Las Provincias

Jóvenes en números rojos

Luchadores. Miquel, Alba y Borja, en un solar del polígono industrial Vara de Quart de Valencia. :: irene marsilla
Luchadores. Miquel, Alba y Borja, en un solar del polígono industrial Vara de Quart de Valencia. :: irene marsilla
  • Su renta ha caído 5.000 euros con la crisis. Camino de los 30 aún pelean por no ser mileuristas e independizarse sin emigrar

A sus 24 años Alba Martínez está a punto de acabar su grado en Publicidad y Relaciones Públicas. Y a punto también de perder la paciencia. «Estoy pensando en irme fuera, a hacer algo de voluntariado. Cuando estuve en la India, haciendo un semestre de mi carrera, conocí una ong que se llama Nepal Sonríe, que trabaja con niños, y se me quedó la espinita». La valenciana ansía realizarse como persona, al menos, ya que sus intentos por ganarse aquí la vida acaban topando con el muro de la precariedad. Ahora trabaja de becaria en una agencia de marketing. Sólo le pagan el transporte. Tiempo atrás se dejó la piel durante seis años como camarera por 30 euros la noche. Llevó las redes sociales del Festival Montgó Rock y no recibió ni un sólo céntimo a cambio. Antes se ocupó de revisar los contenidos y coordinar la labor con los blogueros en una página web de música. Su nómina, 150 euros al mes. «Sin contrato. Y en negro, claro. Todo lo que he cobrado siempre ha sido en negro».

Negro es el panorama que se dibuja para la juventud valenciana y española. La última prueba ha llegado esta semana con el informe sobre Política Social del Observatorio de Pobreza y Exclusión de la Comunitat (integrado por la Universidad Ceu-Cardenal Herrera, Cáritas y la Fundación FOESSA). El colectivo de los jóvenes ha sido el más golpeado por la crisis.

Ningún sector de la sociedad valenciana se ha empobrecido más en los últimos años. En 2007, con la construcción aún en sus cotas más altas (y los jóvenes como el segmento poblacional más empleado en este sector, aún a costa de abandonar los estudios), la renta media de los jóvenes valencianos era de 17.200 euros. En el año 2014, el último recogido por el Observatorio, la cifra se desplomó hasta los 12.000, un retroceso de casi 5.000 euros.

Borja Soria ha tenido que volver al nido. Estuvo un tiempo independizado, «pero ahora es vivir en casa de mis padres o debajo de un puente», confiesa el joven de Catarroja de 24 años. Hace dos años que acabó el grado en Comunicación Audiovisual y 1.000 euros es el techo salarial máximo que ha logrado alcanzar. «Y la mayoría en negro», lamenta el valenciano. Fue trabajando como fotógrafo en un parque acuático de Valencia. Jornada de ocho horas «todos los días, menos uno libre entre semana». Hizo sus pinitos como editor de imágenes y grabación de vídeos en 'making of' de sesiones de fotografía. A cambio, cero euros. «Comí sushi por la aportación», ironiza Borja.

Por escribirle una biografía al dueño de una página web, la recompensa de Borja fueron 60 exiguos euros. Eso en cosas 'relacionadas' con su formación. En los últimos meses se ha ganado un dinero como camarero. De una barra a otra, horas y horas de trabajo, sobre todo en festivos y por sueldos nunca superiores a 800 euros. «Con esos sueldos uno no puede ir a ningún sitio», lamenta el joven desde casa de sus padres.

22.500 euros en España

Enrique Lluch, director del Departamento de Economía y Empresa de la CEU-UCH, es el alma del estudio del Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión. «El salario medio de los jóvenes siempre es menor que el de otras edades, es algo normal aun en épocas de bonanza. Pero los salarios medios de la Comunitat son inferiores a la media española», subraya el experto. La brecha salarial de los jóvenes es notable en la Comunitat. Los 12.000 euros de renta media que el estudio establece para los menores de 30 años es una limosna frente a los algo más de 20.000 euros de sueldo medio que la Encuesta de Estructura Salarial fija para 2014. La comparación resulta aún más miserable al equipararlo con los casi 22.500 euros de salario de un trabajador medio en España.

En ganas de emprender a Miquel Gil (26 años) nadie le gana. En éxito y prosperidad económica acaba chocándose contra el mismo muro que el resto de jóvenes de su edad. Aunque él ha logrado un techo que para muchos de sus coetáneos es un sueño: 1.900 euros limpios. El 'truco' está en el dónde: fue trabajando de encargado de una panadería en Londres. Con un título de Formación Profesional en Ventas y Marketing y certificados en marketing online, 'e-commerce' o Google Adwords, Miquel ha tocado casi todos los palos profesionales. Ha trabajado en tiendas de telefonía, como comercial y como reparador de 'smartphones' y 'tablets'.

El joven valenciano superó el mileurismo con 1.100 euros de sueldo, pero notó el distinto rasero con el que se trata a los de su edad. «No te miran igual por no tener experiencia y los clientes se toman más en serio a gente de 30 o 40 años, con lo que me era imposible llegar a objetivos».

«Cuanta menor formación se tiene, mayores tasas de desempleo», explica el director de Economía y Empresa de la Universidad CEU Cardenal Herrera. El dicho de 'estudia, que algo queda' con el que los padres 'martirizan' a sus hijos acaba pareciendo una reflexión acertada. Y dos de los gráficos situados bajo estas líneas atestiguan que el problema es acuciante en la Comunitat : uno de cada cinco jóvenes de 18 a 24 años ni siquiera ha completado la segunda etapa de la ESO, un porcentaje por encima de la media española y que dobla la tasa de la Unión Europea. Idéntica proporción preocupante es la que existe de jóvenes 'ninis' (que ni estudian ni trabajan): uno de cada cinco pasan 'los lunes al sol', una proporción del 20%, muy por encima del 14% que existe de tasa en Europa.

Éxodo de licenciados

Alba Martínez prueba ahora suerte mejorando su formación con un curso de marketing online. Su idea de embarcarse en una ong en India o Nepal no es el único proyecto con el que sueña más allá de nuestras fronteras. «Mi idea es irme fuera. A Inglaterra quizás no, porque ahora están mirando cada extranjero que hay en cualquier empresa, lo cual me parece un poco xenófobo, pero a algún otro país seguro».

El éxodo de jóvenes no cesa a pesar de haber decrecido en los últimos años. Más de un millar de valencianos habían presentado este verano una solicitud para irse de canguros al extranjero, a través de una plataforma como Aupair world, a países como Reino Unido, Francia, Irlanda o Estados Unidos, como ya publicó LAS PROVINCIAS. Este año se ha publicado también por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE), por primera vez, un estudio sobre la 'movilidad exterior' de los universitarios, y los estudiantes de la Comunitat figuraban a la cabeza entre las regiones con más titulados en otros países. Por especialidades, casi uno de cada cuatro licenciados en audiovisuales valencianos estaban empleados fuera de España. Les seguían los arquitectos (21%), los titulados en Humanidades (19,4%), los veterinarios (19,3%) y los que cursaron ingenierías o estudios afines (18,8%). En el otro extremo de la clasificación se situaron los estudios relacionados con el magisterio y los de Medicina, con todos trabajando en España, según el INE.

Siete entrevistas en 15 días

En 2012 Miquel Gil montó su propia empresa, una web de turismo, pero tras tiranteces con su socio y comprobar que jornadas de 14 horas diarias le daban para apenas 1.000 euros, su proyecto quedó aparcado. Dio el salto a Inglaterra para aprender inglés en Londres. El dueño de un hotel lo echó a la calle por su bajo nivel del idioma, pero su perseverancia le sirvió para trabajar de lavaplatos y rozar los 2.000 euros como encargado de una panadería.

La conexión con su trabajo regresó en su vuelta a España, al ser contratado de nuevo como comercial y técnico en una empresa de reparación de móviles. No tardó en darse de nuevo de bruces con la cruda realidad. «Hubo un ERE, dejaron de pagar y hoy me deben dos nóminas y media». Hoy ha vuelto a la calle. A patearse las empresas y a echar currículos. Al menos en su conclusión hay una sensación de que algo está cambiando. O por lo menos mejorando. «En dos semanas habré hecho siete entrevistas de trabajo», subraya con entusiasmo.

También para Borja Soria parece que la suerte vaya a varias. Un día después de hablar con este periódico recibe una llamada del último local en el que trabajaba de camarero. «Estaba haciendo extras desde hace una semana en un bar de Torrent y me han dicho de contratarme. Me pagarían 1.200 euros», cuenta el joven con esperanza en la voz. Sabe que tendrá que trabajar de lunes a sábado, echar no menos de ocho horas al día, «estar yo sólo, hacer los bocadillos, servir las mesas...», pero es consciente de la parte más que positiva: «Nunca había tenido este trato ni me había pasado eso, estar de extra y que me ofrecieran un contrato». El negro panorama para la juventud que pintan la cifras parece que empieza a clarear.