
El solar estaba junto al mar. De hecho a la plaza de Gabriel Miró se la conocía como plaza de las Barcas, porque entonces aquello fue un amarre de las barcas del puerto que salían a pescar.
Posteriormente en el siglo XV, se edificó un depósito de sal, después fue la cárcel, hasta que finalmente pasó a la barriada de Benalúa. Cuando ya estaba en ruinas, se instaló uno de los primeros teatros de verano de la ciudad. Años después, tras una reforma, se convirtió en un salón de cine y varietes, con el nombre de Cine-Sport.
Con el paso de los años fue abandonado, y los dueños lo vendieron al Estado, que lo convirtió en la sede de Correos y Telégrafos. Fue en 1916, tras ser aprobado el concurso que convocó el director general de Correos, José Francos Rodríguez, que fue diputado a Cortes por la ciudad de Alicante. El proyecto ganador fue el que realizó el arquitecto madrileño Luis Ferrero Llusia. La primera piedra se colocó el 20 de mayo de 1917. El contratista que llevó la obra a buen fin fue Tesifonte García, que donó la paleta de la colocación de la primera piedra aJosé Francos Rodríguez. El coste de las obras fue aproximadamente de 250.990 pesetas.
El edificio fue inaugurado en 1920, pero extraoficialmente, ya que la anterior oficina existente entonces en el Paseo de Méndez Núñez, estaba en plena ruina, y podía derrumbarse, por lo que se hizóo el traslado antes de que hubiese que lamentar alguna desgracia.
La descripción del nuevo edificio de Correos, que se daba en aquella época era la siguiente: Está situado en la plaza de Isabel II -hoy Gabriel Miró- tiene dos fachadas más corresponden a la calle de San Fernando y a la calle de Valverde. Es un edificio de estilo español del siglo XV. Tiene un remate en la parte de la fachada principal de dos torres airosas.
El mismo día de su inauguración no oficial se instalaban dos buzones en la parte de la calle San Fernando. Son los mismos que durante décadas estuvieron abiertos las 24 horas del día. Antes de la aparición de los buzones, primero grises con la bandera española y finalmente amarillos, estos dos buzones constituyeron un lugar común para echar las cartas, de manera especial para los auxiliares administrativos, celadores y aprendizajes que tenían como misión enviar el correo. Con el tiempo, tras la apertura de la sede junto a la Estación de Madrid, los buzones de la avenida de Salamanca se utilizaron para los envíos de última hora, para llegar al tren correo.




