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El reo abandona la Audiencia Provincial, ayer. / Aex Domínguez

Confiesa que desfalcó 203.255 euros de la cuenta de un juzgado de Dénia

  • El funcionario asegura que lo hacía por orden de la secretaria judicial y que engañó a los receptores del dinero, quienes se quedaban una comisión

Antes de las andanzas del pequeño Nicolás, la provincia contaba ya con un personaje cuyos tejemanejes le permitieron vaciar la cuenta de depósitos y consignaciones del Juzgado de Primera Instancia 1 de Dénia. Así lo confesó ayer el principal acusado de sustraer 203.255 euros al Ministerio de Justicia, Vicente Andrés G.E., mediante la ordenación de mandamientos judiciales a terceras personas. Sobre estos últimos (amigos y familiares) el funcionario interino procesado dijo haberlos «engañado» para que, con sus datos, él se hiciera con el dinero y a cambio les daba una comisión. Se aprovechó de las dificultades económicas de estos supuestos testaferros a los que convenció tras hacerse pasar por el chófer de un ministro e incluso por espía.

La Fiscalía sostiene que el empleado público tejió una trama para ordenar entre mayo de 2010 y noviembre de 2011 hasta 40 mandamientos judiciales para ocho personas y una mercantil de la que era socio. Para ello, supuestamente tuvo que hacerse con las contraseñas de la cuenta del juzgado y falsificar la firma de la letrada de la Administración de Justicia (anteriores secretarios). Sin duda, unas argucias llevadas a cabo gracias a su puesto como tramitador en el órgano judicial, según el Ministerio Público.

Decía ser espía del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) del Ejército o chófer del ministro de Sanidad, según explicaron el resto de acusados. Ello, unido a que procede de una familia conocida en Dénia y la amistad que compartía con unos coacusados ahogados por las deudas, habría sido suficiente para involucrarlos en su negocio. Ayer los exoneró a todos. «Les engañé para cobrar los mandamientos», afirmó rotundo.

Sin embargo, el reo modificó la versión ofrecida durante la instrucción del caso. En 2011, Vicente Andrés G.E. confesó haber actuado solo. «Actué sin conocimiento de otro funcionario, la secretaria y el magistrado», rezaba su declaración. En cambio, ayer implicó a la letrada de la Administración de Justicia del juzgado afectado y a otro funcionario de mayor rango. «Ella -la secretaria- ordenaba los mandamientos y luego hacía las particiones -del dinero-», dijo durante su interrogatorio.

El representante del fiscal, quien le recordó que la letrada de la Administración fue precisamente quien denunció los hechos, reclama para él una pena de seis años entre rejas. El procesado insistió en su versión, detallando incluso que la responsable del juzgado era quien le propuso que buscara gente a quien transferir el dinero. Para el resto de procesados, la acusación pública solicita penas de cárcel que van desde los dos hasta los cinco años, así como multas económicas.

La mecánica que describió el estafador confeso consistía en que localizaba a personas perseguidas por las deudas. Estos conocían de su actividad en el juzgado o de los demás cargos que decía ocupar, como el del CNI. Así, el funcionario les entregaba los mandamientos con el dinero a cobrar y los acompañaba a la sucursal del banco correspondiente para quedarse con la mayoría del montante. «Le pedí que me hiciera un préstamo y pensé que era legal», declaró uno de los coacusados.

Dinero para chivatos

Uno de estos ocupantes de la bancada de los acusados relató al tribunal de la Sección Décima que participó de su engaño para acceder a un puesto del CNI, tal y como el encausado le aseguró. Para ello, hasta acudió a un curso en Madrid repleto de mandos del Ejército. «Hasta el director del CNI se encontraba allí», señaló. «Le creí, un día me dijo que nos íbamos a citar con un conseller y este apareció», agregó. Mientras, otro imputado que le ayudó a desfalcar alrededor de 100.000 euros, y de los que se quedó cerca de un 10%, pensaba que «recibía dinero de la cuenta de la Policía para los chivatos», por lo que «me podían llamar para que les contara cosas».