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El bajo nivel de los embalses impide a hidroaviones repostar

El bajo nivel de los embalses impide a hidroaviones repostar
  • Las aeronaves no pueden recargar agua en siete de los once pantanos usados en extinción de incendios

Cualquier piloto de hidroavión sabe que para repostar en un embalse con seguridad necesita una lámina de agua de un kilómetro y, al menos, dos metros de profundidad. Desde hace ya algunos meses, esos requisitos mínimos están fallando en buena parte de los pantanos de la Comunitat Valenciana, convertidos en meros charcos o desiertos de troncos y sedimentos por culpa de la sequía.

La situación actual es que siete de los once embalses de la Comunitat que han sido utilizados tradicionalmente como punto de recarga ante incendios forestales han quedado ya fuera de disponibilidad por la escasa cantidad de agua embalsada. Se trata de Guadalest, Benarrés, Contreras, Bellús, Loriguilla, Buseo, y Regajo, según ha podido saber este diario a través de los equipos de extinción consultados.

«Recargar agua para un incendio forestal no es una tarea sencilla, como tampoco lo es arrojarla», reconocen quienes se dedican a este cometido. Hace falta «pericia, experiencia y un buen conocimiento del terreno». Cualquier embalse no vale para repostar, pues la orografía del terreno también influye.

A grandes rasgos, sólo son operables aquellos con zonas libres para la aproximación y recuperación de altura y con una profundidad razonable. Los pantanos suelen albergar en su fondo restos rocosos, troncos y hasta antiguas construcciones. Si el nivel es muy bajo, cualquiera de estos elementos podría engancharse con la panza del hidroavión en el momento de la recarga y causar un accidente.

A 140 kilómetros por hora

Un detalle basta para comprender el riesgo: «En el momento de vuelo a ras del agua para la recarga el hidroavión vuela a unos 140 kilómetros por hora. Si algo robusto se interpone en el avance de la aeronave, el vehículo puede estrellarse o desestabilizarse». El problema está afectando de manera especial a las aeronaves anfibias, tanto las autonómicas como estatales. En concreto a los Airtractor 802 Fireboss o los Candair 415.

Los helicópteros no tienen tanto problema, pues su carga con la bolsa o helibalde es vertical y no requiere un vuelo rasante. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los hidroaviones tienen una capacidad de almacenar agua mucho mayor que los helicópteros: unos 3.000 litros por recarga frente a 800.

Según fuentes de Emergencias, los problemas más recientes por esta cuestión se produjeron con los fuegos de La Marina a principios del mes pasado. Los pantanos de Beniarrés y Guadalest, con menos de dos hectómetros cúbicos de agua almacenados, no fueron de ayuda para las aeronaves, que tuvieron que volar hasta el mar para efectuar las necesarias recargas.

La consecuencia más directa en caso de un fuego cerca de alguno de los embalses afectados es la de los retrasos. La Comunitat dispone de dos aviones anfibios en temporada de máximo riesgo de incendios forestales. Pero si el fuego lo requiere pueden intervenir otras aeronaves de características similares de competencia estatal.

Todas ellas pueden abastecerse en sus bases, pero tienen la ventaja de aprovechar las acumulaciones de agua en el terreno, ya sean los embalses o el mar, para trasladar agua en sus depósitos. Eso convierte a los hidroaviones de tipo anfibio en los vehículos con más capacidad de ataque al fuego desde el aire, tanto por su mayor poder de carga como por disponer de más puntos de abastecimiento.

Cuestión de segundos

Si esas zonas se reducen, como está sucediendo, la única alternativa es buscar otro embalse más alejado del fuego que sí tenga agua suficiente, un repostaje en su base o acudir al mar. Un abastecimiento de agua en los aeródromos puede suponer unos siete minutos de tardanza, de ahí la ventaja de los pantanos, en los que la recarga es cuestión de segundos.

De la red autonómica de embalses disponibles para el uso de hidroaviones se salvan, por el momento, los pantanos de Alarcón, Benagéber, Sichar y Arenós. Otra cuestión que preocupa a los expertos de extinción consultados es que precisamente las zonas con los embalses más vacíos son aquellas en las que ha llovido menos. Por tanto, sus terrenos forestales próximos están más secos. Y esto influye directamente en el mayor riesgo de incendio y más velocidad de propagación.