Las Provincias

«La ley de cualquier tribu es más justa»

Alberto y Noelia, en casa de unos familiares.
Alberto y Noelia, en casa de unos familiares. / DAMIÁN TORRES
  • Alberto Bordes, el padre del niño que estaba acogido en Sueca, critica los fallos del sistema en una misiva

  • «Con una legislación kafkiana y un poder judicial que se desentiende del interés del menor,el resultado nopuede ser otro»

La esperanza en casa de Alberto Bordes y Noelia Estornell se ha instalado de dos maneras. Una radica en que el Tribunal Supremo les de la razón en el recurso presentado ante la anulación del acogimiento preadoptivo y permita el regreso de Joan a su casa. Y el otro motivo de ánimo, más allá de lo que diga la justicia, se fundamenta en el acercamiento que esta semana se ha producido con la hasta ahora distante madre biológica, María José Abeng, y las negociaciones entre los abogados mutuos para que el niño no pierda el contacto con ninguno de los dos hogares diga lo que diga el Supremo.

Pero en el alma de Alberto duele aún un sentimiento que su mujer manifestó con rotunda claridad esta semana: «El sistema ha fallado. Aquí todos somos víctimas: el niño, nosotros y la madre biológica». Alberto coincide en el sentir, como demuestra en una carta abierta que hizo llegar a LAS PROVINCIAS. «¿Adoptar en España? En cualquier tribu centro-africana tienen leyes más justas y las aplican mejor que en España», es su severo comienzo.

Alberto no puede estar más de acuerdo con su esposa acerca del estruendoso despropósito del sistema: «Alguien no ha hecho las cosas bien, pero no somos nosotros como familia adoptiva y mucho menos nuestro hijo que acaba de cumplir cuatro años. Cuando se junta una legislación absurda y kafkiana en materia de adopción, una administración pública que no está preparada y un poder judicial que se desentiende de aquello de lo que tanto alardean (la prioridad es el bienestar del menor), el resultado no puede ser otro».

El padre adoptivo no olvida la epopeya vivida para ‘adoptar’ a Joan, pese al torcido final. «Habiendo pasado muchos años esperando adoptar en China, nos dijeron que podríamos abrir la puerta de la adopción nacional. Decidimos hacerlo y volvimos a pasar todos los procesos de idoneidad hasta que nos consideraron aptos para nacional, que curiosamente no es lo mismo que ser apto para la adopción internacional. Nos llamaron para una propuesta de adopción de un niño de Oviedo. Viajamos a Asturias para que nos realizaran una nueva valoración. Ya somos tres veces idóneos... A la semana nos llamaron desde Oviedo para decirnos que nos habían escogido entre otras tres familias. Joan por fin llegó a nuestras vidas. Pasamos en Oviedo un proceso de adaptación. Joan vino a Valencia cuando tenía sólo 18 meses y rápidamente se integró. Familia, amigos, colegio. Entró en nuestras vidas para quedarse con nosotros para SIEMPRE».

Su convencimiento les llevó a dejar de lado la vía de acoger a un niño chino. «Llegó el momento de renovar la documentación para la adopción internacional, pero renunciamos a ella, porque nuestro hijo ya estaba con nosotros. Nadie podía imaginar el infierno que nos depararía el destino».