Las Provincias

Ontinyent, cuna mundial de las mantas

La fábrica de Paduana, a mediados del siglo XX.:: Juan Caparrós
La fábrica de Paduana, a mediados del siglo XX.:: Juan Caparrós
  • La capital de la Vall d'Albaida lideró en la década de 1970 la fabricación de estos textiles

Mantas Paduana, noches de confort». «Mantas Mora son de abrigo». «Mantas VS, calor que no pesa» y «Manterol, calor noble». Seguro que muchos aún recuerdan alguno de estos eslóganes publicitarios que aparecían en la televisión, cuando sólo había dos canales. Y que no hacen sino confirmar la importancia que llegó a adquirir la industria textil en Ontinyent a partir de 1960.

A principios del siglo XX empieza a tejerse en el municipio una industria textil que le llevará a alcanzar fama mundial. En 1904 LAS PROVINCIAS ya hablaba de la ciudad como «una de nuestras principales regiones vinícolas y sus caldos son reputados como de los mejores y á la sombra de su riqueza agrícola comienza á despertar la industria, la cual no ha de tardar en obtener gran florecimiento». Y así fue.

El gran desarrollo de Ontinyent empieza a fraguarse en 1917, coincidiendo con la Primera Guerra Mundial y aprovechando la excelente oportunidad exportadora del nuevo mercado que ofrecían los países beligerantes. La introducción de telares mecánicos y la abundancia de mano de obra hacen el resto. «En 1935 la industria textil ya ocupa a un millar de trabajadores. Junto a ellos, 300 mujeres más que confeccionan mallas y cubres. Aparecen diversas fábricas de un importante volumen. En los años 30 la empresa Tortosa y Delgado, y Joaquín Torro, ambas con más de 300 empleados, y Paduana, 120», detalla el cronista de la ciudad, Alfred Bernabeu.

La Guerra Civil también supone un impulso para esta industria al crecer la demanda del ejército republicano y las milicias. Tras el conflicto bélico, la economía de guerra también favorece la inversión en nuevas fábricas y la expansión en los 50, debido a la autarquía y el aislamiento exterior. La demanda de mantas del mercado nacional era un valor seguro.

En 1950 el negocio ocupa a más de la mitad de la población activa. «En aquellos años culmina en Ontinyent la transición de una sociedad agraria a otra industrial. Antes de que se iniciara el desarrollismo español de los 60, el municipio ya era una ciudad industrial», asevera Bernabeu. En esta década se producen algunos cambios en los tintes y en los acabados y se introduce la manta 'jacquard', que supone un importante avance en la calidad.

El salto definitivo llega en los 60. La industria de la capital de la Vall d'Albaida sigue prosperando. «Mejora la gestión de las empresas en todas las áreas de proceso de producción, desde la logística hasta la venta. Además, se incorpora la fibra sintética, lo que revoluciona el colorido», explica el presidente de la Confederación Empresarial de la Vall d'Albaida (Coeval), Rafael Pla. Al calor de este auge surgen barrios nuevos, como los de Sant Josep y Sant Rafel. Ontinyent pasa de tener 14.689 habitantes en 1950 a superar, tres décadas más tarde, los 28.000.

El 17 de marzo de 1965 el todavía príncipe Juan Carlos visita las instalaciones de la factoría Paduana, buque insignia de la industria textil en la localidad. Realmente fue el conde de Barcelona, Juan de Borbón, quien se comprometió en Estoril con los fundadores de la fábrica a visitarla. Finalmente, él no pudo hacerlo pero sí su hijo.

Algunas de las claves que han llevado a Ontinyent a ser núcleo referente de la producción de mantas ha sido, para el presidente de Coeval, «la innovación y la inversión que se ha hecho en cada momento».

En los 70 y los 80 llegan los anuncios en televisión de las principales fábricas de mantas de Ontinyent, lo que supone un mayor impacto. El negocio se estabiliza. «Hay una mayor profesionalización y se abren sucursales en Emiratos Árabes, Europa y Latinoamérica», detalla Pla.

Tras la crisis generalizada del textil, la coyuntura económica de España en los últimos años ha supuesto un nuevo varapalo. Esta reciente crisis se ha llevado por delante la mitad de las empresas dedicadas a este sector en Ontinyent. «Las que quedan han sabido reinventarse. Son más pequeñas pero también más ágiles y dinámicas. Esto ocurre en toda la Vall d'Albaida», matiza Pla. Uno de los puntos fuertes de la ciudad es su buen posicionamiento con respecto a los puertos y aeropuertos de Valencia y Alicante. Aunque las empresas auxiliares, las especializadas en maquinaria, las de automoción, de vidrio y de tratamiento de residuos, entre otras, van cobrando fuerza, la prolífera industria textil sigue siendo importante en Ontinyent y mantiene, junto al resto de la comarca, su tradición industrial.