Las Provincias

El colapso de las adopciones

El colapso de las adopciones
  • La Comunitat registra el mayor retraso de España para acoger a un niño. Casi 3.000 familias esperan hasta 10 años para lograr su sueño

Claro que hay inquietud por el caso de Joan. ¿Me puede pasar a mí? Esa es la pregunta que se hacen algunas familias que nos llaman. Lo normal es que la preadopción siga adelante y no pase nada. Pero dramas como este te meten el miedo en el cuerpo». Ruth Martínez, fundadora de la asociación Adoptants, que engloba a más de un centenar de hogares de la Comunitat en fase de acogida o con un niño ya adoptado, reconoce que la trágica ida y vuelta consumada esta semana del pequeño de cuatro años desde su casa de preadopción en Sueca, su hogar durante tres años, hasta los brazos de su madre biológica ha sembrado la inquietud entre las familias que hoy en día dan techo a un niño, que anhelan culminar la adopción pero que aún no tienen el proceso culminado.

«En absoluto, no debe haber ninguna inquietud. Todas las administraciones tenemos fallos, pero este caso es absolutamente insólito. Es insólito que se tarde tanto tiempo y tremendamente injusto que un niño pase tantos años en esta situación de indefinición». Es la respuesta ante los nervios de las familias por parte de la directora general de la Infancia y la Adolescencia de la Generalitat, Rosa Molero. «Las familias pueden estar tranquilas», añade.

Pero lo cierto es que el drama vivido por Joan, por sus padres de preadopción y por su madre biológica se ha añadido como una montaña más que superar, aunque sea psicológica, en la cordillera de dificultades que afrontan todos aquellos que optan por convertirse en padres mediante una adopción. «Esta semana, cientos de personas han llamado a la Consejería de Servicios Sociales, aterrados porque les puedan quitar a sus niños. No es lo normal, pero siempre que existe acogimiento preadoptivo, puede pasar lo que ha ocurrido con Joan», subraya Enrique Vila, abogado de la pareja de acogimiento del pequeño de Sueca. «Es necesario cambiar la ley para que un niño no pase a manos de la familia preadoptiva hasta que el proceso judicial sea firme y no haya marcha atrás», añade el letrado.

En la Comunitat Valenciana hay 145 familias de acogimiento preadoptivo (ahora llamadas de 'guarda con fines de adopción'): 96 en Valencia, 33 en Alicante y 16 en Castellón, según datos de la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas. Pero el espectro existente de aspirantes a convertirse en padre o madre de adopción se dispara al contemplar el atasco que existe en el sistema. «La adopción nacional está colapsada, sobre todo en la Comunitat Valenciana, que es donde más atasco existe», asegura Ruth Martínez. La directora general de Infancia y Adolescencia reconoce que hay «mucho por hacer». Acepta la falta de personal, psicólogos y equipos encargados de evaluar a las familias.

Rosa Molero habla de unos ocho años para culminar una adopción. Las estadísticas son más reveladoras. Basta echar un vistazo a la lista de la conselleria con las familias valencianas pendientes de recibir el certificado de idoneidad, el papel necesario para convertirse en candidatos a la posterior asignación de un niño. Un total de 2.527 familias a las que ni siquiera se ha realizado aún el examen psicosocial. Y muchas de ellas, a la espera desde 2006. Una década de impaciencia. A ello hay que sumarle otras 170 personas ya con este certificado pero sin menor asignado. Y el atasco aumenta día a día. Cada año, la Comunitat registra 250 solicitudes de adopción nacional. Y por auto se conceden 80. Apenas una de cada tres expectativas queda cumplida.

«Nuestra petición es que se suspenda la recepción de nuevas solicitudes de adopción hasta que se resuelva el atasco existente. Es inhumano tener a las personas así, a la espera de un certificado o una llamada por el sueño de ser padres. El que ha presentado los papeles este año o hace poco, no es consciente de que quizás no logre adoptar nunca». La directora general pone sobre la mesa otro mal que se ha extendido y que pervierte el sentido en este caso de los acogimientos, la figura escogida para que menores cuya tutela está temporalmente en manos del Consell pasen un tiempo en un buen ambiente a la espera de constatar si pueden regresar con sus padres o familias. «El 80% de los acogimientos se han transformado en permanentes, y esto es algo que tenemos que arreglar», subraya Molero, en aras a lograr que efectivamente el acogimiento se convierta en algo transitorio hasta el regreso del menor a su entorno o su posible adopción.

La falta de personal que la conselleria reconoce es calificado desde la asociación Adoptants como «brutal». Más necesidad de psicólogos, «falta de personal en los centros de menores, falta de personal para controlar cuánto tiempo pasan los niños en las familias de acogida»... O escasez de personal «en el departamento de orígenes de la conselleria, el encargado de gestionar el derecho de todo niño a saber de dónde viene o cuál es su origen, que hace que la respuesta se demore hasta un año».

En cualquier caso, la posibilidad de que se repita un caso como el de Sueca es mínima. La directora general insiste mucho en ello. «Es insólito», repite en muchos fragmentos de la conversación. Sus dudas acerca de si en el caso de Joan se ha seguido el mejor camino son palpables. «Debe siempre mandar el interés superior del menor. Ni un juez, ni un equipo psicosocial ni la administración pueden hacer lo que quieran, sino seguir siempre la práctica más satisfactoria con el niño. Incluso la ley marca que debe ser siempre escuchado y tenido en cuenta, si puede hacerlo, sea cual sea su edad», subraya Rosa Molero.

«Es insólito», repite la responsable autonómica. Recuerda que un niño no entra en el sistema de adopción hasta que previamente no se ha estudiado «convenientemente su entorno y descartado que en su familia extensa no exista alguien que pueda hacerse cargo de él». Si no, se corre el peligro de incurrir en lo que Molero destacaba hace unos días en LAS PROVINCIAS: «Es una enorme barbaridad no haber facilitado un periodo de adaptación. En la memoria traumática del niño esto va a recordarlo como si fuera un abandono, es algo que lo va a marcar de adulto».