sintió aliviada por primera vez en tres años. «Aquí hemos sido muy bien recibidos. Estamos muy agradecidos, sobre todo por el trato que están recibiendo los niños. Era nuestro objetivo. Que nuestros hijos pudieran estar en un lugar donde se sintieran acogidos. Y eso lo hemos encontrado aquí. Si logran amoldarse van a sentir que éste es su país de origen, aunque necesitan tiempo».

El pequeño Mohamed, con sus 10 días de vida, duerme tranquilo en brazos de su madre ajeno a tan duro relato. Él no tendrá ningún recuerdo perturbador. Ha tenido más suerte que sus hermanos. «Mis hijos son muy conscientes de lo que han vivido. Los veo más maduros, como si tuvieran más edad. Pero al menos ya no sienten ese miedo en el que vivían constantemente. Espero que no les queden secuelas por lo que ha pasado. Todavía hoy, cuando ven a un policía, se sobresaltan y se pegan a mí. Pero están aprendiendo que aquí son de otra manera». Su hijo mayor, Mahmoud, tiene siete años. Es el que más experiencias duras recuerda porque sus hermanos tienen 5 y 4 años. Está escolarizado en el Centro Concertado Aire Libre de Alicante por su cercanía al Hogar Provincial. Cada día ve cómo dos agentes de la Policía Local regulan el tráfico para que los niños puedan cruzar sin peligro. Está aprendiendo ue en España la policía no es como la que conoció en su país. «Siento una gran gratitud hacia todos los que nos están ayudando. El colegio se ha volcado con Mahmoud y él está feliz. El otro día me dijo: 'mamá, siento que en el colegio todos me quieren'». Feras y Enas, sus otros hijos, van a la Escuela infantil del Hogar.

Aishah dice estar feliz. Pero teme al futuro y se acuerda mucho de sus padres. Se quedaron en Siria. Y, con gran dolor, afirma no saber si algún día volverán a encontrarse. «No tengo esa esperanza».