Las Provincias

Cuatro siglos del aroma más intenso de Bétera

Las obreras de 1930, junto a las albahacas. :: Bibl.Valenciana Nicolau Primitiu/Lazaro Bayarri
Las obreras de 1930, junto a las albahacas. :: Bibl.Valenciana Nicolau Primitiu/Lazaro Bayarri
  • La fiesta de les Alfàbegues se mantiene intacta desde sus orígenes, al menos en 1610, y apenas han variado algunos elementos

El inconfundible aroma de la albahaca impregna Bétera cada 15 de agosto desde hace siglos. Y con esta gigantesca planta como eje de la fiesta de les Alfàbegues, cada año se despliega un abanico de rituales como 'la rodà', 'la volteta' y 'la rodaeta i el peuet' que siguen casi intactos desde tiempos inmemoriales. Apenas han cambiado algunos detalles de esta celebración. Así ha evolucionado una festividad que parece remontarse a principios de 1600.

Los primeros documentos escritos que describen la celebración de la Mare de Déu datan de finales del siglo XIX. Como la crónica de LAS PROVINCIAS del 14 de agosto de 1891, que ya apunta a la importancia de la altura que alcanzan las plantas y que hoy es uno de los principales objetivos de los festeros: superar los 2,86 metros logrados en 2012. «Las muchachas devotas de la Virgen se desviven por criar albahacas muy grandes y pomposas, abonándolas y regándolas con particular cuidado, para obtener ejemplares magníficos, que llevan á la iglesia y sirven de adorno á la Asunta. Hay albahacas de metro y medio de altura».

Uno de los pocos cambios que ha experimentado la festividad en honor a la Virgen de la Asunción se da ya en el siglo XX, en la década de los 70. Hasta entonces, tal y como recoge el citado artículo de LAS PROVINCIAS, son las obreras las encargadas de cultivar la albahaca. Era una forma de demostrar su capacidad de sacrificio para hacer crecer la planta. Para ello utilizaban métodos tradicionales como el riego de agua de carne puesta a remojo y el agua de romero. Pero la incorporación de la mujer al mundo laboral a partir de 1970, hace que el cultivo pase a manos de profesionales. Primero se encargó de mimarlas Manolo 'el Morquero'. Hoy es Ramón Asensi quien las cuida.

Evolución del vestido

El traje de las obreras también ha ido cambiando con el paso de los años. «Por las imágenes que conservamos podemos ver cómo ha variado el largo del tradicional vestido de huertana valenciana del siglo XVIII. En los años 40 y 50 llegaba hasta bajo de las rodillas y hoy en día casi hasta los pies», señala Asensi. Además, a finales del siglo XIX y principios del XX la vestimenta del día de la ofrenda «era también el que usaban para casarse por lo que era más blanco y de tejidos como la seda. Y, en ocasiones, unas obreras se los dejaban a las de años posteriores», añade. Nada que ver con la actualidad. Hoy el traje es exclusivo para las fiestas.

Lo que no ha variado es la gran expectación que levanta esta indumentaria. Durante la rodà, el público que se concentra a ambos lados de la calle, pide a la obrera una 'volteta' para no perderse detalle del traje. Esta tradicional acción termina con un ceremonioso movimiento del pie hacia delante para que se puedan observar hasta los zapatos. Después, se le requiere que dé una 'rodaeta i el peuet'.

El tipo de ofrenda de las plantas es la otra variación sustancial de la fiesta. «Hasta los años 30 y 40, junto a las albahacas se sacaban las perpetuas y los 'formentets', macetas sembradas con cebada y cultivadas en la oscuridad. Pero el año pasado recuperamos esta tradición. Bétera es el único pueblo en el que se ofrendan las tres plantas», resalta orgulloso Asensi.

La celebración de les Alfàbegues sólo se ha visto interrumpida durante la Guerra Civil. Incluso en los años en los que las plagas y riadas habían destruido la cosecha, algunos vecinos del pueblo que habían logrado cultivarlas las ofrecían para que salieran en la ofrenda. Así, la procesión a la Virgen de la Asunción se ha celebrado prácticamente cada agosto durante siglos. «La devoción por la Virgen estuvo muy extendida por los territorios valencianos y mallorquines tras la Reconquista. Podemos pensar que en Bétera se celebraba ya alguna ofrenda pero no es hasta 1610 con la Carta Puebla y segunda repoblación cuando encontramos pruebas», explica Asensi.

El actual cuidador de las albahacas argumenta que los cerca de 150 cristianos que quedaron entonces en Bétera ya honraban a la Virgen, «una veneración que viene de Jaume I, quien era devoto de la Mare de Déu y que manda consagrar a la Virgen las mezquitas arrebatadas». Asensi sostiene que la iglesia de la Purísima estuvo consagrada a la Asunción entre 1670 y 1756, «lo que evidencia que ya se celebraba alguna festividad el 15 de agosto». Además, en el Archivo Nacional han encontrado un documento de 1771 en el que se hace una relación de las cofradías y sus gastos y donde aparece la dedicada a la Mare de Déu. En pleno siglo XXI esta arraigada festividad sigue desprendiendo su intenso olor cada 15 de agosto.