Las Provincias
Aprendices en la Escuela de Cerámica de Manises en 1954, en la época de mayor auge.
Aprendices en la Escuela de Cerámica de Manises en 1954, en la época de mayor auge. / LP

La cerámica de Manises y sus más de 300 fábricas

  • La loza medieval procede de la alfarería romana y toma identidad propia en época musulmana, antes de la cabalgata datada en 1664

La vinculación de Manises y el arte e industria de la cerámica va más allá de los últimos 150 años. Sus alfareros ya eran reconocidos en época romana, pero fue el periodo islámico el que le dotó de personalidad propia. Se sabe que en el siglo XIV eran apreciadas por nobles y papas las «piezas de loza medieval valenciana», de tres tipos: azul; de reflejo metálico, y verde y morada. La tradición, no obstante, también arraigaba en el pueblo.

José Luis de Tomás, cronista oficial de esta población de l'Horta al sur del río Turia, recuerda que está datada la cabalgata de la cerámica en 1664, cuando el archivo parroquial de San Juan Bautista hace ya referencia a la fiesta dedicada a las Santas Justa y Rufina.

Existen testimonios gráficos de la tradicional cabalgata del 18 de julio en 1908, con carros y carrozas tirados por entre una y seis hacas. En 1912, LAS PROVINCIAS informaba de que en la festividad participaron «más de 18 carruajes de distintas formas y una porción de grupas elegantemente vestidas».

La tradición se convirtió en motor económico. Hacia el año 1892, cuando Manises contaba con una población e 3.511 personas, ya contaba con un total de 56 fábricas de cerámica, entre las que predominaban las de loza vidriada esmaltada (38) y de azulejos esmaltados (12), según un estudio realizado por Rafael Valls David, ingeniero manisero e impulsor del ferrocarril entre Valencia y Llíria.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el sector cerámico no creció de manera muy notable, según los datos recopilados por el archivero municipal, Vicente Masó, para el estudio 'Antropología y crónica de la cerámica de Manises' de José M.ª Hurtado Ríos y otros autores. Masó, a partir de los registros de matrícula industrial (una especie de impuesto de actividades económicas, IAE), cifra en 68 las fábricas existentes en el año 1940.

Sin embargo, en el año 1950 ya se ha producido una proliferación en el número de fábricas de cerámica y auxiliares, que pasan a ser 305; es decir, más del cuadruple que una década antes. Predominan las 132 de «loza entrefina blanca o pintada».

A partir de ahí se producen varios altibajos porque los datos recogen 254 empresas en 1960 que pasan a ser 170 en el año 1970. La cifra vuelve a aumentar hasta las 244 del año 1980. El tipo de fábrica mayoritaria es el de objetos de cerámica de adorno (54), seguido por el de loza ordinaria (44), loza entrefina (41) y loza fina (23).

José Luis de Tomás destaca que afortunadamente se han podido conservar esos datos, a pesar de que en la Guerra Civil «quemaron el archivo municipal y casi el de la Iglesia». Según sus cálculos, actualmente hay «alrededor de 30 fábricas. Se trata de empresas pequeñas, familiares, de dos o tres personas» .